5 de agosto 2013 - 00:00

Italia, de Londres a la Argentina con música

El prestigioso clavecinista  argentino Federico Ciancio participó del concierto barroco en el Museo Isaac Fernández Blanco.
El prestigioso clavecinista argentino Federico Ciancio participó del concierto barroco en el Museo Isaac Fernández Blanco.
"Violinistas italianos en Londres". Nicholas Robinson, violín. Eva Sola, violoncello. Federico Ciancio, clave. (Museo de Arte Hispanoamericano Isaac Fernández Blanco, 3 de agosto).



El apogeo del barroco italiano en la Londres de la primera mitad del siglo XVIII y la obra de los violinistas que hasta allí llegaron fue el hilo conductor de un brillante concierto en el marco del ciclo del Museo Isaac Fernández Blanco, que ya transita su decimoséptimo año de actividad. La propuesta llegó de la mano de tres exquisitos especialistas del período: el inglés Nicholas Robinson y los argentinos Eva Sola y Federico Ciancio.

La afluencia de violinistas italianos a Inglaterra, donde la cultura peninsular constituía en aquel período un auténtico furor, fue un fenómeno tan notable como natural. Robinson, uno de los más respetados y activos profesionales del violín barroco en Europa, ha recorrido el camino inverso, ya que reside desde hace varios años en Italia.

Integrado por sonatas de Francesco Geminiani, Giovanni Stefano Carbonelli, Carlo Zuccari, Carlo Tessarini y Francesco Maria Veracini, el programa permitió tener un panorama de un riquísimo período y del apogeo de su escuela violinística.

El trío que conformaron aquí Robinson, la cellista Eva Sola (también radicada en Italia y colaboradora de numerosos ensambles barrocos en Europa y Argentina) y el clavecinista Federico Ciancio, de gran prestigio y actividad en nuestro medio, mostró una comunión perfecta. Las cinco sonatas para violín y bajo continuo con un clímax absoluto en la bella y original "Sonata accademica" número 12 de Veracini- fueron acometidas por Robinson con sabiduría y musicalidad insuperables, desde la cantabilidad de los movimientos lentos hasta el virtuosismo más desenfrenado, siempre con el sustento sólido y no menos musical de Sola y Ciancio, quienes por su parte brillaron en la "Sonata para violoncello" opus 5 número 3 de Geminiani. Como único bis los músicos ofrecieron una pequeña joya: un aire irlandés de Geminiani, vertido con idéntica gracia y perfección.

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