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Hoy te fomentan, pero mañana te lo impiden
Enrique Blasco Garma
En lo inmediato, invertir conlleva retirar bienes y esfuerzos destinados al consumo para destinarlos a aumentar la producción, una vez que se complete el proceso, a mediano y largo plazo. El ejemplo de la carne vacuna es instructivo. Cuando los ganaderos resuelven retener vientres para aumentar la producción, el impacto inmediato es alzar el precio de la carne, por menor oferta. Recién cuando esos vientres que no se mandan al mercado de consumo tengan terneros que crezcan hasta estar listos para ser faenados -cuatro años después-, la oferta restablece. Y aumenta la cantidad de carne destinada al consumo a partir del quinto año.
Lo mismo ocurre en cualquier proceso industrial o de servicios. La decisión de invertir siempre consiste es restringir la oferta inmediata destinada a consumos para aumentarla en el futuro. Entonces no es cierto que invirtiendo más bajan los precios inmediatamente. En el corto plazo, hasta que la inversión rinda sus frutos, la oferta es menor. La excepción es cuando se emplean recursos desocupados, pero siempre hay que aguardar el tiempo necesario hasta que generen producción; además, se absorben fondos y crédito de otras actividades.
Lo que sí es cierto es que cuanto mayores son las inversiones pasadas, cuanto mayor es la dotación de capital aplicada productivamente, mayor es la producción. Pero las sociedades conflictivas, como la Argentina, no incentivan mucha inversión. Porque la propiedad y sus frutos están siempre en riesgo, amenazadas por reglas cambiantes y la inseguridad contra la delincuencia.
La Argentina es menos productiva que las naciones que mantienen reglas estables, porque todo el tiempo los empresarios deben amoldarse a nuevas condiciones y reglamentos, aprender nuevos entornos. Hoy te fomentan, mañana te impiden. Ahora bien, la inflación es un fenómeno fundamentalmente monetario, ilustran los estudiosos del tema de nivel internacional. Durante toda la vigencia de la convertibilidad, la inflación fue inferior en la Argentina a la de EE.UU. Ese resultado no se obtuvo porque de golpe las empresas en el país se hicieron menos concentradas o más competitivas. Incluso existió déficit fiscal. La razón fundamental eran reglas monetarias claras y firmes, con un Banco Central autónomo; regulaciones de servicios públicos y de comercio exterior que fomentaron la inversión y las actividades productivas. No estorbaban suspensiones sorpresivas de exportaciones, retenciones, o cambios bruscos de reglas.
Si queremos atacar la inflación en serio, no tenemos que consultar con expertos extranjeros. Sabemos el camino. La Argentina ya lo hizo.


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