13 de septiembre 2011 - 00:00

Juicio final el sábado a la deuda griega

Mañana regresa el equipo técnico de la Troika (FMI-UE-BCE) a Atenas en una semana que es determinante para Grecia. La misión vuelve para ver si les aclaran las cifras que no supieron explicarles la semana pasada, razón por la cual se marcharon abruptamente. Pero ocurre que el sábado se reúne el eurogrupo, seguramente, para decidir qué hacer con Grecia en caso de que la Troika no emita un informe favorable para el siguiente desembolso de 8.000 millones de euros.

La economía griega se está contrayendo más del 7% cuando en el peor escenario se esperaba una caída del 5%. Esto ya es socialmente insoportable e ingestionable. Éste es el principal argumento para que finalmente el Gobierno heleno claudique y anuncie el default o incluso salga del euro, devaluando abiertamente e incumpliendo contratos de préstamo internacionales (como la Argentina 2001 y varios otros países anteriormente).

Nuevo impuesto

Por el momento, Grecia corre detrás de su suerte. El fin de semana aprobó un nuevo impuesto sobre las propiedades inmobiliarias con el que podría, teóricamente, recaudar unos 2.000 millones de euros y cubrir así el agujero de 1.700 millones que detectó el equipo de la Troika hace unos 10 días. Pero el problema es el clima social enrarecido por el alto desempleo y la recesión económica, sin ninguna perspectiva de mejora para los próximos años. Está claro que si no consigue reencauzar la situación en cuestión de días, la única salida será el default o el abandono voluntario del euro para poder devaluar y poder recuperar competitividad vía precios, que permita crecer y crear empleo.

Posible quita

Así las deudas se redenominarían a un nuevo dracma, más allá de lo que digan los préstamos y contratos. Sin embargo, los analistas vislumbran como lo más probable una quita en torno al 70% más que una salida del euro. Claro que como la confiabilidad en las estadísticas griegas sigue siendo un problema central, se entiende que Alemania haya perdido la paciencia y bloquee la entrega de este tramo de asistencia a Grecia o el siguiente, lo que representaría un punto sin retorno.

Esto explica la celeridad con que los alemanes y franceses, mayores tenedores de bonos griegos, procuren blindar a sus bancos ante la resolución de la crisis griega.

Después de tanto tiempo, el mercado exige ya un desenlace que permita vislumbrar un horizonte más claro y con cierta expectativa. Si el default de Grecia o incluso su abandono del euro lo facilita, no será tan dramático. Alemania ya barajó ese escenario y le inquieta más el efecto dominó (Portugal, Irlanda y España). En este contexto, la salida del alemán Juergen Stark del BCE, que era uno de los «halcones» contrarios a mayores compras de bonos de los países periféricos en problemas, incrementa la probabilidad de que el ente monetario europeo vuelva a las andanzas y ello facilite el corto plazo, aunque esto desnude su menor rigurosidad, lo cual tendrá un impacto en el euro.

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