8 de abril 2026 - 18:06

La guerra en Medio Oriente recalentó los costos logísticos globales y presiona a industrias clave en Argentina

Sectores como electrónica, electrodomésticos, alimentos y agro ya registran subas significativas en sus operaciones. Los empresarios dudan que la baja del petróleo posterior a la tregua militar sea tan veloz como fue la subida.

El sector de productos electrónicos y electrodomésticos es uno de las más afectados por la suba de los costos logísticos.

El sector de productos electrónicos y electrodomésticos es uno de las más afectados por la suba de los costos logísticos.

El encarecimiento del combustible derivado del conflicto en Medio Oriente -previo a la tregua militar firmada este martes- se trasladó con rapidez en la economía real argentina, con un impacto directo sobre los costos logísticos de las empresas y una creciente presión sobre los precios al consumidor final.

La combinación de un shock internacional en el precio del petróleo y las particularidades del mercado local configuró un escenario en el que transportar mercadería se vuelve cada vez más caro, hecho que genera tensión en la estructura de costos y la rentabilidad de los distintos sectores productivos.

En ese contexto, algunos informes sectoriales coinciden en que el aumento del gasoil y las naftas dejó de ser un fenómeno aislado y se consolida como un factor estructural que atraviesa toda la cadena de valor.

"La duda en este momento es si las tarifas acompañarán la baja del precio del petróleo con la misma celeridad con que se alinearon con los aumentos. La amenaza de Irán de que la guerra no terminó es un factor de alta incertidumbre", comentó a Ámbito un empresario vinculado al sector importador que sigue de cerca la evolución de esos costos.

Lo concreto es que hasta hace 24 horas, tanto el transporte de insumos hasta la distribución final, el costo de mover productos dentro del país registró incrementos acelerados que comienzan a trasladarse, de manera parcial o total, a los precios.

La Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas advirtió que los precios de los combustibles se incrementaron entre 20% y 25% en apenas semanas, con subas acumuladas que en algunos casos multiplican varias veces los ajustes registrados durante todo el año anterior.

El gasoil, principal insumo del transporte, superó los $2.100 por litro, alcanzando niveles históricamente elevados tanto en moneda local como en dólares.

“El combustible representa un tercio de nuestra estructura de costos”, señaló el presidente de la entidad, Cristian Sanz, al describir la magnitud del impacto sobre las más de 6.500 pymes del sector.

La advertencia no se limita a la rentabilidad: el riesgo, según el dirigente, es que muchas empresas dejen de operar si no se actualizan sus tarifas, lo que podría derivar en problemas de abastecimiento.

En este contexto, la Federación desarrolló una nueva tarifa orientativa de referencia para el transporte de cereales y oleaginosas, que rige desde marzo.

“Si la estructura de costos no refleja la realidad, el resultado tampoco será representativo. Por eso se hizo una revisión integral del modelo, donde el combustible pasa a ser el componente más sensible dentro de los costos variables y el que explica gran parte de la presión sobre la tarifa”, explicó Melina Berger, quien junto a Emilio Felcman (Director del Departamento de Estudios Económicos y Costos de FADEEAC) diseñó la nueva estructura tarifaria.

El efecto dominó de los aumentos tiene un correlato directo en la dinámica internacional. El precio del barril de Brent pasó de u$s65 a más de u$s100 en apenas tres semanas, impulsado por la escalada del conflicto en Medio Oriente y las tensiones en zonas estratégicas como el estrecho de Ormuz.

Esa suba, de más del 50%, se trasladó con rapidez a los mercados locales, en un contexto donde los mecanismos de desacople de precios resultan cada vez más débiles.

La consecuencia inmediata es una aceleración de los costos logísticos. Según estimaciones del propio sector transportista, cada incremento del 10% en el gasoil genera un aumento de al menos 3,5% en los costos operativos de las empresas de transporte de media y larga distancia . En un escenario de subas acumuladas de dos dígitos en pocas semanas, el impacto se vuelve significativo.

El impacto en la industria de electrónicos y electrodomésticos

Este encarecimiento se siente con fuerza en distintas industrias locales. Uno de los casos más evidentes es el de la electrónica y los electrodomésticos, un sector altamente dependiente tanto del transporte internacional como de la logística interna.

Fuentes de la industria señalaron que el aumento del combustible, combinado con disrupciones en las rutas comerciales globales, eleva los costos de producción y distribución en toda la cadena.

En el plano internacional, los fletes marítimos registran incrementos de hasta u$s1.200 por contenedor, mientras que los recargos por combustible (EBS) suman otros u$s300 adicionales.

Aunque algunos de estos ajustes pueden ser transitorios, otros responden a una presión más estructural vinculada al costo de la energía.

El impacto no se limita al transporte. La suba de materias primas como el cobre y el aluminio -insumos clave para la fabricación de productos electrónicos- profundiza la presión sobre los costos. El cobre pasó de u$s4,6 a más de u$s5,5 por libra, mientras que el aluminio superó los u$s3.200 por tonelada.

A esto se suman aumentos en componentes críticos para la producción de electrónicos, como memorias, impulsados por la demanda global asociada al desarrollo de la inteligencia artificial.

Otro aspecto relevante es el incremento en los materiales de packaging, fundamentales para garantizar la protección de los productos durante su transporte y almacenamiento, lo que continúa sumando presión sobre la estructura general de costos.

En conjunto, estos factores generan incrementos de entre 15% y 35% en los costos de producción según la categoría de producto. Las empresas del sector se enfrentan así a un dilema: trasladar esos aumentos a precios y arriesgar la demanda, o absorberlos parcialmente y resignar márgenes.

Golpe a los alimentos y el campo

El impacto también se extiende al consumo masivo. En el sector de alimentos, supermercados y mayoristas comenzaron a recibir listas de precios con subas de hasta 12%, en gran medida explicadas por el aumento de los costos logísticos y de transporte, según un reporte publicado recientemente por la Cámara Argentina de Distribuidores y Autoservicios Mayoristas (CADAM).

El combustible, en este caso, actúa como un factor multiplicador, ya que incide en cada etapa del proceso, desde la producción hasta la distribución en góndola.

En el agro, la situación no es menos compleja. Informes sectoriales, como un estudio reciente de la Sociedad Rural Argentina, indican que la guerra ya encareció el gasoil en torno al 22%, con proyecciones de nuevos incrementos que impactan directamente en los costos de producción agrícola.

Ese ajuste implica un incremento cercano al 3,3% en los costos de cosecha y de hasta un 7% en los fletes agrícolas.

En el caso del trigo, por ejemplo, se estima que el costo total sube hasta 11% como consecuencia del encarecimiento del combustible y otros insumos asociados.

El transporte de granos, uno de los pilares de la logística argentina, se ve particularmente afectado. Con un sistema altamente dependiente del camión -que moviliza más del 90% de la carga en el país-, cualquier variación en el precio del gasoil se traslada de manera casi inmediata a los costos del sector.

El informe, actualizado a fines de marzo último, estima también que el precio de la urea, principal fertilizante nitrogenado, aumentó un 36% en el mercado internacional y alrededor de 42% en el doméstico.

Qué hacen las empresas para adaptarse al nuevo contexto

El fenómeno no es exclusivo de Argentina en América latina, pero en el país adquiere características particulares. En toda la región, la logística representa alrededor del 4% del PBI, lo que convierte al combustible en una variable crítica para la competitividad.

Según un informe elaborado por Quadminds, una empresa de tecnología aplicada a la logística, Chile y Argentina enfrentan el mismo shock externo, aunque difieren en su capacidad de respuesta: Argentina muestra mayor exposición a la volatilidad de costos, mientras que Chile, pese a su mayor estabilidad, enfrenta limitaciones por su dependencia energética y geografía.

En Brasil o México -con mayor diversificación energética-, la eficiencia logística, la optimización de rutas y la adopción de tecnología se consolidan como factores determinantes para sostener la competitividad en un entorno cada vez más desafiante.

En este escenario, las empresas adoptan distintas estrategias para mitigar el impacto. Algunas buscan renegociar contratos con proveedores logísticos, mientras que otras ajustan frecuencias de entrega o reducen stocks.

En muchos casos, la eficiencia operativa deja de ser una opción para convertirse en una necesidad. Así, algunas compañías comienzan a acelerar la adopción de tecnología para optimizar rutas, reducir kilómetros recorridos y mejorar su estructura de costos.

Sin embargo, el margen de maniobra es limitado. Y la preocupación por la cadena de abastecimiento crece. Desde el sector transportista advierten que, sin una actualización de tarifas acorde a los nuevos costos, el riesgo de interrupciones en el servicio es real.

"Si las tarifas no se adecuan, el sector no podrá seguir operando. No es una amenaza, es una imposibilidad fáctica. El desabastecimiento es el riesgo final si no se toman medidas urgentes", señalan desde la Fadeeac.

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