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Julio Le Parc y arteBA marcaron la agenda
El ministro Hernán Lombardi y el artista Julio Le Parc, quien donó su magnífica obra “La esfera azul” al CCK.
Hoy nuestro artista tiene sus años -nació en 1928-, pero disfruta de la vida. Su arte es didáctico: le enseña a la gente a gozar del placer retiniano y una de sus consignas artísticas es "prohibido no tocar", que vaya si la pone en práctica cuando encuentra gente que quiere y le gusta, como su galerista, Estela Totah. Para acompañar a Le Parc estaban su hijo Yamil y las organizadoras de la presentación, Paula González Magrane de Hermès y las operadoras culturales Maia Güemes y Agustina Blaquier, responsables de un menú artístico con variadas formas y una notable escala cromática.
El sorprendente banquete comenzó con un mensaje religioso: hostias, desde luego, sin consagrar. Es decir sin el milagro de convertir, como en cada misa, el pan en el cuerpo de Cristo y el vino en la sangre (aunque, desde ya, vino había por todos lados). Algunos invitados confesaron que estaban habituados a la comunión, mientras otros degustaron una hostia por primera vez en su vida. Entre ellos estaban el embajador de Francia, Jean-Michel Casa, Felisa Larivière, Claudio Stamato, Claudia Stad, Hans Herzog, Sofía Silva Guggeri, Dani Umpi, Esteban Tedesco, Paula Iorio, Erica Roberts, Gino Bogani, Patricia Vergés, Gabriela Urtiaga, Gustavo Castagnino, Amalita Amoedo, Bárbara Bengolea, Charlie Blaquier, Andrés y Canela von Buch, Marga Macaya, Teresa Frías, Alexandre de Royere y el galerista español Guillermo de Osma. En La Rural, y a esa misma hora, terminaba el montaje de la feria, pero hasta Puerto Madero llegaron Alejandro Corres, Alex Oxenford y Julia Converti.
Uno de los temas dominantes de la noche fue la decisión de Le Parc de donar su magnífica obra, la "Esfera azul", al CCK. Ubicada en el espléndido hall central del Palacio del Correo e iluminada con luz cenital, la esfera está compuesta por casi tres mil cuadrados de acrílico de color azul, montados en tanza, cada acrílico mide 13 x 13 cm y 2 mm de espesor, en su conjunto conforman una esfera de 4,5 metros de diámetro. Una estructura metálica permite que la obra esté suspendida en altura en diálogo con el edificio y dando la bienvenida a los visitantes que ingresan al CCK. La obra, de carácter móvil, cambia con la luz y con el aire que circula en el hall del edificio del ex Palacio de Correos y acompaña la arquitectura de este edificio.
De todos modos, el artista espera el momento de emplazar una bella escultura en las calles de la Ciudad de Buenos Aires, y esta vez sí, cobrará sus honorarios: la obra la pagará el banco Citi. También se habló del envío a la Bienal de Arquitectura de Venecia, donde la Argentina presentará el mismo profesional que realizó el pabellón de nuestro país cuando en 2010 fue invitado de honor a la Feria del Libro de Fráncfort. Pero la comidilla fue la primicia de este diario, la compra de "Baile de Tehuantepec", pintura de Diego Rivera, de Eduardo Costantini, publicada el pasado 11 de abril en Charlas de Quincho.
En una subasta en Nueva York, el coleccionista se encontró ante la disyuntiva de decidir entre el Frida Kahlo (pagado 3,2 millones de dólares) y el Rivera que recién ahora se pudo comprar, en el precio también record para el arte latinoamericano de 15,7 millones de dólares. Pero hoy vale la pena mirar las cifras en retrospectiva: si se cotejan con las del arte del Norte delatan la baja cotización del arte latinoamericano, situación que, por otra parte, hoy atrae a los coleccionistas europeos y estadounidenses a nuestra feria. Ellos saben que, finalmente, la calidad se impone, y que en la sociedad transparente del universo global todo tiende a nivelarse.


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