13 de julio 2010 - 00:00

Idas y vueltas entre Krugman y Bernanke

En su columna semanal de los lunes en The New York Times, el Premio Nobel Paul Krugman lanzó sus dardos nuevamente contra el titular de la Reserva Federal, Ben Bernanke. La relación entre ambos es de larga data. Durante años Bernanke fue el jefe del departamento de economía de la Universidad de Princeton y fue quien reclutó a Krugman como profesor, cargo que ocupa actualmente. Y hace seis meses, cuando el Congreso debía confirmar el nombramiento de Bernanke al frente de la Fed, Krugman estuvo de acuerdo. «Admiro profundamente al señor Bernanke, tanto como economista como por su respuesta a la crisis financiera». Krugman apoyó con reservas la confirmación de Bernanke pero «sólo porque rechazarlo podría hacer que la política de la Fed fuera peor». En su opinión, la asignatura pendiente de la autoridad monetaria era reducir la tasa de desempleo, que desde hace meses ronda el 10%.

Sin embargo, en sólo seis meses parece haber cambiado de opinión. Con su habitual mordacidad, Krugman acusó a su ex colega y a la Fed de «irresponsabilidad» en el manejo de la política monetaria. Para reforzar sus argumentos rescató un discurso pronunciado por Bernanke en noviembre de 2002 titulado «Deflación: cómo asegurarnos de que no ocurra aquí». En ese entonces el titular de la Reserva Federal era Alan Greenspan, y Bernanke un miembro más del directorio de esa institución. Sin embargo este discurso fue de gran importancia. En ese entonces la economía norteamericana venía de sufrir el estallido de la burbuja de internet y la bancarrota de Enron, Worldcom y varias otras empresas importantes. La inversión privada había caído drásticamente y las perspectivas de recuperación parecían remotas. A eso se sumaban las secuelas del ataque del 11 de setiembre y la posibilidad de que Estados Unidos entrara en guerra. En círculos académicos y empresariales se temía la posibilidad de que frente a estos shocks la economía norteamericana siguiera una trayectoria similar a la de Japón.

En su discurso, Bernanke explicó por qué esto no podía ocurrir en Estados Unidos. «Los orígenes de la deflación no son un misterio. La deflación es en casi todos los casos un efecto secundario del colapso de la demanda agregada: una caída en el gasto tan severa que los productores deben reducir los precios de manera continua con el fin de encontrar compradores. Del mismo modo, los efectos económicos de un episodio de deflación, en su mayor parte, son similares a los de cualquier otra fuerte caída en el gasto agregado, a saber, recesión, aumento del desempleo e inestabilidad financiera». Según Bernanke, un escenario de deflación era altamente improbable en Estados Unidos. En primer lugar por la «resiliencia y estabilidad estructural» de su economía, y muy especialmente por la flexibilidad del mercado laboral. En segundo lugar por la existencia de la Reserva Federal, cuya misión es la de asegurar la estabilidad de precios, lo que significa no sólo evitar la inflación sino también la deflación. Para combatir este último escenario la Fed podía adoptar una serie de medidas como por ejemplo aumentar la oferta monetaria, asegurar la liquidez del sistema financiero, reducir las tasas de interés de corto plazo, otorgar créditos al sistema bancario a tasa cero para reducir el costo financiero de las empresas, promover la depreciación del dólar. Este discurso pasó a conocerse como la Doctrina Bernanke.

Según Krugman, Bernanke sufre de amnesia, ya que justamente éste es el momento de adoptar la doctrina que lleva su nombre. En cambio, la Reserva Federal no hace nada y debate si hay presiones inflacionarias en la economía. Es necesario tomar las medidas que Bernanke proponía en 2002 para evitar que una posibilidad hipotética se convierta en realidad, dice Krugman.

El problema es que la última vez que se adoptó la Doctrina Bernanke fue a principios de 2002 y hasta mediados de 2004. Durante ese período la Fed siguió una política monetaria altamente expansiva y llegó a mantener la tasa fed funds al 1% durante casi un año. La idea entonces, al igual que ahora, fue evitar una deflación a la japonesa. Y al igual que entonces, Krugman se encontraba entre los que sostenían que Estados Unidos se encaminaba hacia ese escenario. El resultado, como explico en mi libro «La era de la burbuja», fue alimentar una burbuja inmobiliaria gigantesca cuyo estallido nos llevó a la situación actual.

Como ya comentamos en una anterior columna, el debate entre inflación y deflación domina actualmente las discusiones de los «policymakers» tanto en Estados Unidos como en Europa. Su inacción quizás es consecuencia de la incertidumbre o del equilibrio de fuerzas entre los «hawks» (quienes ven una mayor inflación como el principal riesgo que enfrenta la economía) y aquellos que creen que el mundo industrializado se encamina hacia una deflación. El riesgo de equivocarse es altísimo. Ya no se trata simplemente de la salud de las economías de Estados Unidos y Europa sino también de su preeminencia en el tablero geopolítico mundial.

Dejá tu comentario