28 de diciembre 2009 - 00:00

Kirchner-Duhalde, el duelo peronista que celebra Cobos

Julio Cobos, Francisco de Narváez, Carlos Reutemann, Daniel Scioli, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner
Julio Cobos, Francisco de Narváez, Carlos Reutemann, Daniel Scioli, Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner
Cautivo de la UCR, que lo malquista con la figura creciente de Ricardo Alfonsín, Julio César Cobos celebró la irrupción presidencial de Eduardo Duhalde como una bendición, quizá otra más de la secuencia que parece condenarlo, usando un término duhaldista, al éxito en 2011.

La aparición del bonaerense como candidato manifiesto, luego de cuatro meses de un infructuoso intento por convertirse en el ordenador de un combativo PJ anti-K, le regala al vicepresidente un respiro cuando, por primera vez, asoman las dudas sobre su destino.

Aunque perdura al tope en el podio de los mejor vistos, Cobos no pudo esquivar la ola crítica que castigó a los dirigentes y barrió los índices imbatibles de otros tiempos. Ningún candidato supera, al término de 2009, el 50% de imagen positiva.

Ese dato -que figura en los últimos informes de la consultora Poliarquía- se ensambla con otro elemento: luego de años, el rubro «dirigencia política» como factor crítico para la percepción pública, apenas debajo del recurrente problema de la inseguridad.

Es cierto que mayoritariamente -más del 70%- la opinión pública se expresa a favor de que Cristina de Kirchner termine su mandato. Pero ese clima fue el que antecedió (y se extendió en los meses siguientes) a la crisis de 2001 que derivó en el interinato duhaldista.

¿Fue ese uno de los elementos que evaluó Duhalde para aventurarse con una candidatura que genera expectativas, o temores, en circuitos empresarios y políticos pero no produce pasiones en la calle? En su imaginario, su virtud se agiganta ante el caos.

Tiene, además, otro argumento. Los Kirchner, Néstor y Cristina, casi sin diferencias entre sí, arañan apenas algo más del 20% de imagen positiva mientras los atormenta el volumen de los que los ven negativamente, cifra que en ambos casos está por encima del 50%.

Un trauma para el matrimonio: Duhalde está unos puntos abajo en negativa y algunos arriba en positiva. La figura a la que creyeron destruir, como paradigma del «pasado», en 2005, capturando a sus generales y derrotando en una elección, hoy genera más simpatías que ellos.

Por la misma razón, Cobos festeja la llegada de Duhalde porque, a la hora de confeccionar escenarios convenientes, cree que le conviene competir con un Kirchner con un 50% de rechazo popular antes que con el neoperonista Francisco de Narváez o el ex piloto Carlos Lole Reutemann.

Ambos, en definitiva, junto a Mauricio Macri, Gabriela Michetti, Ricardo Alfonsín y Elisa Carrió, quienes conforman el pelotón de los dirigentes con mejor imagen antes de que aparezca, dañado pero todavía ahí, Daniel Scioli, el oficialista con mejor promedio en la grilla nacional.

Más atrás, limitado, asoma Felipe Solá, que no termina de definir si se plegará a la jugada de competir en la primaria peronista o si, por el contrario, apostará a un ensamble. Solá y De Narváez se imputan mutuamente «querer ser» el vice de Cobos.

Esos números arrastran, por otro lado, algunos indicios para el proyecto supervivencial del patagónico: ninguno de los gobernadores que juguetea con una apuesta nacional, desde el explícito Mario Das Neves al zigzagueante Juan Manuel Urtubey, aparecen en el ring.

Es un dato sensible para el peronismo: hay que hurgar en el ranking para encontrar un PJ: Reutemann. Agustín Rossi hizo, alguna vez, una definición mordaz: «Lole es hace 15 años jefe del PJ de Santa Fe y se sigue mostrando como un dirigente ajeno a la política».

Esa contradicción se repite ahora: muchos juran haber escuchado de boca de Reutemann la promesa de que peleará en 2011; otros tantos apuestan que esa alternativa es, apenas, un artilugio para mantener unido al PJ santafesino para bajar, sobre la hora, a pelear la gobernación.

Otros -incluso él mismo- pueden tentarse con incluir a De Narváez en el doble paquete de peronista y presidenciable. Sobre lo primero ya avisó que decidió competir en la interna del PJ porque es imposible confeccionar un partido con despliegue por afuera.

Lo segundo es discutible. Dice, perspicaz, que debe construir poder nacional -por eso arma en las provincias- porque para gobernador en Buenos Aires es necesario incidir en quien será el presidente y, además, para tener capacidad para negociar con el próximo inquilino de Olivos.

Eso mientras afirma, De Narváez, que su plan es bonaerense, lo contrario a lo que ocurre con Ricardo Alfonsín, que logra buenos índices a nivel nacional, aparece como el único candidato posible a la gobernación por la UCR, pero dice preferir un destino federal.

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