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Inevitable: Cristina se volcó al estilo monárquico en su viaje por España
Para la gala que ofrecieron los reyes, Cristina vistió acorde con los protocolos reales y llevó el Collar de la Orden de Isabel la Católica.
Los presentes se pusieron de pie en el castillo para que ella pudiera hacer su entrada triunfal en la cena de agasajo que le brindó la familia real española. Entró custodiada de cerca por el rey Juan Carlos I de Borbón y el príncipe Felipe de Asturias. Deslumbró su amplia falda de tafeta borravino, con flores bordadas a mano con hilos de oro. Sin dudas, uno de los mejores diseños que Susana Ortiz le preparó desde que asumió la presidencia, aunque hizo varios bocetos y fue finalmente Cristina de Kirchner quien eligió el que más le gustaba. Pero fiel a su estilo chic y nada conservador, la dama completó su look con una blusa de seda italiana en color champán y faja drapeada del mismo material. Impecable, aunque quizás más apropiada para un casamiento que para ese evento. Es que la Presidente no tuvo en cuenta que debía llevar en su cuello, por mandato real, durante toda la ceremonia, el Collar de la Orden de Isabel la Católica, una condecoración de España, instituida por el rey Fernando VII el 14 de marzo de 1815, con el fin de «premiar la lealtad acrisolada a España y los méritos de ciudadanos españoles y extranjeros en bien de la Nación y muy especialmente en aquellos servicios excepcionales prestados en favor de la prosperidad de los territorios americanos y ultramarinos». Esa condecoración tiene distintos grados (Gran Cruz, Encomienda de Número, Encomienda, Cruz de Oficial, Cruz, Cruz de Plata, Medalla de Plata, Medalla de Bronce), y Cristina de Kirchner recibió esa noche el máximo, el collar.
Hubiera sido preferible que para resaltar ese llamativo amuleto en forma de cruz de oro macizo y piedras preciosas, la mandataria argentina hubiera optado para la parte superior por una prenda oscura y sin brillos, como una blusa del mismo tono y textura que la falda, o un vestido en vez de dos piezas, como hicieron la reina Isabel de Borbón y la princesa Letizia Ortiz. De esta manera, el amuleto hubiera cobrado el protagonismo que merecía.
Además, la suavidad de la seda le jugó una mala pasada a la Presidente: hacía que el collar se resbale y se desplace hacia su espalda con cada movimiento de la dama, por lo que Cristina de Kirchner se pasó toda la velada acomodándolo.
Igualmente, hay que reconocer que esa noche lució espléndida y respetó el protocolo, que imponía vestidos de noche y largos hasta cubrir los pies para las damas.
Pocas veces se la vio tan prolija, elegante y femenina. Demostró Cristina de Kirchner que ya nada tiene que envidiarle a la cada vez más delgada Ortiz, de quien copió el conjunto blanco de guipiur que vistió el día que asumió la presidencia.
Finalmente, puso orden a su cabello, que tan desprolijo lucía hace una semana, retocó el color y desmechó su flequillo. Como correspondía para una gala nocturna, llevó el cabello recogido con chignon, ese peinado de estilo francés, que se hace enrollando el pelo y sujetándolo con horquillas, y que le permitió lucir los pendientes de brillantes.
No se sacó sus anillos, los de siempre, ni su reloj, y completó con un sobre rígido con pellizco, forrado con la misma tela que la blusa.
Fiel a su estilo, remarcó sus ojos con sombra y delineado oscuro, pero para esa ocasión las mejillas y la boca las maquilló con tonos blush, dando un marco ideal a su rostro, algo que no es común en Cristina de Kirchner, quien siempre remarca hasta la exageración todas las partes de su cara.


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