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Hay que mejorar
Leguizamón y Creevy entrenaron en forma diferenciada con vistas al test match del sábado ante Italia.
Mas allá de que Los Pumas no perdían en Edimburgo desde 1990 -dato anécdotico que no pinta ninguna realidad, pero sí denota una espina clavada en el orgullo escocés, elemento que mostró el equipo local a lo largo de todo el partido- el equipo de Agustín Creevy llegaba, todos asumíamos, en medio de una curva ascendente en su juego, en su dinámica y en su estado emocional.
Al terminar el partido los primeros sorprendidos de la poca reacción anímica y de juego fueron los mismos protagonistas. "Fue un partido malo" "Fallamos" "Dimos un paso atrás" "No tuvimos reacción..." decían los jugadores. No le erraron a la lectura de lo que fue un desempeño para el olvido.
Más allá de un comienzo alentador con un muy temprano try de Javier Ortega Desio -arrancó muy bien el partido pero con el desorden general mermó su juego- Los Pumas fueron una sombra del equipo que había terminado el Rugby Championship contra Australia.
Fallaron en cosas que ya estaban, creíamos, en el ADN de este equipo. La movilidad y el control de balón es algo que pregona el entrenador, Daniel Hourcade. El pase en el contacto, la defensa agresiva, el no ceder espacio y evitar dividir innecesariamente el balón ya estaba bien enseñado. A la hora de dar lección en la tarde/noche del frío y mojado otoño del norte europeo, fue aplazo.
No ayudaron las rápidas salidas de Rodrigo Báez en una tercera línea que no incluía a ninguno de los tres titulares -todos lesionados- y del capitán, Agustín Creevy. Mas allá de que el hooker suplente Matías Cortese se mostró muy activo y con hambre de liderar a un equipo dormido, no pudo dar vuelta algo que venía mal encaminado desde el arranque.
Escocia fue mejor y eso hay que decirlo. Ganó 41 a 31 en un partido que tuvo más que esos 10 puntos de diferencia. En el deporte suele haber vencedores y vencidos; son muchos los factores para definir unos y otros. Algo es claro: cuando uno es mucho mejor que el otro, se nota. La historia no alcanza para llevarse un triunfo.
A favor de estos Pumas 2014 fue que reaccionaron. No sólo en los últimos 15 minutos de la mano de un fresco Tomás Cubelli, autor de dos tries y responsable de cambiarle la cara al equipo. Lo hicieron también después del partido cuando todos asumieron lo mal que habían jugado y el claro paso atrás dado.
Por delante quedan cuatro días antes de la siguiente prueba. Será el sábado en Génova, contra una Italia que siempre complica a los argentinos. No son nunca partidos lindos. El trabajo en la previa será tanto mental como técnico. La derrota en Edimburgo se debió mas al tema mental que a cualquier otro factor. De cómo se resuelve esto vendrá la posibilidad de encaminar este equipo que sabe, sabemos, puede jugar mucho mejor.


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