«Estamos negociando la primera franquicia en el exterior con un grupo gastronómico de Porto Alegre. Nosotros aportamos la tecnología y la imagen, y ellos nos pagarían un canon por cada kilo de helado vendido más una suma fija por cada subfranquiciado que consigan». Desde su puesto de director comercial de las heladerías Dolce Amaretto, Gregorio Giarrusso encabeza la expansión de la marca, que hoy acumula 22 franquicias en Capital y GBA. «La meta para este año, un año difícil, es cierto, es abrir sucursales en el interior y concretar la primera franquicia en Brasil», dice el ejecutivo. La dinastía Clemente nació en Italia (cerca de Milán, en la localidad de Saronno, famosa justamente por su «amaretto») y recaló en Luján, con una heladería familiar y una fábrica que surtía a colegas «sin bandera». Pero en 2002, poscrisis, lanzaron un programa de franquicias que, según el ejecutivo, «todos los años arrojó un balance positivo entre cierres y aperturas».
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