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Habrá que esperar a agosto

Algunos datos reflejan esa situación. Los viajeros desde Brasil (la crema del negocio de invierno) se redujeron drásticamente. Desde ese país aseguran que la baja puede llegar al 80% aunque las estimación de los operadores argentinos no son tan pesimistas. Lo cierto es que del total de charters previstos, ya se canceló la mitad.
Basta hacer una recorrida por barrios porteños como Palermo Soho o San Telmo
para comprobar que el portugués dejó de ser el idioma más escuchado. Los hoteles boutiques de esas zonas reconocen que las cancelaciones son permanentes.
En los centros turísticos invernales la situación es similar o peor.
A esto se suma que tampoco llegan turistas europeos o del norte de América. Las noticias desde la Argentina sobre los muertos por la influenza no son muy atractivas. Además con el verano a pleno en el hemisferio norte, no son muchos los que están dispuestos a poner su vida en juego en los fríos australes.
Como contrapartida, son los argentinos los que están eligiendo viajar al exterior en lugar de elegir destinos locales.
Hoy, por ejemplo, los aviones que salen para Miami están sobrevendidos. Los que regresan tienen plazas disponibles.
La esperanza que queda es que los turistas extranjeros que no están viniendo en julio, comiencen a llegar en agosto cuando, se espera, el pico de la gripe haya pasado y así atenuar las pérdidas. Esa es la ilusión a la que se aferran los operadores turísticos argentinos. Habrá que esperar.
