• EL RENOMBRADO MÚSICO DE JAZZ COLMÓ LAS EXPECTATIVAS DE UN PÚBLICO QUE LO OVACIONÓ DE PIE El fin de semana tuvo, además del Mundial, un momento de emoción artística con el doble homenaje (film documental y actuación en vivo) de este gran intérprete de la música uruguaya contemporánea.
Fattoruso. Un momento del recital del sábado, que tuvo lugar un día después de la proyección del excelente documental que lo tiene como protagonista.
El fin de semana la música uruguaya brilló en Buenos Aires como nunca con el doble homenaje a Hugo Fattoruso, que colmó todas las expectativas del público en el CCK durante dos noches consecutivas. El festival Fattoruso comenzó el viernes, con el estreno del documental que lleva el apellido de este músico enorme que viene revolucionando la música rioplatense desde mediados de 1960, cuando con Los Shakers demostró que unos botijas flequilludos podían ser tan buenos como los Beatles. Por supuesto, el documental, que esperamos tenga estreno comercial en el circuito de salas de cine indie de Buenos Aires, cuenta la historia de este artista único desde aquellos años hasta llegar al siempre sorprendente virtuoso hipercreativo que fascinó a todos los que llenaron la sala sinfónica del CCK.
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En piano y teclados, acompañado solamente por la talentosa percusionista Albana Barrocas, Fattoruso brindó una performance de antología que provocó que en varias oportunidades el público lo aplaudiera de pie. Lo más asombroso es que, a esta altura de su carrera, Fattoruso suena más joven que nunca, tanto cuando canta -cosa que hizo en un par de ocasiones de este show eminentemente instrumental- como en el espíritu lúdico de climas musicales cambiantes de un instante a otro. Tal vez la quintaesencia de este gran concierto pueda explicarse escuchando uno de sus momentos culminantes, el tema "Malambete", que sin tener pretensiones vanguardistas es capaz de combinar todo tipo de tendencias musicales folklóricas y contemporáneas en unos pocos minutos. En algún momento se podría pensar que lo que hace Fattoruso es jazz, o fusiones de música rioplatense. Pero al final, queda claro, esto es Fattoruso, y no tiene sentido buscar otra definición.
Comentario aparte, la joven Barrocas estuvo a la altura de la leyenda viviente que acompañaba. Los sonidos extrañísimos que puede lograr esta artista con un par de chiches raros y unos tambores parece inacabable, y su sentido del ritmo es magistral. Y esta combinación de teclados y percusión ya brillante de por sí tuvo un marco acústico excepcional por la calidad técnica aportada por todos los rubros en el CCK, incluyendo los efectos lumínicos psicodélicos capaces de cubrir la gigantesca superficie del techo de la sala.
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