13 de abril 2009 - 00:00

Intentan que a cruceros los manejen expertos

La Argentina y Chile harán una presentación conjunta en la XXXII Reunión Consultiva del Tratado Antártico (RCTA) para que los cruceros turísticos que visitan el continente helado tengan capitanes adiestrados en la navegación por hielos.
Baltimore (estado de Maryland) recibió desde el 6 de abril y hasta el 17 de este mes, a delegados de los países miembro del Tratado del Antártico. El Tratado fue firmado en 1959 por la Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Francia, Japón, Nueva Zelanda, Sudáfrica, la entonces Unión Soviética, Reino Unido y Estados Unidos, y a lo largo de los años se ha ampliado hasta alcanzar los 47 estados parte.
El Centro de Convenciones de Baltimore, un predio de casi una manzana adaptado para ferias y congresos públicos y privados, es la sede de las deliberaciones de la edición número 32 de la RCTA que es el foro más importante en la regulación del Sistema del Tratado Antártico. De allí surgen y se adoptan (sólo por consenso) las políticas globales que se implementan en la Antártida.
El país está representado por el director nacional del Antártico, Mariano Mémolli, el presidente del Instituto Antártico Argentino (responsable de la política de investigaciones científicas), Sergio Marenssi y diplomáticos del área, quienes supervisan la actuación de los dos primeros por encargo del canciller Jorge Taiana.
El sistema del Tratado reconoce dos categorías de miembros: los Miembros Consultivos, participan con voz y voto en las Reuniones Consultivas (son los 12 países signatarios originales a los que se suman los Estados que cumplieron con los requisitos -realizar investigaciones en la Antártida o haber construido una base- y adquirieron el status de Partes Consultivas); y los Miembros Adherentes, son aquellos Estados que firmaron el Tratado, aunque no realizan actividad antártica por el momento.
La preocupación central de los asistentes a la RCTA pasa por: el incremento del turismo, el daño medioambiental, los mecanismos de búsqueda y rescate, y el cambio climático, entre otros. El turismo antártico se puso en el foco luego de 4 accidentes de navíos ocurridos en el período de un año. Esos incidentes desnudaron en esta Reunión Consultiva el meollo: la oposición de intereses económicos de la industria turística y los de protección del ambiente sustentados por los países Consultivos y adherentes al Tratado. El problema radica en que gran parte de los operadores turísticos son de países Consultivos y emplean cruceros con bandera de estados no firmantes del Tratado. Cuando ocurre un siniestro, fue el caso del Explorer (de bandera Liberiana) que se hundió tras colisionar con un témpano, no hay herramientas jurídicas que permitan accionar ni reclamar por el daño al ecosistema.
El siniestro del Explorer impulsó varias propuestas. La Argentina y Chile buscan garantizar la expertise de los capitanes y de las tripulaciones para la navegación segura en aguas restringidas por hielos y bajíos que muchas veces no están cartografiados.
Se recomendará la realización de cursos de entrenamiento para navegar en la Antártida que ya se imparten tanto en la Armada Argentina como en la trasandina. En caso de que el crucero no disponga de un capitán adiestrado (dos años de experiencia antártica) se propondrá que en los navíos turísticos de gran porte embarquen «prácticos» (capitanes locales especializados en navegación por hielos). Y también la elaboración de una normativa que haga exigible a las naves turísticas el uso de localizadores satelitales y la comunicación periódica de la posición geográfica del buque en cuestión. Estos datos son vitales para planificar la búsqueda y el rescate luego de un accidente. Semanas antes de la cumbre en Baltimore los secretarios ejecutivos del Tratado Antártico en Buenos Aires, Johannes Huber, y del Consejo de Representantes de Programas Nacionales Antárticos, Antoine Guichard, visitaron la Base Naval de Puerto Belgrano. Querían interiorizarse de las actividades que lleva a cabo la Armada en tareas de búsqueda y rescate (SAR), verificar in situ en qué condiciones estaban los buques y los sistemas asociados (comunicaciones, logística, nivel de apresto, etc). Ninguno desconoce el impacto que hizo el recorte de Presupuesto (más del 20 por ciento) en el nivel de operatividad de la fuerza.
«Los países miembro del Tratado Antártico están preocupados por el creciente tráfico en la zona de la Antártida, por lo que el trabajo SAR es un tema muy importante durante las reuniones que realizamos», explicó Huber. La mayoría de ellos no están ubicados cerca del territorio antártico y la responsabilidad recae entonces (por proximidad geográfica) en dos: la Argentina y Chile. Los otros con jurisdicción SAR en la Antártida son: Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica.
Estados Unidos impulsa la iniciativa de limitar el tamaño de los buques turísticos que visiten el continente helado y aumentar los estándares de seguridad de los botes salvavidas de los cruceros. El riesgo mayor está en los supercruceros que además no tienen el casco reforzado que les permite soportar el impacto de un témpano. Las estadísticas de la Asociación Internacional de Operadores Turísticos Antárticos (IAATO, acrónimo en inglés) que participa como observador en las deliberaciones de Baltimore, muestran que el número de turistas que visitaron el continente blanco, por mar o por aire, ascendió de 6.704 en la temporada 1992/1993 a 67.000 pasajeros en la temporada de 2007-2008.
La Organización Marítima Internacional (OMI), organismo de las Naciones Unidas radicado en Londres que elabora medidas relativas a la seguridad marítima, emitió una recomendación reciente que atizará el debate interno entre los países del Tratado y los operadores turísticos. Se trata de la prohibición de usar combustibles pesados, sea para el consumo de los motores de propulsión o el transporte en aguas antárticas. Es una forma de mitigar el daño ambiental si hay un incidente con escape de hidrocarburos al mar. En lugar del fueloil, altamente contaminante por su densidad que lo hace prácticamente imposible de dispersar, los miembros de la RCTA tendrán que evaluar si apoyan o no su reemplazo por el gasoil naval, más liviano y fácil de controlar ante derrames accidentales. Aunque el costo de este último es sensiblemente mayor que el fueloil y afectará la ecuación de rentabilidad de los operadores turísticos. De aprobarse la medida, el país tendrá que modificar el contrato de alquiler de los navíos rusos para la logística antártica. El buque polar Golovnin y el rompehielos Kapitan Klebnicov contratados para la campaña antártica 2008-2009 usan fueloil pero pueden funcionar con gasoil, que incrementará el costo de la licitación.

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