Al atardecer, en el Salón de las Mujeres, Cristina de Kirchner anunciará hoy el envío al Congreso de su proyecto de reforma política que la Casa Rosada perfila como la última batalla antes de recambio del 10 de diciembre, cuando se quedará sin mayoría automática.
El texto, sobre el que anoche trabajaban contra reloj, incorporará una variante inexplorada: el reparto de las bancas en la primaria será mediante el sistema D'Hont, como ocurre en las generales, y no por mayoría-minoría como en las internas partidarias.
Ese método sólo regirá para diputados y senadores. En el capítulo presidencial, la fórmula ganadora será la que compita en la general, lo que descarta la alternativa del sistema uruguayo, donde el binomio se conforma con los dos precandidatos más votados.
Anoche, el ministro del Interior, Florencio Randazzo, junto al jefe de Gabinete Aníbal Fernández y al secretario de Legal y Técnica Carlos Zannini se entreveraban en los detalles minuciosos de la reforma que, en principio, se volcaría en un único proyecto.
Todo se explica. Desde Olivos se transmitió el interés de que el paquete de reformas al sistema electoral y al mecanismo de financiamiento de los partidos políticos se empiece a discutir rápidamente con la intención de votarlo antes del 10 de diciembre.
Para ese trámite puede resultar más práctico un megatexto donde estén concentradas todas las reformas distribuidas por cada capítulo.
El apuro de la Casa Rosada se sostiene sobre un concepto general: si la reforma se somete al consenso de los demás partidos, muchos de los puntos del proyecto K están condenados a caer. A continuación el detalle de los ítems más contundentes y sensibles:
El sistema de interna abierta, obligatoria y simultánea incorpora, para la distribución de cargos legislativos, el sistema D'Hont que se usa para los diputados nacionales. En la actualidad, los partidos mayoritarios reparten por mayoría y minoría: en el PJ y la UCR la minoría es el 25%. De ese modo, los pisos se achican a, como mínimo, el 20% para diputados, variable según la cantidad de bancas en juego.
Para la fórmula presidencial, en cambio, el binomio ganador será el que compita en la general, lo que elimina mixturas como que el segundo precandidato a presidente más votado se convierta, como ocurre en Uruguay, en el candidato a vice del ganador. De todos modos, la fórmula podría integrarse con dirigentes provenientes de diferentes partidos en tanto hayan, previamente a la primaria, conformado una alianza.
Otro matiz entre la fórmula presidencial y las candidaturas a legisladores se refiere a los porcentajes. Cada partido deberá superar el 3% de los votos para poder competir en la general. Eso regirá para los binomios que disputen la presidentcia y regiría, también, para los legisladores provinciales, en cuyo caso todos los partidos deberán obtener un mínimo del 3% por cada provincia para tener candidatos a diputados y senadores en los 24 distritos.
Ese número, y la exigencia de contar con un padrón de afiliados del 4 por mil, suponen una doble traba contra los partidos chicos, que se verán obligados a confluir en alianzas mayores. Lo mismo ocurre con otros partidos, como el PRO o el ARI, de presencia fuerte en algunos territorios pero frágil en otras provincias, o para espacios sin formato institucional, como el PJ disidente, que carece de un partido único y se verá obligado en ir a la interna del PJ K o participar de otras alianzas.
Pablo Ibáñez
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