27 de julio 2015 - 00:00

Juntos, Cardoso y Lula podrían apaciguar Brasil

 Brasilia - El ministro Edinho Silva, de la Secretaría de Comunicación Social, indicó el camino ideal para un encuentro necesario entre los dos principales líderes políticos del país.

"En todos los países democráticos es natural que los expresidentes conversen y que muchas veces sean convocados por los presidentes en ejercicio. Es una práctica común en Estados Unidos, por ejemplo", dijo Silva.

En suma: la iniciativa podría partir del Palacio del Planalto para un diálogo suprapartidario en busca de salidas para la crisis política que arrastra tras de sí a la economía del país.

Incluso porque ni Luiz Inácio Lula da Silva ni Fernando Henrique Cardoso participarían de un acuerdo si fuera vendido a la opinión pública como la capitulación de un lado o de otro; si fueran convocados por la presidenta Dilma Rousseff, sería de mala educación negarse.

No faltan motivos para una conversación. Por ejemplo, ¿cómo serán financiadas las campañas políticas en Brasil ahora que los principales donantes, los presidentes de las constructoras, están detenidos?

En la práctica, la operación "Lava Jato" ya produjo un efecto benéfico para la democracia brasileña: terminó con las donaciones empresariales que, dicho sea de paso, son rechazadas por un 78% de los brasileños, según la más reciente encuesta CNT/MDA.

Una segunda cuestión relevante pasa por las relaciones con el Congreso. Un segundo efecto benéfico del "Lava Jato" es la inviabilización completa del uso del Estado como instrumento para la construcción de las mayoría parlamentarias.

Si Cardoso tuvo en el antiguo PFL (Partido del Frente Liberal, de derecha), ahora Dem (Demócratas), del caudillo bahiano Antonio Carlos Magalhaes, el pilar de su gobernabilidad, Lula apostó a las alianzas con el Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB) y agrupaciones políticas menores.

El resultado fueron algunos desastres, como el "mensalão" y la corrupción en Petrobras que investiga el "Lava Jato". Por lo tanto, Lula y Cardoso saben que el presidencialismo de coalición, vigente desde la redemocratización, quebró en el país. ¿Qué vendrá después? Nadie lo sabe.

Los desafíos están a la vista. El primero es una reforma política que acabe con el financiamiento privado, raíz de todos los escándalos. Si no hay almuerzo gratis, las donaciones provocan, en primera instancia, cartelización (en los trenes, en Petrobras) y enseguida escándalos.

El segundo punto fundamental es bajar los costos de la actividad política. No tiene sentido que una campaña para diputado federal pueda costar algunos millones y que esa "inversión" deba ser recuperada en el ejercicio del mandato. Un tercer punto importante sería revisar la desprolija reforma política hecha en la Cámara baja. No hay motivos para terminar con la reelección, aprobada por los electores en los casos de Cardoso, Lula y Dilma.

Si los dos expresidentes son capaces de dar ese paso, los brasileños podrán librarse de la película de terror que aflige al país desde hace más de seis meses.

Se disparó el dólar, las empresas despiden, los empresarios quedan detenidos preventivamente durante meses y las agencias de calificación de riesgo amenazan con rebajar la nota de la deuda nacional; todo eso sin contar las dificultades que el ministro Joaquim Levy enfrenta para hacer avanzar su ajuste fiscal.

Ante un escenario como el actual, hombres públicos responsables buscan ser constructivos, no incendiarios. Lo que está en juego es la propia democracia.

Agencia Brasil247

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