28 de julio 2010 - 00:00

Harto de Maradona, Kirchner priorizó pacto con Grondona

Diego Maradona compartió con Cristina de Kirchner el acto de anuncio del Fútbol para todos. Días atrás, explicó que fue porque lo llevaron.
Diego Maradona compartió con Cristina de Kirchner el acto de anuncio del Fútbol para todos. Días atrás, explicó que fue porque lo llevaron.
Expertos en eufemismos, Julio Grondona y Néstor Kirchner recurrieron al artilugio cobista del «voto no positivo» para explicar, uno, que no echó a Diego Maradona y, el otro, avisar que no intervino para que la AFA retenga o despida al ex DT de la Selección.

El Gobierno agotó, el lunes, el episodio Maradona. Y comenzó a prepararse para amortiguar sus efectos residuales. Activó, de inmediato, el Operativo Contención para que el futbolista, que ya deslizó críticas hacia la Casa Rosada, no se convierta en un dolor de cabeza.

Los Kirchner, juramentaban anoche en Balcarce 50, se esforzaron por lograr la continuidad de El Diez, pero se toparon con una, para ellos inexplicable, secuencia de desplantes. Más de tres veces, en general a través de Aníbal Fernández, intentaron un acercamiento con el técnico.

La última gestión se hizo el lunes, y el encargado fue Carlos Zannini. Por pedido de Cristina de Kirchner, el secretario de Legal y Técnica trató de contactar a Maradona para invitarlo al acto que esa noche compartió Kirchner con Hugo Moyano en memoria de Eva Perón.

Zannini se topó con la indiferencia de Fernando Molina, yerno y vocero del ex fubtolista, que le pidió que lo vuelva a llamar en media hora. Aplicado, el «Chino» insistió pasado el tiempo estipulado, pero Molina lo congeló con una respuesta: «Ahora no, por ahí más tarde».

Zannini tenía el mandato de lograr que Maradona se trepe, con Kirchner, al acto por Evita, y la dilación, desinteresada, de Molina sepultaba el plan. Ese último ninguneo de Maradona agotó la paciencia de los Kirchner, que decidieron no interceder a favor de El Diez.

¿Liberó el Gobierno a Grondona para que se desprenda del ex técnico? La Casa Rosada hizo, en público, todos los gestos posibles para despegarse de la inevitable determinación de la AFA. Florencio Randazzo, ayer mismo, ofició de portavoz K para pedir la continuidad de Maradona.

Antes lo había hecho Aníbal Fernández, y la Presidente, a horas de la derrota con Alemania, defendió a Maradona en un acto en San Miguel y hasta invitó a los jugadores a la Casa Rosada. Ese fue el primer traspié en la relación entre los Kirchner y el futbolista.

Desde Sudáfrica, Grondona le había prometido al Gobierno -y en ese juramento involucró a Maradona- que el plantel iría a Balcarce 50 a recibir el saludo de Cristina. Pero los jugadores rehusaron la invitación con el fingido argumento de que no había nada que festejar.

La sumatoria de señales negativas se coronó con el desprecio de Diego del lunes y terminó de convertir en hartazgo el deseo de los Kirchner de mantenerlo como DT para, en realidad, preservarlo como un aliado que genera fanatismo entre los seguidores K.

Al final, en los desencuentros entre Grondona y Maradona, el matrimonio prefirió preservar la sociedad que lo une al mandamás de la AFA, pieza clave en el negocio del Fútbol para Todos que pergeñó para deteriorar al grupo Clarín.

Anoche, consumada la salida de la dirección técnica de la Selección nacional, la Casa Rosada hacía malabares inimaginables para desvincularse de la decisión de Grondona de no renovar el contrato con Maradona.

Y, en simultáneo, a ciegas, buscaba algún mecanismo para evitar que Diego, impredecible y lenguaraz, se convierta en una usina de maldiciones contra los Kirchner. ¿Cómo reaccionar si, además de decir que no es «oficialista», como sostuvo el domingo por TV, se embala con críticas?

Dio más indicios. «A mí me llevaron porque era el técnico de la Selección», dijo para justificar su presencia en el predio de Ezeiza cuando se anunció el Fútbol para Todos.

Parece inevitable que, tarde o temprano, Maradona descargue su furia sobre Grondona. Si ocurre, el Gobierno estará en una encrucijada: no podrá demonizar a quien antes endiosó pero, tampoco, ser neutral si Diego ametralla a Grondona, en definitiva, una estrella del universo K.

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