10 de noviembre 2010 - 00:00

Heterodoxia jamás logró domar precios

Podría definirse como un superclásico de la economía doméstica: la ortodoxia frente a la heterodoxia. Por un lado, José Luis Espert, habitual columnista de Ámbito Financiero, se explaya sobre la inflación. Advierte que los precios desde 2004 estuvieron en franca expansión y lo seguirán estando. En el otro rincón, Iván Heyn, integrante de la agrupación kirchnerista La Cámpora, menciona que la evolución de la economía argentina no es producto de la «suerte» o del «viento de cola». Para este economista, el éxito se basa en la política aplicada al desarrollo. Aquí, las dos vertientes.

José Luis Espert (Economista)
José Luis Espert (Economista)
El ministro de Economía, Amado Boudou, admitió que hay inflación pero sólo afecta a las clases pudientes. Si fuera un verdadero pingüino diría, como lo hizo ayer el ministro del Interior, Florencio Randazzo, que son los empresarios de esa clase pudiente los que suben los precios en vez de invertir y aumentar la oferta de bienes.

Si le sumamos la afirmación del ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires, Alejandro Arlía, sobre las tensiones de precios que genera la puja distributiva, nos queda en limpio que para el Gobierno, la inflación es culpa de empresarios ricachones rentistas que no aceptan perder posiciones en la pelea con los trabajadores por la distribución del ingreso nacional, cosa inaceptable para un Gobierno nacional y popular como el de Cristina de Kirchner.

Cualquier coincidencia con los diagnósticos (fracasados) setentistas u ochentistas sobre la aceleración de los precios y el deber ser de un programa económico, no es pura casualidad.

Para una Argentina que muchas veces luce desmemoriada, es importante recordar que en 2003, sólo un año después de una devaluación homérica del peso de más del 70% y de una inflación que había superado el 44%, el aumento de precios fue casi de país del Primer Mundo: 3,7%. En 2003 ya existían empresarios con fines de lucro.

¿Cómo fue posible entonces aquel milagro de bajísima inflación con crecimiento de la cantidad de dinero medido por la base monetaria del 60%, términos del intercambio que ya habían subido más del 20% respecto de los pisos de principios de 2002 y con salarios nominales creciendo un 17% anual?

Primero, la cantidad de dinero creciendo al 60% era la contrapartida del proceso de remonetización de la economía luego del undershooting de la demanda de pesos durante la primera mitad de 2002.

Segundo, el Banco Central dejó que el dólar nominal cayera más del 10% respecto del promedio de 2002.

Tercero y fundamental, la situación fiscal de la Nación más las provincias y después del pago de los intereses de la deuda pública (lo más cercano a una medición de la situación fiscal relevante para explicar parte de la situación macroeconómica), pasó de déficits cercanos al 5% del PBI en 2001-2002 a ser superavitaria en más del 1% del PBI, que se transformarían en casi el 4% del PBI al año siguiente.

Sin embargo, desde 2004 hasta hoy, la inflación casi siempre estuvo en franca aceleración, con excepción de 2009 (14,7%) cuando tuvimos una recesión de casi el 3% (sólo las afiebradas mentes del INDEK registraron una suba del PBI del 0,9%). En efecto, en 2004 fue del 6,1%. En 2005, del 12,3%; en 2006, del 10,7%; en 2007, del 22%; en 2008, del 23% y en 2010 rondará el 26%.

Es cierto que los términos del intercambio nunca pararon de subir en el período (salvo una caída del 8% por la crisis subprime). Hoy están un 15% por encima de mediados de 2007 y son un 35% superiores a los del fin del Gobierno del ex presidente Fernando de la Rúa.

¿Qué cosas cambiaron sustancialmente desde 2003-2004 a esta parte, que ya hemos vuelto a ser campeones o subcampeones mundiales en inflación? Primero, la situación fiscal pasó de casi un 4% de superávit en 2004 a casi un 2% de déficit en 2010; un 6% de deterioro en poco más de 5 años con sólo uno de recesión (2009), recaudación impositiva nunca vista antes y retenciones salvajes para que el Gobierno se apropie de la ganancia de términos del intercambio, también récord históricos.

Segundo, a pesar que luego del conflicto con el campo ya se veía que la demanda real de dinero se estaba desacelerando, el Banco Central siguió expandiendo moneda a más del 10% anual, pudiéndolo hacer por mucho menos para compensar con política monetaria dura el enorme deterioro fiscal que los Kirchner habían provocado. Hoy, la cantidad de dinero crece a un delirante ritmo de más del 30% anual.

Tercero, la política de tasas de interés del BCRA es que sean positivas en dólares para que la gente no ataque sus reservas, pero negativas cuando se las corrige por la inflación verdadera para que se ahorre lo menos posible y se consuma lo máximo.

Cuarto, los salarios se están ajustando más del 30% anual en 2010 y ya hay gremios que amenazan con pedir más del 40% de suba el año que viene.

Quinto, en el medio de un boom de consumo, el Gobierno ha cerrado la economía a la competencia importada para proteger a sectores «sensibles».

Es el modelo del Gobierno de maximización del consumo presente (con su consecuente caída de la tasa de ahorro nacional) y proteccionismo comercial el que genere la inflación récord mundial que tenemos y no los empresarios insaciables de beneficios. Ellos existen en todos lados, la mayoría de los países emergentes hoy está creciendo mucho (como nosotros) pero, sin embargo, la Argentina es de los pocos medianamente serios con una inflación de dos dígitos alta.

A este ritmo, la inflación verdadera se colocará por arriba del 30% en 2011 y puede acelerarse más todavía si el Gobierno no hace nada en serio en el futuro. Es más, aunque no haga algo coherente para bajar la inflación y evitar los ajustes ortodoxos (control monetario y de gasto público) que matan el crecimiento en el corto plazo, igual esta tasa de inflación más tarde o más temprano va a afectarnos negativamente. Y la demora en aplicar un plan antiinflacionario (lejos de la circense discusión que plantea hoy el Gobierno sobre la inflación) puede generar otros problemas que ya comienzan a vislumbrarse: atraso cambiario, atraso de las tarifas de los servicios públicos y licuación de la asignación universal por hijo que requerirá más gasto público todavía.

Jamás un plan heterodoxo y discursos fuera de la realidad lograron domar al potro de la inflación, sólo la agravaron seriamente. Sería lamentable que Cristina de Kirchner caiga en el mismo error de tantos gobiernos «progres» del pasado.

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