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Hay que discutir las reservas excedentes

Si bien seguramente todos los argentinos, estatistas o liberales, autoritarios o republicanos, valoran el rol de las reservas para la estabilidad monetaria, y salvo algunos, valoran también la estabilidad monetaria (y por lo dicho antes, Cristina de Kirchner también lo haría), más difícil es intentar cuantificar qué nivel de reservas en el BCRA sería apropiado para ello, y entonces, cuántas reservas podrían considerarse «excedentes». Una vez saldada esa primera discusión, afloraría la segunda: qué hacer con las reservas excedentes. Hay algunos aspectos a tener en cuenta:
1. Respaldar el 100% de la base monetaria se demostró insuficiente en 2001, cuando la fuerte corrida de depósitos por demanda de dólares terminó obligando (por temor a desangrar más las reservas del BCRA) a tomar una medida desesperada, el «corralito».
2. Se requiere, pues, respaldar una fracción del total de los activos monetarios de la población, que son los que pueden causar inestabilidad, y no la base monetaria. La mejor medida de tales activos, es el llamado M3 Privado, que comprende circulante en el público, depósitos del sector privado, en pesos y dólares.
3. En los últimos años, el promedio del ratio Reservas/M3 fue del 62%, lo cual luce razonable. Asignar un número «oficial» a este ratio no debe ser visto como una cifra «grabada en piedra», sino sujeto a evaluación periódica. Sugiero pues que el Congreso cambie la definición de reservas excedentes, y que asimismo sea el que, luego de recibir la recomendación del BCRA y expertos en el tema, evalúe y defina periódicamente el nivel aceptable de respaldo en reservas y por ende, el excedente.
4. Una forma de racionalizar un ratio como el anterior sería descomponerlo en dos partes: a) ¿cuál debería ser la masa a respaldar con reservas en ausencia de toda devaluación? Un 70% sería un mínimo, a mi juicio, razonable; b) ¿cuál es la máxima devaluación súbita (confiscación) que debería convalidarse en caso de corrida muy extrema? Entiendo yo que no más del 25%. Si aceptamos estas cifras, obtendríamos con las reservas actuales un ratio del 58%, algo inferior al ratio promedio de estos años. En este caso, se requeriría un respaldo de unos 43 mil millones de dólares, y dadas las reservas por 48 mil millones, habría reservas excedentes por 5 mil millones.
5. Aplicar el criterio actual de reservas excedentes, y usarlas, nos llevaría a un ratio Reservas/Activos Monetarios del 43%, no muy distante del 37% que existía al 28 de febrero de 2001, previo a las tremendas corridas de ese año.
6. Las reservas excedentes (que serían muy inferiores a las que estima el Ejecutivo) podrían usarse como quieren Boudou, Feletti, Heller y tantos otros para aumentar el gasto público, como garantía del pago de deuda pública, o cualquier otro fin. El Congreso debería definir, por ejemplo, para cada Presupuesto anual, el uso sobre reservas excedentes.
7. En caso de que las reservas excedentes fuesen usadas como garantía, y a efectos de que esto no resulte engañoso, esta afectación debería incluir una cláusula que dijera más o menos lo siguiente: «En caso de cumplirse con las erogaciones consignadas en el Presupuesto (es decir, si no aumenta el gasto), y siendo que los recursos recaudados fueran inferiores a los presupuestados y el Estado no consiguiera financiamiento a tasas razonables en los mercados externos e internos, el Poder Ejecutivo podrá disponer de recursos del fondo de garantías para el pago de deudas». Sería una forma de intentar evitar que el fondo resulte en un simple y pomposo artilugio para gastar más.
Estabilidad monetaria no implica la «paz de los cementerios», como lo saben casi todos los países del mundo. Como la Argentina crece, la Presidente también estaría de acuerdo en que la estabilidad monetaria es necesaria. Por ende, es una muy buena ocasión para discutir el tema de las reservas en el Congreso y llegar a un consenso. Corregir el importante error en la definición de «reservas excedentes» actualmente vigente, por una que contemple, por ejemplo, el ratio Reservas/M3, y que luego el Congreso defina este ratio (que recomiendo sea inicialmente del orden del 60%) sería una buena manera de empezar la discusión. Acrecentar el rol legal y real del Congreso en la definición de estos temas también sería muy importante para fortalecer su papel en tiempos en que la sociedad muestra querer menos «democracia delegativa» y más «democracia representativa».


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