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Interrogantes que plantea el caso chipriota
En cuanto al contagio por ahora parece poco probable que la crisis bancaria que sacudió a Chipre se repita en otros países como Grecia o España. Aunque estos países aún están lejos de haber resuelto sus desequilibrios macroeconómicos la situación del sistema bancario chipriota antes de la crisis no tenía parangón en el resto de la eurozona. Al momento de estallar la crisis los activos de los bancos chipriotas ascendían a 162 mil millones de euros lo que representa casi siete veces el PBI. Además, Chipre funcionaba como una máquina de reciclar fondos no declarados provenientes de Rusia. Además, la economía chipriota representa un 0,3% del PBI de la eurozona. Es cierto que la historia demuestra que muchas veces las crisis se originan en segmentos relativamente insignificantes del sistema (tal fue el caso de la crisis de las hipotecas suprime en Estados Unidos). Pero también es cierto que muchas veces esto ocurre porque la crisis toma a los policymakers por sorpresa. Luego de cinco años de vivir con los efectos de la crisis, quienes toman decisiones de política económica en EE.UU. como en Europa están más preparados para contener el efecto contagio. Sin embargo, es de esperar cierto nerviosismo en los mercados y una profundización de la fuga de capitales hacia sistemas bancarios más sólidos y mejor regulados (fenómeno que por otra parte ya estaba en marcha). Si existe riesgo de contagio, quizás venga más por el lado de Rusia, que utilizaba a Chipre como un paraíso impositivo y de lavado de dinero. Todavía no está muy clara la verdadera magnitud de la exposición rusa a los bancos chipriotas.
La respuesta al segundo interrogante obviamente tiene implicancias directas sobre el primero. El ministro de finanzas de Holanda, Jeroen Dijsselbloem, que actualmente preside el eurogrupo (foro de los ministros de finanzas de toda la eurozona), ha dicho públicamente que la solución adoptada en Chipre servirá como guía para otros países de la eurozona que precisen ayuda por problemas derivados de un sector financiero débil o sobredimensionado. Algunos funcionarios del Banco Central Europeo lo han desmentido rápidamente. Sea como fuere, a diferencia de lo que ocurrió con Grecia la solución impuesta por la "troika" para resolver la crisis bancaria en Chipre empieza a tener color argentino (y sienta un mal precedente). Además del feriado cambiario y un "corralito", contempla una confiscación significativa para aquellos depositantes con más 100.000 en los bancos. Pero dada las particulares características del sistema bancario chipriota es improbable que una solución tan drástica sirva como modelo para otros países como Grecia o Portugal, y menos aún para España. Chipre claramente es un caso especial. De cualquier manera es un precedente preocupante.
A pesar de esto queda la duda de si vuelve la "represión financiera". El término fue acuñado por el economista Ronald McKinnon a principios de los setenta. Básicamente, describe una política económica que busca reducir a la fuerza el costo de financiamiento de la deuda pública (y apropiarse de fondos que de otra manera financiarían al sector privado). La represión financiera exhibe las siguientes características: 1) control estricto o topes sobre las tasas de interés, 2) un sistema bancario con altas barreras a la entrada y dominado por la banca estatal, 3) altos niveles de reservas bancarias, 4) un mercado local cautivo para financiar al gobierno, y 5) controles de capitales. Este último elemento es esencial ya que sin él, se produciría una masiva fuga de capitales. Si el gobierno logra financiarse a tasas reales de interés negativas, con el paso del tiempo consigue "licuar" el valor real de su deuda. Es decir se trata de un mecanismo para reducir el peso de la deuda pública en la economía a costa del ahorro privado. Todo esto es algo que los argentinos conocemos muy bien.
Las medidas impuestas por el gobierno chipriota para acceder al préstamo de rescate claramente "huelen" a represión financiera. Especialmente la confiscación de depósitos, el extenso feriado cambiario, el "corralito" y los controles de capitales. En principio estas últimas dos medidas son de carácter temporario. Pero nadie sabe si cuando se levante el feriado no se producirá una corrida bancaria. Además, este tipo de medidas, si se extendieran en el tiempo, son incompatibles con la pertenencia a la eurozona (al menos con las reglas existentes). Y si Chipre abandona la eurozona las consecuencias pueden ser mucho más serias (y el efecto contagio mucho más probable). Ricardo Caballero, el distinguido economista de MIT, hace poco advirtió que si algún país sale de la eurozona la crisis europea "se argentinizará.
Obviamente la cuestión importante no es si en Chipre existe o no represión financiera sino si este país, con estas medidas (impuestas desde Bruselas), está inaugurando una nueva era de represión financiera que se extenderá por el resto del mundo desarrollado. Hace algunos meses el economista Kenneth Rogoff advirtió que el mundo avanza en esa dirección. Según Rogoff, "va a haber un retroceso de la liberalización financiera, tanto para reducir el riesgo de que ocurra otra crisis como para asegurar el financiamiento de gobiernos dispendiosos."


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