Y lo peor... es que esa vez es ahora, casi sin encontrar parangones en la historia. Porque se supone que los «modernos» habían aprendido las lecciones. Que contaban con más preparación e instrumentos para demostrar inmediatas y sensatas reacciones frente a problemáticas de ciclos económicos en su zona más baja. Y la semana transcurrida solamente volvió a demostrar la carencia de tales ideas eficaces y, más que eso, capaces de ser creíbles por las comunidades ciudadanas y los propios operadores de mercados. La pregunta más aterradora es ahora: ¿qué nueva carta fuerte pueden secar de la manga los europeos, después de la jugada fallida de anunciar un «tapizado» de euros para ser garantía de los países? Y, probablemente, haga bastante tiempo que no se enfrente un lunes cargado de tanta adrenalina, como el que deberá apurarse hoy y a sabiendas del final del viernes.
Última rueda con todos nuevamente cuerpo a tierra, haciendo un curioso anverso y reverso entre las dos puntas de la semana. Recordemos cómo arrancó pleno de euforias el primer trayecto del período, donde aquí mismo se viera un fastuoso repunte del 7%. Para llegar a viernes, después de no pocos saltos acrobáticos, donde el Merval culminó perdiendo un 3%.
La semana: esto resultó el punto más paradojal del período anterior. Saber que, punta contra punta, los índices referentes consiguieron retener ganancias, aunque todos los participantes se iban a sus casas con fuerte preocupación a cuestas. Y así, se vio que el Dow Jones sumó un 2,3%, el Bovespa un 0,86% de suba y el Merval porteño agregó un 2,43% de beneficios, en cinco ruedas.
Llega ya el inicio de mercados, con gran incertidumbre. Y la Bolsa, suspirando.
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