21 de enero 2009 - 00:00

Juró Obama y prometió una ‘‘acción audaz’’ para salvar una economía en colapso

Barack Hussein Obama en el momento de su jura como 44o Presidente de los Estados Unidos. Una imagen para la historia.
Barack Hussein Obama en el momento de su jura como 44o Presidente de los Estados Unidos. Una imagen para la historia.
Washington - A las 12.05, acompañado por dos millones de personas en Washington y por una expectativa internacional que trasciende todas las fronteras, Barack Hussein Obama juró como presidente de Estados Unidos. Es el número 44 de la historia y el primero negro, en un país que padeció la segregación de hecho hasta el segundo tercio del siglo XX. Obama honró a quienes lucharon por la igualdad y definió también sus principales ideas para afrontar una crisis económica sin precedentes cercanos.
«El estado de la economía requiere una acción audaz y rápida, y vamos a actuar», dijo Obama en su inspirador discurso de inauguración pronunciado desde las escalinatas del Capitolio, luego de haber jurado sobre la misma Biblia sobre la que lo hizo Abraham Lincoln en 1861 (ver principales pasajes en página 7). El presidente estadounidense defendió un Estado activo en la economía, declaró «una nueva era de responsabilidad», prometió construir «rutas y puentes, redes eléctricas y líneas digitales», y confrontó de lleno con los escépticos.
«Tienen mala memoria, porque se han olvidado de lo que ya ha hecho este país», remarcó frente a una multitud que lo escuchaba emocionada y que había llegado desde los más diversos pueblos y ciudades, en una demostración de pasión con escasos precedentes en la historia estadounidense.
«La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro Gobierno es demasiado grande o pequeño, sino si funciona», explicó pragmático.
El Gobierno de Obama, sobre el que recae la enorme expectativa de si podrá volver a erigir la deteriorada imagen de Estados Unidos tras ocho años de administración de George W. Bush, deberá afrontar una crisis que plantea alarmas en todos los frentes: desocupación, deudas sociales, déficit fiscal, sistema financiero en colapso e industria jaqueada.
El demócrata advirtió que no cuestiona «la capacidad del mercado para generar riqueza», aunque sí la falta de controles, y prometió «gastar con prudencia».
Desde los suburbios de Chicago, Atlanta, Nueva York o Nueva Orleans, infinidad de negros llegaron a la capital. Se sintieron reivindicados. Hubo lágrimas y sonrisas. Algunos eran transportados en sillas de ruedas, grupos de hombres y mujeres que padecieron lo indecible hasta hace pocas décadas. «Orgullo» fue la palabra más pronunciada por los afroamericanos consultados por Ámbito Financiero. «Cambio» fue el término elegido por el resto de los asistentes.
La multitud se extendió desde los pies del Capitolio por 2,2 kilómetros hasta el Lincoln Memorial. Con un frío intenso, aquí, pese a todo, prevaleció el clima de festejo durante toda la semana. Obama también atrae a la juventud y a familias enteras, y ello le da vitalidad a la esperanza que genera.
En un día sin incidentes, el FBI, el Departamento de Seguridad y los servicios secretos investigaron una «amenaza potencial» de un grupo somalí vinculado presuntamente a Al Qaeda, denominado Al Shabaad.
Ideales
Mientras Bush y Dick Cheney lo escuchaban, Obama también tuvo párrafos para rechazar la idea «falsa de que haya que elegir entre nuestra seguridad y nuestros ideales», y reivindicó «el imperio de la ley y los derechos humanos, una carta que se ha perfeccionado con la sangre de generaciones».
La llegada de Obama, de 47 años, a la Casa Blanca, supone un hecho impredecible hace pocos años. Se trata de un hijo de un keniano que fue educado en la primaria bajo normas musulmanas. En su breve trayectoria política de algo más de una década, ha demostrado un talento innegable para generar confianza en la población.
Obama fue acompañado en todo momento por su esposa Michelle y sus hijas Malia y Sasha. En la ceremonia también estuvieron presentes los miembros de la Corte Suprema y los ex presidentes Jimmy Carter, George Bush padre y Bill Clinton.
Bush y su esposa Laura fueron saludados cordialmente por Obama y Michelle. Los republicanos partieron en helicóptero desde la parte posterior del Capitolio y luego volaron a Texas. En el pueblo de Midland, el republicano recibirá un homenaje, y en breve se ocupará de lleno de George W. Bush Presidential Center, desde el que buscará reivindicar su legado.
Obama almorzó en el Capitolio el menú preferido de Abraham Lincoln y luego participó del desfile hasta la Casa Blanca y que continuó con diferentes presentaciones durante toda la tarde.
Los medios locales anticiparon que entre sus primeras medidas trascendentes están activar el retiro de las tropas de Irak y comenzar a desmantelar la cárcel de Guantánamo en la que están alojados sospechosos de terrorismo, en una situación legal irregular.
En la noche previa a la investidura presidencial, el National Mall era transitado por entusiastas que soportaban una temperatura de 10 grados bajo cero. Familias se agrupaban frente a los estudios móviles de los canales de televisión y saltaban cuando las cámaras los enfocaban. Las aguas de fuentes y lagos estaban congeladas. Como testigos anticipados, los más jóvenes se acercaban, saltando vallas, hasta las inmediaciones del Capitolio.
La historia quiso que tras el que muchos consideran como el peor Gobierno de la historia de Estados Unidos, llegará el primer negro a la Casa Blanca para afrontar la que Obama suele definir como «el desafío más grande desde la Segunda Guerra Mundial». Tendrá poco tiempo para mostrar resultados.

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