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HARRY TRUMAN: “Ayudar a las naciones libres”

Estados Unidos ha recibido un llamamiento urgente del Gobierno griego solicitando ayuda económica y financiera. Los informes corroboran la afirmación del Gobierno griego, según la cual esta ayuda es fundamental para que Grecia sobreviva como nación libre.
Grecia no es un país rico. La carencia de recursos naturales siempre ha obligado al pueblo griego a trabajar duro para poder seguir adelante. Desde 1940 este país trabajador y pacífico ha sufrido una invasión, cuatro años de una cruel ocupación del enemigo y unas encarnizadas luchas internas.
Cuando las fuerzas de liberación entraron en Grecia, se encontraron con que los alemanes, que se batían en retirada, habían destruido prácticamente los sistemas de comunicación. Más de mil pueblos habían sido arrasados por las llamas. Un ochenta y cinco por ciento de los niños padecía tuberculosis. El ganado, las aves de corral y los animales de tiro casi habían desaparecido. La inflación había acabado poco menos que con los ahorros de toda la población. Como resultado de estas trágicas condiciones, una minoría militante fue capaz de crear el caos político que no ha permitido la recuperación económica del país.
Hoy en día, Grecia carece de los fondos requeridos para financiar la importación de los bienes necesarios. Bajo estas circunstancias, el pueblo griego no puede avanzar en la solución de sus problemas de reconstrucción. Grecia necesita ayuda económica y financiera desesperadamente para poder seguir comprando comida, ropa, combustible y semillas. Estos elementos resultan indispensables para la subsistencia de su pueblo y tan sólo pueden obtenerlos del extranjero.
Grecia debe recibir ayuda para importar los bienes necesarios para restablecer el orden y la seguridad interior, tan esenciales para la recuperación económica y política.
La propia existencia del Estado griego se ve amenazada por las actividades terroristas de varios miles de hombres armados liderados por comunistas, que desafían la autoridad del Gobierno en varias zonas, pero especialmente a lo largo de la frontera norte del país. Estados Unidos debe proporcionar esta asistencia. No existe ningún otro país al que pueda recurrir la Grecia democrática. Ninguna otra nación está dispuesta y es capaz de proporcionar el apoyo que necesita el Gobierno griego democrático.
Hemos sopesado la posibilidad de que las Naciones Unidas intervinieran en la crisis, pero la situación es crítica y se requiere una acción inmediata, y ni la ONU ni sus organizaciones dependientes se encuentran en posición de proporcionar el tipo de ayuda necesaria.
El Gobierno griego se ha visto obligado a trabajar en un ambiente de caos y extremismo. Es cierto que ha cometido errores, pero la concesión de esta ayuda no significa que Estados Unidos apruebe todo lo que el Gobierno griego ha hecho o vaya a hacer. En el pasado hemos condenado, y seguimos condenando, las medidas extremistas de la derecha o la izquierda. En el pasado hemos aconsejado tolerancia, y la seguimos aconsejando ahora.
Soy plenamente consciente de las consecuencias en caso de que decidiéramos brindar ayuda a Grecia y Turquía, tema que pienso tratar ahora mismo. Uno de los principales objetivos de la política exterior de Estados Unidos es la creación de las condiciones necesarias para que nosotros y otras naciones podamos llevar un estilo de vida libre de toda coacción, lo cual fue una de las cuestiones fundamentales en la guerra contra Alemania y Japón, países que pretendían imponer su voluntad y su forma de vida a otras naciones.
Para asegurar el desarrollo pacífico de las naciones, Estados Unidos ha asumido un papel destacado en la fundación de las Naciones Unidas, una organización que se ha creado para garantizar independencia y una libertad duradera a todos sus miembros. Sin embargo, no lograremos cumplir con nuestros objetivos a menos que estemos dispuestos a ayudar a liberar a otros pueblos para que puedan mantener sus instituciones libres y su integridad nacional ante los movimientos agresivos de los regímenes totalitarios. Esto no es más que un reconocimiento sincero de que los regímenes totalitarios impuestos a pueblos libres, mediante agresión directa o indirecta, socavan los cimientos de la paz internacional y la seguridad de Estados Unidos.
Recientemente, los ciudadanos de varios países han visto cómo se les imponían regímenes totalitarios contra su voluntad. El Gobierno de Estados Unidos ha expresado protestas contra la coacción y la intimidación, algo que viola el acuerdo de Yalta, a las que ha sido sometida la población de Polonia, Rumania y Bulgaria.
Creo que la política de Estados Unidos debe consistir en brindar ayuda a los pueblos libres que se están resistiendo a ser subyugados por minorías armadas o por presiones externas. Creo que debemos prestar auxilio a los pueblos libres para que puedan elegir su propio destino. Creo que nuestra ayuda debe ser básicamente económica, lo cual es esencial para mantener la estabilidad financiera y los procesos políticos.
El mundo no es estático, y el statu quo no es sagrado. Pero no podemos permitir que haya cambios en el statu quo que infrinjan la Carta de las Naciones Unidas y que recurran a métodos como la coacción y a subterfugios como la infiltración política. Al ayudar a naciones libres e independientes a mantener su libertad, Estados Unidos estará haciendo efectivos los principios de la Carta de las Naciones Unidas. Basta con mirar un mapa para percatarse de que la supervivencia y la integridad de la nación griega son de suma importancia en un contexto muy amplio. En caso de que una minoría armada se hiciera con el control del país, el efecto sobre su vecino, Turquía, sería inmediato y grave. La confusión y el caos se extenderían por Oriente Medio.
Además, la desaparición de Grecia como Estado independiente causaría grandes repercusiones en aquellos países de Europa cuyos pueblos están haciendo frente a grandes dificultades para mantener sus libertades y su independencia, mientras intentan subsanar los daños sufridos en la guerra. Sería una tragedia indescriptible que estos países perdieran aquello por lo que tanto se han sacrificado. El desmoronamiento de las instituciones libres y la pérdida de independencia serían desastrosos no sólo para ellos, sino para el mundo. El desaliento y la sensación de fracaso cundirían rápidamente entre los pueblos vecinos que se esfuerzan para mantener su libertad e independencia.
En caso de que no acudamos en ayuda de Grecia y Turquía, las consecuencias serán de gran alcance tanto para Occidente como para Oriente. Debemos tomar medidas inmediatas.
Por lo tanto, pido al Congreso que me conceda autorización para prestar ayuda a Grecia y Turquía por un valor de cuatrocientos millones de dólares para el período que finaliza el 30 de junio de 1948. A la hora de solicitar estos fondos, he estimado conveniente que se destine a Grecia la máxima cantidad posible de los 350 millones de dólares que recientemente le pedí al Congreso que autorizara para la prevención de la hambruna y el sufrimiento en países asolados por la guerra.
Además de estos fondos, pido al Congreso que autorice el envío de personal civil y militar estadounidense a Grecia y Turquía, a petición de estos países, para que los ayuden en las tareas de reconstrucción y con el propósito de supervisar el uso de esta ayuda material y económica.
En caso de que se requirieran más fondos o más autorizaciones para los propósitos mencionados en este mensaje, no dudaré en comparecer ante el Congreso. Vamos a embarcarnos en una tarea muy seria. Y no lo recomendaría de no ser porque la alternativa es mucho peor. Estados Unidos invirtió 341.000 millones de dólares para ganar la Segunda Guerra Mundial. En este caso se trata de invertir en la paz y la libertad mundial.
Las semillas de los regímenes totalitarios se nutren de la miseria y la necesidad. Se extienden y crecen en la tierra malvada de la pobreza y la lucha. Alcanzan su máximo crecimiento cuando las esperanzas de la gente para alcanzar una vida mejor se desvanecen. Nosotros debemos mantener esa esperanza con vida. Los pueblos libres del mundo vuelven la vista hacia nosotros en busca de apoyo para poder mantener la libertad. Si nos mostramos débiles en nuestro liderazgo, podríamos poner en peligro la paz del mundo y el bienestar de nuestra propia nación.
HARRY TRUMAN (Lamar, Misuri, 8 de mayo de 1944 - Kansas City, Misuri, 26 de diciembre de 1972)
Este discurso fue pronunciado ante el Congreso de Estados Unidos el 12 de marzo de 1947 y expuso por primera vez en público la doctrina Truman, quien había llegado a la presidencia al morir Franklin Roosevelt, de quien era vicepresidente. Al pacto militar para crear una barrera al bloque soviético había que agregarle la ayuda económica, a fin de asegurar la gobernabilidad. Es así que Truman lanza el plan Marshall para reconstruir Europa. El discurso refiere a Grecia, donde el comunismo fue derrotado. Algunas frases del discurso son de sorprendente y paradójica actualidad.


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