Insólito: piquetero dice que Cristina se va si pierde

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Fue una voz solitaria pero detonó un revuelo. Emilio Pérsico, piquetero y funcionario K, agitó ayer la teoría del caos al anticipar que ante una eventual derrota en las elecciones del 28 de junio, Cristina de Kirchner dejará el Gobierno en manos de Julio Cobos.
«Si perdemos, entregaremos el Gobierno y que siga gobernando Cobos» sacudió Pérsico, jefe del Movimiento Evita y subsecretario de Alicia Kirchner y con una butaca, virtual como todas en el PJ nacional -sólo se reunió dos veces- que preside Néstor Kirchner.
Pérsico no arrastró una lluvia de respaldos, pero tampoco un coro de negadores. Apenas, al pasar, Florencio Randazzo, dijo que no compartía el fatalismo del piquetero, pero descargó sobre la votación de junio un arsenal simbólico: «Se decide qué país queremos».
Todo se explica: Pérsico, especie ultra y silvestre del universo K, decodificó -o fue notificado- de una táctica extrema que explora Néstor Kirchner de recurrir al factor miedo, con el trasfondo de la debacle económica, como recurso electoral.
Apuesta
Simple: en tiempos de crisis, teorizan en la Casa Rosada con letra que fluye de Olivos, el votante medio se vuelve más conservador y tiende a preservar el statu quo. A su modo, Kirchner apuesta a una versión K del «voto cuota» que explotó Carlos Menem en el 95.
Ese escenario potencia, juran, las chances del patagónico en las urnas. Dice el manual K: «Kirchner es el dirigente que sacó al país de la crisis por eso, ahora, se convierte en el mejor candidato». La fantasía y el conteo de votos operan en dimensiones diferentes.
Todo, claro está, se vincula. La bravuconada de Pérsico -que de manera sintomática aseguró que sus afirmaciones no respondían a una «estrategia electoral»- alumbró al amanecer del supermiércoles en el que el Gobierno enfrentó tres frentes críticos.
El piquetero amenazó con un desgobierno, a horas de que el oficialismo enfrente la votación por el adelantamiento electoral en Diputados, una marcha por más seguridad en Plaza de Mayo y lance su proyecto de reforma de la Ley de Radiodifusión.
Anoche, la Casa Rosada, era una fiesta. Se combinaron los 136 votos a favor de mudar la elección al 28 de junio, la escasa concurrencia que logró la movilización contra la inseguridad y el marco ordenado que rodeó el anuncio de Cristina de Kirchner en La Plata.
En el Gobierno, luego de la sanción en la Cámara baja, se afirmaba que en Senado el trámite será veloz y sin sorpresas. Aunque no responda a una traspolación lineal, ese caudal de manos K induce al oficialismo a pensar que podrá avanzar con la ley de medios.
De todos modos, ese proyecto será menos irritante de lo que se supone. Además quedará para después de la elección.
El tercer episodio, la marcha por la seguridad, dejó de preocupar a media tarde cuando informes de la Policía Federal y la Secretaría de Inteligencia, anticiparon que la concurrencia sería acotada. A las 17.30, se habló de 2.900 personas. La cifra, igual, fue mayor ya que superó las 10.000 en Buenos Aires, y más en el interior.
Así y todo, el ministro de Justicia y Seguridad, Aníbal Fernández, se quedó toda la tarde en su despacho. No fue al acto de La Plata para seguir on line los detalles de la concentración y los discursos del rabino Sergio Bergman y el sacerdote Guillermo Marcó.
El speach político de Bergman, con alusiones al «después de Kirchner», le valió un apodo que lo emparda con la jefa de la Coalición Cívica (CC) Elisa Carrió.
Despegue
Al atardecer, cuando el número en Diputados parecía garantizado, y se había esfumado el fantasma de un segundo Blumberg, asomaron algunos refutadores de Pérsico, al menos en el capítulo referido al abandono anticipado del Gobierno en caso de una derrota. (También dijo que Kirchner será candidato a diputado por Buenos Aires).
En el Congreso, sin mandato de Olivos, una ristra de legisladores K reaccionó contra esos dichos. Un caso. «El peronismo gobierna hasta el último día. Sólo se fue antes cuando hubo un golpe. Además, en junio tendremos un triunfo arrollador», dijo Ariel Passini.
A su vez, un intendente del PJ del conurbano, habitual vocero de un grupo de alcaldes, también se despegó de la postura de Pérsico. «Un delirio» tituló. Se sabe: entre los caciques del peronismo y los piqueteros no hay, jamás hubo, una relación cordial.
Más relajados, en Gobierno, tarde, ni siquiera le daban entidad a la parrafada de Pérsico. Las temores del día se habían disipado y la teoría de «yo o el caos» valía, a esa hora, menos que al arrancar el supermiércoles.

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