• EL GOBIERNO NO ESTÁ OBLIGADO A MANIFESTARSE YA. • PERO SE TEME PRESIÓN DE PEKÍN. El Gobierno de Jinping ya embistió contra EE.UU. y la UE ante la OMC. Temen que sea el prólogo de una guerra comercial. El tema emergerá ya con Trump en la Casa Blanca.
Un día después que venciera el período de transición de 15 años para que China logre que sea reconocida como economía de mercado por los miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC), presentó una reclamación contra EE.UU. y la Unión Europea, precisamente, por los métodos de comparación de precios utilizados en los procedimientos de antidumping. El lunes pasado le informó a la Secretaría General de la OMC que solicitó la celebración de consultas en relación con los métodos de cálculo especiales utilizados por EE.UU. y la UE en los procesos de antidumping. Las consultas dan a las partes la oportunidad de debatir la cuestión y encontrar una solución satisfactoria sin llegar al litigio. Claro que transcurridos 60 días, si las consultas no han permitido resolver la diferencia, el reclamante puede pedir que la resuelva un grupo especial. O sea, se inicia un panel, donde un grupo de trabajo intentará zanjar el diferendo. De modo que el tema estará en el tapete ya con Donald Trump a cargo de la Casa Blanca.
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Cabe señalar que el domingo pasado venció el período de 15 años acordado para que China llevara a cabo reformas para dejar de ser considerada economía de no mercado. Pero esto no obliga a los países de la OMC a expedirse automáticamente sobre el reconocimiento a China. Por ello el Gobierno de Xi Jinping ni lerdo ni perezoso, ante las manifestaciones de la administración Obama de que no le reconocerían el estatus de economía de mercado, se presentó ante la OMC.
Hay dos visiones sobre este tema, donde la más pesimista augura una guerra comercial mundial.Lo cierto es que no parece haber apuro en la mayoría de los países por reconocer el estatus a China. Pero el gigante asiático tiene varias armas con que contraatacar, como por ejemplo sus cuantiosas reservas internacionales y su poder de fuego comercial, en términos de importaciones. Trump manifestó en la campaña que iría contra China para corregir el déficit comercial, pero todo puede cambiar de tono una vez sentado en el Despacho Oval. Además China puede presionar, redireccionando compras desde EE.UU. a otros mercados. Pero esto recién comienza y habrá que esperar a marzo para ver cómo evoluciona la reclamación china.
Sin embargo, en Argentina el tema genera inquietud en el sector empresario, sobre todo ante la aparente inacción del Gobierno. No está del todo claro quién está a cargo de este tema, pero la entrada en vigor del Convenio Marco firmado en 2014, y de sus respectivos acuerdos, genera confusión entre los empresarios locales. Un alto ejecutivo de uno de los grupos locales más importantes que sigue muy de cerca el tema desde hace décadas explicó a este diario que reina la confusión en el sector privado porque no se conoce la agenda oficial sobre el devenir de esta negociación. Destaca que el Convenio Marco brinda una serie de concesiones a China a cambio de reequilibrar la balanza comercial. Pero aquí ya surge un cortocircuito. Porque cuando se negoció el Convenio, para la Argentina el déficit comercial con China era cercano a los u$s 6.000 millones. Sin embargo China ahora habla de que el rojo es de unos u$s3.000 millones. De modo que las concesiones otorgadas a China, habrían quedado sobredimensionadas frente al déficit que reconoce el gigante asiático. Por ello, el Gobierno argentino celebró este año un acuerdo con su par chino para armonizar las estadísticas del comercio exterior, tarea en cabeza del INDEC a nivel local. A esto se suma cierta desazón del sector privado, que lamenta no haber sido convocado para explicar los pros y contras de este delicado tema del estatus chino. Cabe recordar que China, al constituirse como una especie de prestamista de última instancia para el BCRA años atrás, aprovechó este rol para sacar partido de la negociación bilateral. No se trata sólo de las dos represas en Santa Cruz sino de la participación china en toda obra de infraestructura, lo cual no guardaría reciprocidad, o sea, no hay un espejo en el respectivo acuerdo a favor de Argentina.
Pasó el 11-D. China ya reaccionó. Lo peor es desatar una guerra comercial y de divisas.
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