2 de junio 2015 - 14:56

Indultos K, maniobra de Olivos para festejar en primera vuelta

• LAS RAZONES DEL PERDÓN A EXMASSISTAS.
• EN BUSCA DE 1,5 MILLÓN DE VOTOS PERDIDOS.
• LAS PASO Y EL NÚMERO DE MASSA.

Darío Giustozzi, Eduardo Wado de Pedro y Raúl Otacehé
Darío Giustozzi, Eduardo "Wado" de Pedro y Raúl Otacehé
 Darío Giustozzi completó este fin de semana una órbita atemporal: resolvió desempolvar el traje de candidato a alcalde de Almirante Brown, cargo en que juró en 2007 y abandonó el año pasado para asumir como diputado y ascender al olimpo fulminante de los postulantes a gobernador bonaerense.

La elipsis de Giustozzi, hasta hace 20 días aliado medular de Sergio Massa, lo pone en el lugar que tenía en 2013, antes de migrar como coronel del conurbano sur hacia el Frente Renovador y contribuir a la victoria legislativa de aquel octubre. Con las cicatrices de esa aventura fallida y para intentar revalidar sus títulos como jefe alfa, Giustozzi sacará del ring a Daniel Bolletieri, su sucesor en el distrito, y jugará en las primarias del Frente para la Victoria contra un candidato sciolista, Mariano Cascallares.

En La Plata deslizan que Giustozzi entendió que con Bolletieri perdía la interna ante Cascallares, titular del IPS bonaerense, y que por esa razón decidió bajar. En Brown, los suyos, hacen una traducción más emotiva: dicen que volver a ganar en el distrito es ratificar la jefatura.

Giustozzi, que aún no formalizó su retorno a la porfía municipal, integra un cuarteto de caciques del PJ del conurbano, recientemente migrados desde el massismo, a los que Cristina de Kirchner indultó a sola firma. Esa decisión es, quizá, la señal más clara de la Presidente de que quiere ganar en octubre: los retornos de Giustozzi, Raúl Othacehé (Merlo), Humberto Zúccaro (Pilar) y Sandro Guzmán (Escobar) deben leerse en el inoxidable lenguaje de la matemática electoral. En criollo: los votos que aportan son, en los cálculos del dispositivo K, insumos para un ansiado triunfo en primera vuelta.

Ese "scrum" se nutrirá, más tarde o más temprano, de otros caciques massistas que dilatan el instante de la foto con ministros K por una gentileza con Massa. El último dique lo integran Joaquín de la Torre (San Miguel), Gabriel Katopodis (San Martín) y José Eseverri (Olavarría). Los tres aceleraron sus conversaciones con la Casa Rosada y La Plata. "Lo que hagamos lo queremos hacer en bloque y con un acuerdo con Sergio", explican cerca de un cacique.

Sumatoria

El kirchnerismo agita, a modo de amenaza, nombres para desafiar a esos caciques en sus municipios. Franco La Porta se instaló en el radar para desafiar a De la Torre; Guillermo Santellán contra Eseverri y Cristina Álvarez Rodríguez fue mencionada en estas horas para enfrentar a Katopodis. Los alcanza una regla general: al igual que los ya retornados, deberían enfrentar internas en el FpV, salvo que negocien a nivel local. Giustozzi tiene enfrente a Cascallares; Othacehé, a Gustavo "Tano" Menéndez; Zúcaro, a José Molina; y Guzmán, a Ariel Sujarchuk.

Un caso testigo. En 2013, en Merlo, el FR -que tenía como candidato a Menéndez- sumó 99 mil votos; y el FpV, manejado por Othacehé, 103. Luego el "Vasco" se massificó y Menéndez se sciolizó. Si van a las PASO K, superarían el 50%, más que lo que individualmente aportaría cada uno.

Además de una especie de derecho de piso, un modesto castigo por haber abandonado al FpV en el pasado reciente, hay otras razones poderosas que explican que los regresados deban enfrentar primarias. En agosto de 2013, el peronismo tuvo su peor elección histórica -por debajo del 30%- que mejoró austeramente en octubre -cuando llegó al 33,5%-, pero lejos del 42% que necesita capturar el PJ en la provincia de Buenos Aires para imponer al futuro presidente. "Tenemos que mejorar en 1,5 millón de votos lo que sacamos en 2013". La cifra parece una desmesura, y lo es: el FpV pasó de 4,6 millones de votos en 2011 a 2,9 en 2013. Para empujar hacia arriba la boleta presidencial, y compensar resultados adversos en lugares como Capital y Córdoba, el FpV en la provincia de Buenos Aires debe colectar más de 4 millones de votos para cumplir el sueño de ganar en la primera vuelta.

El indulto a los que se fueron y ahora vuelven -previa foto con Eduardo "Wado" de Pedro, Julio De Vido o Aníbal Fernández- tiene ese objetivo: volver a ganar la primera sección donde el massismo capturó 1,5 millón de votos en 2013 contra 870 mil que juntó el FpV.

Con un pragmatismo nestorista, Cristina de Kirchner autorizó la amnistía de los extraidores y, en un mensaje al peronismo más clásico, puso al frente de esos pactos públicos a "Wado" de Pedro, el jefe neocamporista con más poder institucional y el que construyó la mejor empatía con la jerarquía clásica del pejotismo. De Pedro negocia, en estas horas, sobre su propio territorio, Mercedes, que controla Carlos Selva, otro mudado al massismo que pegaría la vuelta. Lo tientan con un lugar legislativo, el atajo para no volver a enfrentarlo, ya que Selva tiene un récord: le ganó a La Cámpora en 2011 y en 2013, por adentro y por afuera.

El por afuera, es decir, "colectora", aparece en la mesa de arena, porque en algunos casos, aun con una interna poderosa, eso no implicaría retener todos los votos para octubre. El otro factor es lo que mida Massa, cuyos últimos números lo dan en el 17% nacional y rozando el 20% en la provincia, lo que refleja una caída de 4 puntos en un mes. La tendencia parece irreversible, y la idea de ser gobernador de José Manuel de la Sota luce, apenas, como el eco de un pasado que ya no es.

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