Heroína de Ibsen a escala argentina

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• DIÁLOGO CON RICARDO BARTÍS, FUNDADOR DEL SPORTIVO TEATRAL
Celebrando las tres décadas desde su creación, el Sportivo Teatral, el director estrenó una adaptación personal de “Hedda Gabler”, clásico de Henryk Ibsen, en el que la protagonista es interpretada como “síntoma” nacional.

El Sportivo Teatral de Ricardo Bartís cumplió, este año, tres décadas de trayectoria como espacio de creación y de formación actoral (de esa usina surgieron grandes intérpretes y directores de la escena alternativa). En coincidencia con el aniversario, el creador de "Postales Argentinas", "El pecado que no se puede nombrar" y "De mal en peor", estrenó una personal adaptación de "Hedda Gabler", de Henrik Ibsen, en la cual su protagonista personifica a la Argentina. Se titula "Hambre y amor" y se exhibe en Thames 1426 (viernes y sábados a las 21 y domingos a las 20), con un elenco integrado por Claudia Cantero, Carolina Faux, Micaela Rey, Jada Sirkin, Leonardo Martínez y Pablo Díaz.

Escrita en 1890, "Hedda Gabler" retrata a la hija de un general, envenenada por la envidia y la frustración. Una Medea encorsetada que intenta poner en acto su deseo de libertad y auto-realización siguiendo sus impulsos destructivos (como, por ejemplo, incendiar el valioso manuscrito de su antiguo amante). Tras un largo proceso de trabajo, Bartís desplazó el enfoque individualista de la pieza a fin de confrontarlo con una problemática más social. El director nunca fue ajeno a los conflictos que aquejan a nuestro país, y en este caso brinda un análisis muy crítico respecto de Ibsen y a la actual coyuntura política.

Dialogamos con Bartís.

Periodista: ¿Qué rasgos conservó de "Hedda Gabler"?

Ricardo Bartís:
Nos mantuvimos cerca del relato original; si bien seguimos padeciendo ese valor canónico y ese prestigio que tiene Ibsen como padre del drama moderno. Prestigio que se debe a la preminencia de la literatura por encima de otras fuerzas que se narran en la escena. "Hedda Gabler" otorga pocos momentos de teatralidad. Las situaciones importantes son informadas por los personajes, todo ocurre fuera de escena. En muchos momentos me enojé con Ibsen porque sentía que había una cantidad muy grande de texto y de información que pesaba demasiado.

P.: ¿Por qué insistió en montar esta obra?

R.B.:
Para mí es un ejercicio sobre un texto clásico que me permitió interrogarme sobre esa noción que antes mencioné y cuestionarla. Esto nos llevó a probar algo muy distinto a la tendencia habitual del Sportivo que es de naturaleza expansiva y de una expresividad muy activa que acá está sometida a una quietud rigurosamente observada y con un tratamiento de la luz y el espacio más pictórico.

P.: ¿Qué rasgos conservó de la protagonista?

R.B.:
No tomamos a Hedda Gabler como una psicología sino como una manifestación de la epidermis social, como síntoma. El vacío, el aburrimiento, el tedio de una clase que genera esa situación, que devasta toda experiencia. En los discursos de los personajes de Ibsen se infiere un permanente enaltecer de lo individual por encima del acontecimiento social y político. Como nosotros tenemos una mirada social sobre el trabajo en escena pensamos que Hedda era la Argentina. Obligada por su propia presunción de excepcionalidad, Hedda supone un destino de gloria -como se piensa permanentemente la Argentina- y al mismo tiempo está debilitada, sin poder terminar de aceptar las marcas de la derrota. Porque a las clases altas les cuesta mucho reconocer las derrotas, ni tienen la inteligencia para reconocer sus errores ni la posibilidad de enmendarlos para que los seres humanos vivan mejor.

P.: Su parábola de la Argentina es bastante pesimista.

R.B.:
Sí, por supuesto. Como dijo Gramsci: "Soy un pesimista debido a mi inteligencia, pero un optimista debido a mi voluntad". Todo indicaría que se puede pensar negativamente. En la obra de Ibsen todo el mundo tiene pensamientos y reflexiones nobles. Es una clase privilegiada, digamos, y sin embargo en pocas horas se mueren dos y parecería que no tienen respuestas, que están incapacitados de aprender e incapacitados de amarse. Por eso la idea del pesimismo: nosotros, como ellos, estamos incapacitados de observar que las dinámicas sociales no pueden retroceder arbitrariamente por los beneficios de unos pocos o por los momentáneos ajustes y desajustes que hacen los sectores vinculados al poder. Hablo de sectores, porque no es solamente el Gobierno de Macri.

P.: ¿Esta obra les permitió hacer las paces con Ibsen?

R.B.:
Como dijo Riquelme con una especie de pasmosa tranquilidad, "estamos contentos".

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