Ira sobreactuada sin eco entre vecinos

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La Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) podría estrenar su secretaría general brindándole al mundo el espectáculo de una discordia continental. La posibilidad de que algunos de sus miembros boicoteen la próxima Cumbre Iberoamericana (Madrid, 17 de mayo), en repudio a la asistencia a la misma del nuevo presidente de Honduras, no sólo carece de unanimidad en la propia Unasur sino que podría incomodar a los países centroamericanos, a los que nadie parece además haber pensado en consultar al respecto.

Honduras fue excluida de la Organización de Estados Americanos (OEA) y de otras entidades regionales luego del golpe de Estado que derrocó al presidente Manuel Zelaya. Este no fue restituido en su puesto, sino que nuevas elecciones consagraron presidente a Porfirio Lobo cuyo Gobierno no ha sido reconocido aún por varios países de la región.

Curiosamente, el abanderado de la causa de la vuelta de Honduras tanto a la OEA como al Sistema de Integración Centroamericana (SICA) es el presidente de El Salvador, Mauricio Funes, un periodista que llegó a la primera magistratura de su país como candidato del ex movimiento guerrillero Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional. Pese a su filiación izquierdista, el mandatario salvadoreño no se ha encolumnado en el socialismo del siglo XXI y ha dado varias señales de acercamiento a Washington.

Funes, que pidió formalmente a todos los miembros de la Unasur el reconocimiento al Gobierno hondureño, no está solo. Los países centroamericanos, con la sola excepción -relativa, como se verá- de la Nicaragua del ex comandante sandinista Daniel Ortega, abogan por la normalización de las relaciones con Honduras.

En marzo pasado, Funes y su par de Guatemala, Álvaro Colom, se comprometieron a redoblar los esfuerzos para lograr el reconocimiento internacional del Gobierno de Lobo y su retorno a la OEA y a hacer gestiones ante el BID para que libere préstamos a ese país por u$s 500 millones. «Es un trabajo que tenemos todos los centroamericanos para que vuelva la normalidad a la región», explicó Colom.

El 29 de julio próximo el SICA discutirá el reingreso de Honduras, algo que ya cuenta con el apoyo de Guatemala, Costa Rica, El Salvador, Panamá y la República Dominicana. «Queremos a Honduras plenamente reincorporado», dijo Laura Chinchilla, la flamante presidente costarricense.

En cuanto a la actitud del presidente nicaragüense, ésta debe ser matizada. Si bien se niega aún al reconocimiento político por considerar ilegítimo de origen al Gobierno de Lobo, Daniel Ortega prometió desde un primer momento no aislar económicamente a Honduras. Y a comienzos de abril, a instancias de Funes y Colom, Ortega recibió a Porfirio Lobo, en lo que fue visto como un primer paso hacia el reconocimiento. En un comunicado conjunto tras la reunión, ambos presidentes expresaron la intención de «trabajar con voluntad para poder restablecer la normalidad en la región». Es obvio que los países centroamericanos tienen un interés concreto tanto en saldar un tema que afecta a la unidad regional, como en cultivar una buena relación con Washington, principal promotor de la reintegración de Honduras al sistema interamericano.

En el caso de El Salvador, el pragmatismo de Funes tiene bases sólidas: Estados Unidos es su primer socio comercial y los más de dos millones de salvadoreños que residen en ese país envían remesas por u$s 2.000 millones anuales, lo que representa entre un 18% y un 20% del PBI de la pequeña Nación centroamericana.

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