Según el periódico, la operación bautizada Código Verde se efectuó en el desierto del Negev, en el sur del país, para de medir los efectos sobre la población y el medio ambiente de un eventual ataque con una "bomba sucia", es decir, aquella en la que se combina explosivos convencionales con material radiactivo, pero sin tener el mismo poder destructivo de un arma atómica.
El experimento fue de carácter defensivo, explicaron a Haaretz, y se desarrolló por temor a que grupos terroristas puedan un día recurrir a ese tipo de ataque.
Un ataque de ese tipo, no obstante, nunca fue llevado a cabo por terroristas; aunque el material radiactivo está disponible en los sectores médicos e industriales.
De acuerdo con las conclusiones, los altos niveles de radiación se registran en el centro de las explosiones y se observan bajos niveles de dispersión de las partículas arrastradas por el viento.
Según el periódico, las bombas más pequeñas eran de 250 gramos y las más grandes, de 25 kilos junto con una sustancia radiactiva común conocida como 99mTc, que se utiliza para la producción imágenes médicas. En zonas abiertas, según estos experimentos, las repercusiones mayores de las "bombas sucias" serían de carácter psicológico.
Una prueba adicional, denominada "Red House", fue diseñada especialmente para examinar un tipo de escenario en el que la "sustancia" es colocada en un espacio público lleno de gente. Seis ensayos se realizaron con el material mezclado con agua en el sistema de ventilación de un edificio de dos pisos en una base de la Defensa Civil del Ejército, simulando un centro comercial. Desde el punto de vista de los atacantes, el método resultó inefectivo, porque la mayor parte de la radiación se quedó en los filtros del aire acondicionado, informó Haaretz.
En los últimos años, el Gobierno de Benjamín Netanyahu advirtió que Irán estaba patrocinando a grupos terroristas que podrían emplear "bombas sucias" contra blancos israelíes.
| Agencia ANSA y Ámbito Financiero |


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