Innocenti y un Shakespeare “feminista y casi de avanzada”

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Virginia Innocenti integra la pareja romántica de «Mucho ruido y pocas nueces» junto a Sergio Surraco, en la nueva versión de la obra de Shakespeare que acaba de estrenarse en la Sala Martín Coronado del Teatro San Martín, con dirección de Oscar Barney Finn.

La adaptación de Barney Finn de esta comedia dramática de múltiples enredos parece, apriori, muy osada, dado que la acción ya no transcurre en Sicilia sino en una estancia del campo argentino, durante los meses de verano de 1875 a 1876. Innocenti tiene a su cargo el rol de Beatriz, el mismo que interpretó Emma Thompson en el taquillero film de Kenneth Branagh de 1993. Pero la actriz argentina no parece muy entusiasmada con aquel trabajo: «La película me resultó entretenida, pero me hubiese gustado que tuviera un poco más de profundidad. Es una obra bastante feminista y casi de avanzada, teniendo en cuenta la época en la que Shakespeare la escribió».

Periodista: ¿De dónde surgió esta idea de trasladar la acción a la pampa argentina en pleno conflicto con los indios?

Virginia Innocenti:
De una película de Luis Saslavsky, «Vidalita», que se filmó a fines de los años 40, con Mirtha Legrand, Fernando Lamas y Narciso Ibáñez Menta. Es sobre una muchacha que se viste de hombre para ser aceptada en la estancia del abuelo y que más tarde empieza a inquietar con su presencia al capitán de un fortín.

P.: Un recurso muy shakes

V.I.:
Sí, y la película es muy divertida por el código de actuación. Además está filmada con un criterio muy moderno. A mí me encantó.

P.: Uno de los mayores atractivos de la obra es el duelo verbal que mantienen Beatriz y Benedicto para canalizar su mutua atracción y no dar el brazo a torcer.

V.I.:
Hoy muchas parejas hacen lo mismo que ellos, sólo que ahora se envían mensajitos por el celular. Yo creo que Shakespeare se solidariza con el lugar de la mujer al crear un personaje como el de Beatriz: inteligente, ingeniosa para la réplica, capaz de rebelarse o, por lo menos, de sostener su deseo más allá de los cánones impuestos, pudiendo elegir la soledad si es que no encuentra un vínculo del nivel intelectual y afectivo al que ella aspira.

P.: Pero después viene la mano de cal, cuando el autor pone en duda la fidelidad de las mujeres o se burla de sus lenguas filosas.

V.I.: Por eso es tan interesante y compleja su mirada. No nos olvidemos de que, en esa época, el gran temor de los hombres era que sus hijos no fueran legítimos. No existía la posibilidad de analizar el ADN. Por otra parte, se muestra claramente cómo el destino de las mujeres, incluso el de Beatriz, es algo con lo que los hombres juegan. Mucho de lo que se decide finalmente tiene que ver con cuestiones de honor entre ellos. Los vínculos amorosos de los protagonistas parecen depender de los simulacros que otros arman y de los chismes y mentiras que hacen circular. De alguna manera, todos quedan entrampados en esa supuesta realidad que se va construyendo de acuerdo a lo que determinan los personajes que ostentan el poder.

P.: Suena muy actual.

V.I.:
Sí, y Beatriz es el personaje que tiene más en claro que todo esto es un circo. Todos están muy atentos a lo que los demás dicen de ellos, como sigue pasando en la actualidad. Por eso esta obra soporta traducciones y adaptaciones sin perder su espíritu.

P.: Después de haber editado dos discos, se da el gusto de actuar y cantar en el mismo espectáculo.

V.I.:
No hay muchas canciones, pero me da alegría poder unir mis dos pasiones. En la segunda mitad del año voy a estrenar en el Maipo una especie de metáfora musical sobre Tita Merello que va a dirigir Luciano Suardi.

P.: Volviendo a «Mucho ruido y pocas nueces», hacía tiempo que no le tocaba un galán joven.

V.I.:
Es cierto. Desde muy jovencita me pusieron en pareja con actores mucho más grandes que yo que me llevaban quince años como mínimo. Será que siempre di una imagen de mujer fuerte. En «Los machos», yo era casi una nena y tenía de pareja a Rodolfo Ranni. Así arranqué y eso se sostuvo. En «El hombre» era la mujer de Oscar Martínez, en «Vidas robadas» de Jorge Marrale. Pero ahí tuve también una historia con alguien de mi edad, Adrián Navarro. Y a partir de ahí me empezaron a poner con hombres de mi generación o incluso menores que yo.

P.: Tuvo suerte con Surraco. Es lindo y joven.

V.I.: ¡Es un bombón! Me refiero a que es un excelente compañero, buen actor y buena persona. En ese sentido lo digo.

Puedo trabajar con un galán de esos que hacen suspirar a todas las mujeres -que también los he tenido- y morirme de aburrimiento. A mí lo que realmente me despierta alegría en el trabajo es tener alguien con quien compartir una linda esgrima y ¡sacarnos chispas!

Entrevista de Patricia Espinosa

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