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KIRCHNER APURA YA LA RETIRADA
¿Supone el fin del doble comando? Tampoco. El desembarco de Juan Manzur como reemplazo de Graciela Ocaña en Salud fue pergeñado por Kirchner para arrimar a gobernadores -es el vice del tucumano José Alperovich- y contener al francotirador de la ministra: Hugo Moyano.
El camionero puede, en el carnaval de los derrotados que es el kirchnerismo, tener un festejo íntimo: está seguro de que con Manzur se desanudará el torniquete que Ocaña le puso a la transferencia de fondos para las obras sociales sindicales. Nada más que 2.500 millones de pesos.
La garantía opera vía Santiago de Chile: es el embajador Ginés González García, maestro y promotor del matancero que llegó a vicegobernador de Tucumán.
Para hoy, Moyano tiene otra cita agendada: se verá con Scioli, una de las escalas obligadas del gobernador para comenzar a ejercer, de apuro, como jefe en funciones del peronismo que tiene al camionero como su segundo.
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A Scioli le reconoció su lealtad casi suicida: poco dado a los gestos bondadosos, Kirchner desvinculó al gobernador de la derrota y lo habilitó para hacer una tarea que él no puede hacer: entablar un diálogo, de igual a igual, con los demás caciques del peronismo.
Ayer, el bonaerense conectó a José Luis Gioja, Jorge Capitanich, Juan Manuel Urtubey y Mario Das Neves, cuatro de los gobernadores ganadores del 28-J. En estas horas, Scioli conectará a Carlos Reutemann, que ayer lo bendijo: «Es un hombre de diálogo y eso no es poco», dijo Lole.
En una segunda tanda buscó a Juan Schiaretti y a Jorge Busti. Éstos conforman, con el santafesino, el eje del centro, enfrentado con Kirchner. Para todos reserva el mismo libreto: emprolijar el PJ, darle ritmo y empezar a dibujar, con calma, un cronograma de internas para la próxima presidencial. Bosqueja una fecha: marzo de 2011.
En Olivos, el patagónico blindó ayer a su compañero de boleta de las maquinaciones para expulsarlo de La Plata y forzarlo a jurar como diputado. Dos de sus ministros le soplaron la semana pasada a Scioli que se había confeccionado un «gabinete de la transición».
Precavido, el gobernador tenía una plan reservado: una nota dirigida a la Justicia Electoral en la que notificaba que no asumiría como diputado. La derrota lo obligó al desorden: para desactivar las conspiraciones ayer a media tarde informó que se quedaba en La Plata.
Los Kirchner también agotaron los teléfonos. Pero sólo llamaron a los gobernadores más afines. A ellos, como un indicio de que no se entregó, Kirchner les inyectó una intriga: «El peronismo me limita: armen un partido amplio que yo voy a trabajar con otros sectores».
Entrelíneas, la utopía de hacer reverdecer la alquimia de la transversalidad; la entelequia de que hay futuro después del 28-J. Pura nostalgia. Un álbum de fotos sepia en una caja de mudanzas.


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