2 de diciembre 2010 - 00:00

Ilusión de luna de miel con Cristina antes de la 125

El 26 de febrero de 2008, siete semanas después de que Cristina de Kirchner asumiera la presidencia, Thomas Kelly, encargado de negocios de la Embajada de EE.UU. en Buenos Aires, estaba convencido de que las posibilidades de reforzar las relaciones entre ambos países tenían una oportunidad clara y comunicó a Washington que el Gobierno daba continuas señales de querer mejorar el diálogo con EE.UU. Estaba convencido de eso después de haber visto la cortesía con que habían recibido al representante Elliot Engel, de visita en el país, y de detectar que crecían en el elenco oficial las declaraciones a favor de los Estados Unidos. Aunque reconoce que reconstruir la confianza, tras el episodio del valijero Guido Antonini Wilson, requeriría esfuerzos.

En el cable, Kelly recomienda incrementar las visitas de funcionarios estadounidenses, ante la percepción local de que los EE.UU. no prestan atención suficiente a la Argentina. Algo que le dijo Cristina de Kirchner al embajador Earl Wayne en un encuentro a solas. Los esfuerzos, dice el informe, ayudarán a esmerilar el sentimiento antiamericano en el país y mover a la Argentina, «afuera del campo bolivariano». Es posible hacer del país un interlocutor más cooperativo y receptivo a las ideas de Washington, se razona allí.

«Es asombroso», se dice en el informe, «el cambio que ha experimentado el Gobierno argentino en el trato hacia los EE.UU.», hecho que había comenzado con la reunión del 31 de enero entre Cristina de Kirchner y Wayne.

«El coro de recriminaciones anti-EE.UU. se ha silenciado. En su lugar escuchamos pronunciamientos positivos hacia los EE.UU.», se entusiasma el funcionario y cita el agradecimiento de Nilda Garré a Washington por asesoramiento en reformas militares.

Cooperación

En el mismo cable aparece una referencia clara a la cooperación entre la SIDE y los servicios de inteligencia estadounidenses. De hecho, Kelly relata el agradecimiento mutuo entre Donald Kerr, Principal Deputy Director of National Inteligence, y el responsable máximo de la SIDE, por el intercambio de información reservada entre los organismos y que presenció durante el encuentro de ambos en Buenos Aires.

Tras repasar los esfuerzos de los Kirchner y su Gobierno por impugnar las investigaciones de los EE.UU. en Miami en el caso de Antonini Wilson, Kelly reporta: «Cristina de Kirchner pasó buena parte de la segunda mitad de 2007 anunciando su intención de tener una relación más cercana con los EE.UU., manteniendo tres reuniones con el embajador Wayne, permaneciendo una semana en New York reuniéndose con empresarios y medios, así como un encuentro con Tom Shannon». Hay un párrafo en el cable que es elocuente: «Pocos días antes de su asunción, en una reunión con el embajador, Cristina de Kirchner le expresó su admiración por los Estados Unidos».

Kelly describe a Cristina de Kirchner como una presidente más abierta y de buenas relaciones con Lula da Silva y Michelle Bachelet. Para el funcionario, la Presidente «prefiere seguir el camino de Lula que el de Chávez, y quiere diversificar las buenas relaciones de la Argentina con el resto del mundo». Pero describe a «fuerzas que la presionan en otra dirección» y en ese lado inscribe a Julio De Vido, abrazado al proyecto bolivariano de Chávez. «Aunque el motivo primario de De Vido para inclinarse hacia Chávez pueda ser pecuniario, una aproximación bolivariana a las relaciones exteriores cae bien en las clases pobres y trabajadoras, y probablemente seduzca en cierta forma al instinto peronista/populista de Cristina y su marido».

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