3 de septiembre 2009 - 00:00

Inquietante recreación de dura historia real

Monica Bellucci y Luca Zingaretti encarnan a los actores italianos Luisa Ferida y Osvaldo Valenti fusilados por la Resistencia por supuestos vínculos con el fascismo en un film que, aunque algo extenso, recrea bien aquel drama real.
Monica Bellucci y Luca Zingaretti encarnan a los actores italianos Luisa Ferida y Osvaldo Valenti fusilados por la Resistencia por supuestos vínculos con el fascismo en un film que, aunque algo extenso, recrea bien aquel drama real.
«Las vidas privadas» (Sanguepazzo, Italia-Francia, 2008, habl. en italiano). Dir.: M.T. Giordana. Guión: M.T. Giordana, L. Colonna, E. Ungari. Int.: M. BeA. Boni, T. Taddei, L. Zingaretti, M. Donadoni, L. Diberti. 

Se fantasean anécdotas, una figura sintetiza varias, se novela un poco, pero el hecho es cierto: casi al final de la guerra, Luisa Ferida y Osvaldo Valenti, artistas populares, se entregaron a la Resistencia, que les hizo un proceso sumario y los fusiló enseguida, por supuesta participación en torturas y evidente adhesión al fascismo. Pesaba mucho la fama de sus vidas disolutas. Diez años después, ella fue reivindicada. Sólo ella. ¿Pero qué tan culpables eran, y de qué cosas, exactamente, eran culpables?

A esta historia se acerca Marco Tullio Giordana, orgulloso hijo y nieto de miembros de la Resistencia, valioso autor de «Los cien pasos» y «La mejor juventud», hombre bien comprometido con su tiempo, de criterio independiente, y hábil para ofrecernos diversos acercamientos a lo que él expone.

Uno, básico, es el de la revisión histórica. En todas partes se cuecen habas, y las pasiones políticas suelen ser malas cocineras. Otro, la figura del artista como encarnación simbólica de algo que a veces le es medianamente ajeno, y como chivo expiatorio cuando ese algo se viene abajo, o la gente confunde al intérprete con lo interpretado. Luego, la reflexión sobre la propia naturaleza de esas personas, tan reconociblemente italianas en sus defectos y virtudes, una mezcla exultante de vitalidad, hedonismo, simpatía, amor, inmadurez, sensualidad, irresponsabilidad, entrega. Por algo fueron populares, por algo encarnaron arquetipos que todavía funcionan: el villano atractivo, la mujer signada por el destino y por su carne débil.

Y ahí nos acercamos a lo más tocante: el melodrama del hombre que no mide sus límites y necesita andar por la cornisa (así se nos presenta, justamente), y la mujer que se desbarranca por seguir a su hombre, lleno de encanto, autoridad varonil, y debilidades (como la cocaína, que lo unió a una lacra de parapoliciales psicópatas todavía famosos en Milán). De fondo, el drama nacional, la duda y la angustia de quienes debían decidir de una y otra parte, el abatimiento de un jefe (personaje real) que por cumplir con su deber descuidó a su familia en el peor momento, etcétera.

En suma, una historia atractiva, inquietante, muy bien actuada y ambientada, y que además, de modo indirecto, dice también ciertas cosas sobre los discursos del presente. Ya se sabe, ninguna pintura del pasado mira enteramente al pasado. Tampoco nos resulta del todo ajena, ya que, sin llegar al fusilamiento, aquí también, más de una vez y bajo muy distintos gobiernos, pasaron cosas similares (léase, si no, la investigación de Andrés Insaurralde y César Maranghello «Fanny Navarro, un melodrama argentino», sobre aquella actriz tan bonita vinculada a Eva Duarte y su hermano).

Por último, se permite también un acercamiento especial para cinéfilos. a los auténticos Valenti y Ferida aquí mismo se los apreció en obras que todavía perduran («La corona de hierro», «La cena de las burlas», «Ettore Fieramosca», «Vanina Vanini», «Abbandono», con el argentino George Rigaud, etc.). El film sintetiza libremente sus carreras, por ahí inventa un premio para ella, y fusiona figuras reales en otras de ficción. Así, el amigo y rival en amores es una mezcla de Luchino Visconti con el hoy olvidado Ivo Perilli, el funcionario comprensivo recuerda al productor Francesco Salvi y al creador de Cinecitta, Luigi Freddi, la imagen captada desde un paquebote es del «Paisá» de Rossellini, las escenas de rodaje aluden al «Enrico IV» y «La locandiera» (a propósito, no había solo teléfonos blancos en el llamado «cine de teléfonos blancos» del regimen fascista). Dura lo suyo, pero vale la pena.

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