Italia despide a Francesco Rosi, figura del cine político

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 Convertida en capilla ardiente, la Casa del Cinema, de Roma, rinde hoy el último homenaje al director Francesco Rosi, gran figura del cine político italiano, muerto el sábado mientras dormía, a los 92 años. En los últimos años había recibido infinidad de homenajes, incluyendo los premios a la trayectoria en Berlín y Venecia, pero nada compensaba el dolor por la muerte de su esposa en un incendio.

Su consuelo eran las visitas de su hija, la actriz Carolina Rosi, y sus discípulos Marco Tullio Giordana ("La mejor juventud"), Roberto Andó y Giuseppe Tornatore, que hace pocos meses publicó, por suerte, una extensa charla con su maestro: "Io lo chiamo cinematografo", (ed. Mondadori).

"La combatividad y el coraje de su cine hacían todo uno con la pasión cívica de un hombre libre e independiente, de constante y coherente empeño democrático", declaró su amigo de infancia Giorgio Napolitano, actual presidente de la República, de 89 años. Ambos integraron la Resistencia durante la Segunda Guerra, y luego empezaron a estudiar Derecho. Sólo que Napolitano se hizo abogado, y miembro del Partido Comunista Italiano (al que luego renunció) en tanto Rosi se hizo ilustrador de libros infantiles y director de cine y nunca se afilió a ningún partido. El hizo política sólo como ciudadano, con claras y documentadas denuncias sobre los entramados de la mafia y la política, en obras como "Saqueo a la ciudad" ("Le mani sulla cittá, negocios inmobiliarios de la camorra), "Salvatore Giuliano" (el carismático bandido vinculado al contrabando y la "mano de obra" de la derecha), o "El caso Mattei" (la extraña muerte del avanzado presidente de la ENI, equivalente italiano de YPF).

Esos films, de enorme popularidad, eran verdaderas crónicas de investigación, expuestas además con hermoso estilo y vibrante energía. Por supuesto, también hizo, y muy bien, otro tipo de cine, como "Kean, genio y figura", a medias con Vittorio Gassman, "Carmen" con Placido Domingo y Julia Migenes-Johnson, o "La tregua", basada en el libro homónimo de Primo Levi sobre su largo viaje a casa, "egresado" del campo de concentración de Monowice, Polonia.

Esa fue su despedida como director, en 1997. Había empezado en 1948 como asistente de dirección de Luchino Visconti en "La terra trema". Aprendió luego con Raffaello Matarazzo, Luciano Emmer ("Paris, siempre Paris", donde también empezó a ejercer como guionista), Michelangelo Antonioni, Luigi Zampa y Mario Monicelli. En 1952 suplantó al veterano Goffredo Alessandrini en el drama histórico "Camicie rose", sobre el ejército garibaldino, con Anna Magnani como Anita Garibaldi. Luego vendrían "La sfida", "Los maleantes", "Saqueo a la ciudad", "El momento de la verdad", "El asalto final" ("Uomini contro", episodio de la Primera Guerra), "Lucky Luciano, rey de los padrinos", "Cadaveri eccelenti", etc., y dos obras de hermosa madurez: "Cristo se detuvo en Eboli", 1979, y "Tres hermanos", 1981.

P.S.

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