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Inflación va más allá de la estacionalidad

El fenómeno es además generalizado, lo cual se puede evaluar por diversas vías. Una de ellas es computando índices de difusión, es decir, índices que miden la proporción de precios que registran algún incremento notable mes a mes. El índice de difusión más general (el ID-IPC general) se mantuvo en los últimos 20 meses siempre por sobre el 55%, llegando en algunos meses al 75%. Ello indica que, en cada mes, más de la mitad de los precios, y hasta tres cuartos de todos los precios de todas las variedades de bienes y servicios que integran la canasta de consumo registran aumentos. Otros precios se mantienen estables, mientras que el resto puede presentar caídas vinculadas en general a cuestiones estacionales -como en frutas, verduras, turismo, liquidaciones de temporada en indumentaria- o por motivos regulatorios -tal como ocurrió con los precios de la energía en forma transitoria en 2009-.
Confirmación
En los últimos meses el ID general se ubicó entre el 59% y el 70%, confirmando que se mantiene lo observado en el pasado reciente, durante el cual predominaron en forma abrumadora los movimientos de precios ascendentes respecto de la estabilidad o descenso de otros ítems. Para el caso de los Alimentos y Bebidas, un grupo de bienes que representa poco más del 31% de la canasta total (y casi el 38% en la canasta que redefinió el INDEC en abril del año 2008), el índice de difusión es aún más elevado, ya que se mueve en un rango del 77% al 85%. Esto revela que los aumentos de precios son aún más generalizados en Alimentos y Bebidas, es decir que casi todos los precios de los alimentos suben mes a mes.
No enfrentamos pues un contexto de aumentos de precios aislados, sino incrementos extendidos a casi todo tipo de bienes y servicios, y para todas las alternativas de puntos de venta (comercios tradicionales, supermercados, etc.). No se trata, sin embargo, de un escenario en el que todos los precios se ajustan con frecuencia mensual, puesto que en los servicios en particular -privados y públicos- se aplican ajustes periódicos (es el caso de los servicios de educación, cuyos precios suelen elevarse fuertemente en marzo). Un escenario en el cual el índice de difusión general (ya no el de Alimentos) superara sistemáticamente el 80%, sería uno de indexación generalizada, con elevado riesgo de espiralizar hacia niveles mucho más elevados de inflación.
Otra forma de evaluar si los aumentos de precios son más o menos generales es computando la inflación núcleo o core. Para ello se excluyen del cálculo los precios de bienes y servicios regulados y los que se mueven estacionalmente. Los datos muestran que la inflación para este «resto de bienes y servicios» (que dan cuenta de casi el 70% del gasto de los hogares) se aceleró en los últimos meses, y para el trimestre noviembre 2009 a enero 2010 alcanzó el 1,9% mensual, equivalente al 25% anualizado. Esto nos indica que más allá de la generalización de los incrementos, para todos los bienes que no están sujetos a regulación ni dependen de cuestiones estacionales, la tasa de inflación anualizada se ubica actualmente en el nivel más alto de los últimos 18 meses.
En el futuro inmediato no pueden descartarse períodos de aceleración inflacionaria seguidos por otros de transitoria desaceleración. La razón de ello es que hay demasiados factores que impulsan una mayor inflación (desde lo fiscal y monetario, a las políticas sectoriales que contraen la oferta) y un aceitado mecanismo de propagación por vía salarial (que garantiza la expansión de la demanda por algún tiempo), con una notoria ausencia de políticas antiinflacionarias. Pero todavía están las alternativas más primitivas de apreciar el peso y extender los controles de precios y las restricciones al comercio.
Sin guía
Los costos de aceptar una mayor inflación aparecen tarde o temprano, al debilitar el funcionamiento del sistema de precios: ya no sabemos a ciencia cierta cuál precio es el que crece relativamente al resto, pues todos crecen mucho, y por tanto perdemos la guía para decidir dónde invertir. A partir de algún nivel de inflación finalmente caen la inversión y la actividad. Hoy no podemos descartar que la ceguera por «cebar la bomba» sin que importen las condiciones del contex-to haga explotar esa bomba en el mismo año de las elecciones.


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