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Hernán Cornejo valida en EE.UU. su lugar de bailarín estrella
Hernán Cornejo, estrella del American Ballet Theater (que también integra Paloma Herrera), bailó un estupendo «Romeo y Julieta» en Washington.
El aperitivo de la temporada de danza, no obstante, ya lo ofreció en esta ciudad el American Ballet Theatre (más conocido aquí por su acrónimo ABT), con una memorable puesta en escena de «Romeo y Julieta», con música de Sergei Prokofiev, en la tradicional y excelente coreografía de Sir Kenneth MacMillan. Después del esplendor de este espectáculo, el plato principal que servirán las demás compañías en esta primavera del 2010 arriesga ser desabrido.
En amplio contraste con la opaca partitura de su otro gran ballet, «Cenicienta», a lo largo de la hora y media de música que compuso Prokofiev para «Romeo y Julieta» no hay una sóla idea banal; no existe un sólo compás sin interés, y la consustanciación --sin subordinación-- de la música con la trama dramática es excepcional. Tan sublime es la alternancia de liricismo y dramatismo de esta música, que las dos Suites de «Romeo y Julieta» extractadas por Prokofiev de su ballet, se valen por sí mismas, y son frecuentemente programadas en conciertos sinfónicos.
En la presentación del ABT no se escatimaron recursos. Nada de altoparlantes: en el foso, la excelente Orquesta de la Opera de Washington; y en escena, los magníficos decorados y suntuosos vestuarios renacentistas de Nicholas Georgiadis.
La versión de MacMillan logra un acertado desarrollo de la trama dramática, y una notable intensidad poética y trágica, no exenta de ternura y humor.
El argentino Hernán Cornejo fue un perfecto Romeo: apuesto, tierno, agilísimo, expresivo, y dotado de gran presencia escénica. Ya en 2006, «The New York Times» le había rendido a nuestro compatriota el supremo homenaje cuando lo calificó como «el Baryshnikov de nuestra generación», y como «el más milagroso de los artistas del ABT», elogios mayores que el «Romeo» bailado por Cornejo en Washington se encargó plenamente de convalidar.
A partir de su San Luis natal, el recorrido artístico de Cornejo no deja de ser extraordinario: ingresó a los 8 años en el Instituo Superior de Arte del Teatro Colón; a los 14, fue becado por el ABT en Nueva York, y luego integró el Ballet Argentino de Julio Bocca; a los 16 ganó la Medalla de Oro del VIII Concurso Internacional de Ballet de Moscú -el bailarín más joven de la historia del Concurso- y hoy es primer bailarín del ABT y bailarín principal de Corella Ballet.
La Julieta de esta producción fue la cubana Xiomara Reyes, muy compatible pareja para Cornejo en el eficaz retrato que ambos ofrecieron de los amantes de Verona. Al día siguiente, Julieta fue bailada por la argentina Paloma Herrera, asimismo primera bailarina del ABT.
Craig Salstein dio un Mercutio de notable virilidad y alegría de vivir, y Karin Ellis-Wentz, como la niñera de Julieta, fue predeciblement tierna y querible.
Tanto los demás bailarines del elenco principal (espectaculares las escenas de esgrima), como el el cuerpo de baile del ABT en escenas de conjunto resultaron convincentes. La dirección orquestal de Charles Barker arrancó bellas sonoridades de la magistral partitura de Prokofiev.
En los últimos meses, tenedores de títulos de deuda soberana escrachan a la Argentina en solicitadas de página entera en «The Washington Post»; asimismo, la prensa de los Estados Unidos es, en general, crítica del gobierno de nuestro país. Por contraste, la apreciación de la Argentina como nación culta se mantiene alta -y no lo es tanto como resultado de diplomacia cultural oficial-, sino porque espontáneamente prohijamos y diseminamos talento de primer mundo.
En estos días, «El secreto de sus ojos», ganadora del Oscar 2010 al mejor film extranjero, llena las salas de cine; en el Kennedy Center aclaman a Hernán Cornejo y Paloma Herrera; en la Ópera de Washington, la jóven soprano argentina Virginia Tola canta «Bodas de Fígaro», y la destacada pianista argentina Ingrid Fliter es aplaudida como solista con la National Symphony Orchestra.
Curiosidad: desde que fue ganador del Concurso de Ballet de Moscú en 1997, Cornejo no ha bailado en el Teatro Colón. Once años de ausencia. Ya que reabre ahora nuestro primer coliseo, sería oportuno darle una calurosa bienvenida y un justo reconocimiento en su escenario.


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