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Kazuo Ishiguro: Nobel a un literato de la memoria
La Academia de Suecia volvió a sorprender ayer con un ganador que no estaba en las listas de nadie, aunque sí en el aprecio de muchos. James Ivory lo hizo famoso con la versión de una de sus novelas.
Kazuo Ishiguro. El ganador del Nobel. Debajo, Emma Thompson y Anthony Hopkins en “Lo que queda del día”, sobre una de sus novelas.

"¿Qué ganamos al volver la mirada atrás y culparnos si nuestras vidas no salieron como habríamos deseado?", escribe Ishiguro. "La dura realidad es, sin duda, que para gente como usted o yo hay pocas opciones fuera de dejar nuestro destino, al final de cuentas, en las manos de los dueños del mundo, los que emplean nuestros servicios". Ishiguro ha explicado que ve al mayordomo como una metáfora de la indiferencia emocional y política. Una reseña de la época de su publicación destacó que el autor "revierte cuidadosamente el cliché de 'lo que vio el mayordomo' al construir una novela sobre lo que no vio el mayordomo". Salman Rushdie escribió que "justo bajo la finura de la superficie de la novela hay una turbulencia tan inmensa como lenta, pues 'Los restos del día' es de hecho una subversión brillante a los modos ficticios de los que parece descender en un principio. La muerte, el cambio, el dolor y el mal invaden el inocente mundo de Wodehouse".
Al igual que "Los restos del día", su novela de 2005 "Nunca me abandones" es una historia de decepción e incertidumbre. Lo que parece ser la historia de tres amigos en un internado gradualmente se convierte en una historia distópica con elementos de ciencia ficción que plantea interrogantes éticas desconcertantes. La adaptación cinematográfica fue protagonizada por Carey Mulligan, Andrew Garfield y Keira Knightley. "Siempre me ha gustado la textura de la memoria", dijo Ishiguro por la misma época en que se publicó "Nunca me abandones".
"Me gusta que una escena sacada de la memoria del narrador es borrada en los bordes, cubierta con todo tipo de emociones y abierta para ser manipulada. No simplemente le estás diciendo al lector 'esto y esto pasó", también planteas preguntas como ¿por qué recordó ella este hecho justo en este momento?, ¿qué siente al respecto? Y cuando dice que no puede recordar con mucha precisión lo que pasó, pero de todas formas nos cuenta, ¿qué tanto confiamos con ella?". Ishiguro ha escrito varios guiones de cine, incluyendo el del film de Merchant-Ivory "La condesa blanca", y ha colaborado en canciones interpretadas por la jazzista Stacey Kent, para quien escribió el comentario del álbum "In Love Again". "Componer canciones es una vieja pasión mía. Al comienzo de mi vida fui cantautor hasta que me dediqué a la ficción", dijo Ishiguro, quien ha calificado a Dylan como uno de sus primeros héroes.
El autor nació en Nagasaki pero se mudó a Inglaterra de niño luego de que su padre, un oceanógrafo, fue invitado a dirigir el Instituto Británico Nacional de Oceanografía. Admirador temprano de "Jane Eyre", es un viejo fan de los comics y ayer dijo que estaba en discusiones para trabajar en una novela gráfica. "Esto es algo nuevo para mí y vuelve a conectarme con mi infancia, mi infancia japonesa leyendo manga", explicó. Estudió Letras Inglesas y Filosofía en la Universidad de Kent y uno de sus primeros mentores fue Malcolm Bradbury, quien enseñaba creación literaria en la Universidad de East Anglia. Después de algunos comienzos en falso, Ishiguro completó su primera novela, "Pálida luz en las colinas", narrada por una mujer japonesa cuya hija se ha suicidado. Tanto su ópera prima como la novela nominada al Booker "Un artista del mundo flotante" se centran en personajes japoneses. "Descubrí que mi imaginación cobró vida cuando me alejé del mundo inmediato a mi alrededor", dijo al Paris Review en 2008, al recordar que sus obras de ficción fueron bien recibidas en sus clases de creación literaria. "Cuando trataba de comenzar una historia con algo como 'salí de la estación del metro Camden y fui al McDonalds y ahí estaba mi amigo Harry de la universidad', no podía pensar en nada más, mientras que si escribía sobre Japón algo se desataba. Una de las historias que mostré a la clase se desarrollaba en Nagasaki cuando cayó la bomba y era contada desde el punto de vista de una joven. Mis compañeros de clase me dieron muchísima confianza. Decían 'esas cosas japonesas son muy emocionantes y vas a diferentes lugares'".


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