14 de enero 2010 - 00:00

Holmes revisionista pero fiel a sí mismo

Bien acompañado por Jude Law (que no caricaturiza a Watson), Robert Downey Jr. es el excelente Sherlock Holmes de un film pensado para atraer al público moderno sin distorsionar la esencia del legendario detective.
Bien acompañado por Jude Law (que no caricaturiza a Watson), Robert Downey Jr. es el excelente Sherlock Holmes de un film pensado para atraer al público moderno sin distorsionar la esencia del legendario detective.
Sherlock Holmes» (G. Bretaña-EE.UU., 2009, habl. en inglés). Dir.: G. Ritchie. Int.: R. Downey Jr., J. Law, R. McAdams, M. Strong, E. Marsan, R. Maillet, K. Reilly, J. Fox.

Luego de quedar relegado por décadas, Sherlock Holmes reaparece en la pantalla grande en una versión un poco revisionista y mucho más enfocada en la acción que cualquier encarnación previa, que transcurre en la era victoriana pero está concebida con la tecnología y la estética del cine del siglo XXI.

Robert Downey Jr. personifica a un Holmes alejado del estereotipo del investigador con gorro de cazador, lupa y pipa ya un tanto agotado después de más de 200 películas (sin contar series y telefilms). En cambio ofrece una variación original y dinámica que pueda atraer al público moderno, sin distorsionar las características esenciales del legendario detective surgido de los relatos de Sir Arthur Conan Doyle, ni tampoco las del universo de personajes que rodeó siempre a Holmes, empezando obviamente por el Dr. Watson y algunos secundarios importantes a lo largo de sus cuentos y novelas, cuyos diálogos, situaciones familiares y climas reproduce, sin adaptar realmente ninguno de sus argumentos.

Lo interesante de esta versión es que aprovecha al máximo las posibilidades de aspectos de la vida, los hábitos y del entorno de Holmes que surgen rigurosamente de la literatura de Conan Doyle y no forman parte del cúmulo de lugares comunes que suelen repetirse en las innumerables adaptaciones previas, de 1900 en adelante, y que no siempre han tenido la calidad excepcional de obras maestras como las versiones de «El Mastin de los Baskerville», protagonizadas en su momento por los mejores Holmes: Basil Rathbone y Peter Cushing.

Por ejemplo, Conan Doyle hace referencia a las habilidades para el box y las artes marciales orientales del detective, lo que Guy Ritchie aprovecha para ubicar a su Holmes en situaciones violentas, que no sólo son muy divertidas, sino que nos recuerdan que la noción de supervillanos al estilo de la saga de James Bond no existiría sin los enemigos de Sherlock.

En este sentido se luce el luchador profesional convertido ahora en actor, Robert Maillet, que enfrenta al protagonista en un par de escenas memorables por los alucinantes «stunts» y efectos especiales y por el sentido del humor típicamente británico que a veces faltaba en adaptaciones un poco más solemnes. El legendario enemigo de Holmes, el Profesor Moriarty, sólo aparece en las sombras, tal como sucedía en la mayoría de los relatos de Conan Doyle. Irene Adler (Rachel McAdams), eterna rival mencionada en las historias de Holmes como la única mujer que lo dejó en ridículo (el personaje protagonizó un único relato, «Una aventura en Bohemia»), agrega tensión erótica a la ya de por sí bastante tensa nueva relación entre Holmes y Watson, tal vez el mayor aporte innovador de la pareja formada por Robert Downey Jr. -en lo más alto de su talento- y un medido Jude Law, que se aleja de algunas caricaturas torpes con las que otros actores compusieron al eterno camarada del investigador.

La trama sobre un noble con delirios de grandeza (Mark Strong), decidido a imponer el miedo en Londres con sus siniestros conocimientos de magia negra, que incluso le permiten volver de la tumba al mejor estilo vampírico (luego de un brillante prólogo en el que Holmes lo atrapa a punto de cometer un sacrificio humano en un terrorífico ritual), sirve para que la película gire en torno a uno de los temas favoritos de Conan Doyle, el del enfrentamiento entre la razón y lo sobrenatural. Y el estilo de narración no lineal de Ritchie en sus films anteriores ahora es utilizado inteligentemente para contar en términos visuales los procesos mentales del campeón de la lógica. Lo hace con recursos como mostrar una situación tal como se la plantea el protagonista al concebirla en su mente, para luego volver a repetirla cuidando inmediatamente de realizarla en términos prácticos.

Ritchie nunca contó con tantos medios de producción, y realmente los hizo lucir al máximo en escenas impactantes, donde los efectos digitales sirven para recrear de manera muy convincente y atractiva la oscura Londres de fines del siglo XIX (con una creativa fotografía de Philippe Rousselot). Todos los detalles están muy cuidados, incluyendo una de las mejores bandas sonoras en la carrera de Hans Zimmer. Y, más allá de que algunos puristas puedan quejarse del abuso de dinamismo y espectacularidad de este nuevo Holmes, los fans del personaje recibirán esta película como todo un ejemplo de lo más parecido al cine de super-acción pensante que pueda ofrecer el cine moderno.

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