Hay prejuicios cambiarios que nublan decisiones

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El régimen monetario/cambiario es muy relevante para un país que quiere derrotar la inflación y pobreza en poco tiempo. Esta decisión lamentablemente está teñida de prejuicios. Un ejemplo es el caso reciente del euro, una cuestión principal en la que se explayaron los economistas, banqueros y políticos más destacados del planeta. A fines de 2009 cuando el nuevo gobierno griego comunicó el engaño en las cifras oficiales del déficit fiscal, y los capitales huían precipitadamente de los países del sur europeo e Irlanda, los economistas más renombrados, incluyendo varios Premio Nobel, explicaron lo "obvio". El euro era insostenible. La moneda de 19 países con productividades, culturas y crecimiento tan diferente era un artificio descabellado. ¿Cómo 19 países tan distintos podían emplear la misma moneda? ¿Cómo lograrían equilibrar crecimientos y competitividades sin devaluaciones monetarias? Pues al compartir la misma moneda no es posible ajustar el "tipo de cambio real". Esa mirada rígida del funcionamiento de la economía fue compartido por buena parte de economistas y banqueros. Tanto que la crisis del euro constituyó el riesgo mayor de la economía mundial, opinaban, entre otros, el entonces Gobernador del Banco de Inglaterra.

No obstante esas opiniones tan jugadas, el euro gana prestigio y la Eurozona está en fuerte crecimiento económico. El FMI lo estima en el 3% anual en 2017, algo superior al de EEUU. Hasta Grecia crece al 3,5% anual. El ingreso de toda la Eurozona es ahora 19% mayor al de 2009, año inicial del evento que iba ser "terminal" según expertos.

El BCRA ha mantenido una política monetaria con tipo de cambio "flotante", aplaudida por muchos expertos mundiales. Donde ajusta la tasa de rendimiento de títulos del estado y declara el objetivo de mantener tasas de interés "reales positivas", respecto de la inflación local en pesos. Y tiene un ojo en la cotización del dólar.

En el mundo existen pocas monedas que verdaderamente floten. Básicamente emitidas por bancos centrales bastante independientes de la autoridad política y con enormes sistemas financieros. Tanto que no necesitan recurrir al banco central para sus negocios en moneda extranjera. Por eso, esos bancos no tienen reservas internacionales significativas. Pues si verdaderamente flotan, piensan y calculan en su moneda ¿para qué quieren los dólares? Esas monedas son, fundamentalmente, el dólar de EEUU, el euro, el yen, la libra esterlina y unas pocas monedas más de ex colonias inglesas.

El resto de las monedas tiene una relación con otra, que es su unidad de cuenta. A lo largo de las décadas, todas esas monedas mantienen una inflación relacionada con la de la unidad de cuenta y la devaluación. Entonces, la inflación puede ser similar a la de la unidad de cuenta, cuando el tipo de cambio es fijo, como ocurrió en Argentina durante los 11 años de la Convertibilidad. En ese tiempo, el aumento de precios locales copió al de EEUU. Lo mismo ocurre con Panamá, cuya moneda es el dólar y presenta la menor inflación en América Latina, y otras naciones de todo el planeta. Incluso los países más pobres de África, cuya moneda está fija respecto del euro acompañan los precios en euros. Por otro lado, las monedas que van devaluando respecto de su unidad de cuenta observan un aumento de precios que multiplica la inflación de la moneda base por la devaluación. Esta relación es independiente de que los bancos centrales declaren ser flotadores o fijadores, a lo largo de plazos prolongados.

Esto lleva a considerar si la flotación es ventajosa para la Argentina, donde buena parte de las transacciones se calculan en dólares. Si queremos atraer inversiones del exterior, tener la moneda atada al dólar pareciera ofrecer menos riesgos. Por supuesto, ello exigiría adecuar las cuentas con esa finalidad. A los que se ilusionan con las "ventajas" de la flotación insisto que tanto el tipo de cambio fijo como la flotación presentan una variable que flota. En el tipo de cambio fijo, las reservas son flotantes. Y debieran ser fijas en la flotación. Pero la administración de la flotación, la gobernanza del sistema, es mucho más complicada que con el tipo de cambio fijado. Y para la gente en general el tipo de cambio fijo es un compromiso más firme y comprensible que las piruetas de la flotación.

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