17 de junio 2011 - 00:00

Irrepetible concierto de cámara

Orquesta de Cámara de Mu(D. Giglberger, concertino). Solista: C. Oelze, soprano. Obras de G. B. Pergolesi, D. Shostakovich, C. P. E. Bach y A. Schönberg (Mozarteum Argentino..Teatro Colón, 14 de junio).

Entre la profusa actividad musical de Buenos Aires, hay conciertos que trascienden el mero acontecimiento social y artístico para convertirse en una experiencia metafísica. Exactamente eso sucedió con el tercer concierto del ciclo del Mozarteum Argentino, quien esta semana presentó en el Teatro Colón a la Orquesta de Cámara de Munich, organismo fundado en 1950 (que contó entre sus directores a Christoph Poppen), y a la gran soprano alemana Christiane Oelze.

Con un programa poco frecuente, que planteó un diálogo entre los siglos XVIII y XX al incluir en ambas partes del programa obras de esos dos períodos, los músicos de la Orquesta bávara dieron una lección de perfección técnica y compromiso musical tanto individual como colectivo. En la cantata «Orfeo» para soprano, cuerdas y continuo de Giovanni Battista Pergolesi, y secundada de manera inmejorable por el ensamble instrumental, Oelze llevó a la audiencia al primer deslumbramiento.

Es posible advertir una paradoja en esta cantante: lo extraordinario en ella es que su voz de soprano lírica no reviste características fuera de serie pero le permite para alcanzar cimas expresivas pocas veces logradas, y cualquier reparo técnico que pudiera ponerse queda empequeñecido ante su estatura artística.

Obra de una profundidad aterradora, la «Sinfonía de cámara en Do menor» opus 110 de Dimitri Shostakovich, en realidad un arreglo hecho por Rudolf Barshai del célebre «Cuarteto» número 8, tuvo en la versión de la Orquesta de Munich una variedad inigualable de colores y dinámicas. Desde el estatismo del sonido sin vibrato elegido en algunos segmentos hasta el furor desgarrado de otros, cada nota de esta partitura fue en las cuerdas de la OCM el fonema de un discurso inolvidable.

Se lucieron especialmente dos músicos prodigiosos: el concertino Daniel Giglberger y el solista de cello, Olivier Marron. Tras la primera de las Sinfonías de Hamburgo de Carl Philipp Emanuel Bach, impecablemente vertida, llegó la versión para orquesta de cuerdas del segundo cuarteto opus 10 de Arnold Schönberg, en el que audazmente el compositor incluyó dos poemas de Stefan George cantados por una voz de soprano.

Oelze (que además de una reconocida intérprete de música barroca lo es del repertorio del siglo XX) logró en esta interpretación no sólo una entrega asombrosa sino fundirse totalmente con el conjunto, por ejemplo en el inicio del último movimiento donde tanto su voz como las cuerdas se despojaron de todo vibrato.

Pareció que después de la intensidad de lo que acababa de vivirse sería imposible escuchar algo más, pero Oelze y los músicos regalaron todavía el aria «Ombra mai fu» de la ópera «Serse» de HTMndel.

M.P.

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