28 de abril 2009 - 00:00

Kirchner habló de “caída al vacío” si es derrotado

Néstor Kirchner, entre Edgardo Depetri y el boxeador «Locomotora» Castro, ayer en el Luna Park, donde el patagónico prometió una batalla el 28 de junio.
Néstor Kirchner, entre Edgardo Depetri y el boxeador «Locomotora» Castro, ayer en el Luna Park, donde el patagónico prometió una batalla el 28 de junio.
Néstor Kirchner pateó la caja de los truenos. Anunciador de maldiciones, profetizó sobre una caída «al vacío» del país si el Gobierno es derrotado en las elecciones del 28 de junio y, tras ese revés, pierde la mayoría que ahora ostenta en el Congreso.

Fue una frase sin equívocos. «Si no tuviéramos la mayoría parlamentaria necesaria, la Argentina volvería a caer en el vacío» desató, el patagónico, todos los fantasmas. «Y nuevamente (volveríamos) a la crisis de 2001» completó su salmo apocalíptico.

Fue el debut del juego del miedo como táctica electoral. Hace tiempo, en Olivos, es motivo de análisis y ayer el patagónico la echó a correr. En Casa Rosada se admite sin vueltas. «Vamos a sacarle provecho al miedo. ¿Quién quiere volver para atrás?» interrogó un ministro.

Sin decirlo, Kirchner recordó el tramo final del Gobierno de Fernando de la Rúa y el efecto dramático que tuvo la derrota de la alianza en octubre de 2001, que precipitó la crisis que detonó la renuncia de Chacho Álvarez y explotó el 19 y 20 de diciembre.

No dio nombres pero deshojó señas particulares. «La derecha neoliberal se junta para crear una máquina de impedir» apuntó. Se sabe cuál es el adversario al que teme Kirchner: la triple alianza que comparten Mauricio Macri, Francisco de Narváez y Felipe Solá.

Con su fraseo dramático -que pareció una respuesta a la incertidumbre de Eduardo Buzzi sobre qué puede ocurrir si el Gobierno pierde en junio- anuló la copla optimista con que comenzó, ayer, su discurso en el Luna Park, invitado por la «gauche K» para festejar la derrota victoriosa del 27 de abril de 2003. «Estamos ganando -había desafiado- y vamos a ganar la batalla del 28 de junio».

Kirchner no reparó, se da por seguro, en la reminiscencia galteriana del «estamos ganando». De hecho, esa frase no figura en el libreto habitual del patagónico. Pero, otra vez, reaccionó ante los pronósticos inciertos sobre el resultado de la elección.

«Los encuestadores ya van a tener que mostrar los números reales» toreó ante un Luna Park repleto, que dejó más de 3 mil personas afuera, luego de que se completó la capacidad Macri -7 mil personas- y los inspectores municipales cerraron las puertas.

Kirchner pinceló el tono trágico de su discurso con referencias a la «alegría» oficial como contracara de la «bronca de los que están perdiendo privilegios». A su lado, contagiados, el ejército transversal -tras la fuga o la decantación- festejó extasiado. 

«Gauche K»

El de ayer, en el Luna Park, fue el primer acto tumultuoso no armado por el peronismo que Kirchner aceptó encabezar desde que, en mayo de 2008, asumió la jefatura del PJ. Toda una señal: se rodeó de transversales que, abiertamente, se despegan de lo que llaman «pejotismo».

Edgardo Depetri, diputado y dirigente de CTA, y Eduardo Sigal, jefe del Frente Grande, son las figuras más visibles de ese esquema que sufrió, en el último año, una vasta sangría: desde Libres del Sur a Miguel Bonasso, desde la CTA de Yasky a Aníbal Ibarra y Martín Sabbatella.

Ayer tuvo otro color: sobre la hora se sumaron Patricia Vaca Narvaja y Agustín Rossi como oradores, presencias sintomáticas del esquema electoral que Kirchner alientan en Córdoba, contra el PJ de Juan Schiaretti, y en Santa Fe, en confrontación con Carlos Reutemann.

Sugiere, tenuemente, un renacer de la transversalidad -sobre todo en Córdoba con Vaca Narvaja y Giacomino, aunque desentona Ricardo Jaime- en algunos territorios. En otros, como en Buenos Aires, serán incorporados al armado K, capitaneado por el PJ clásico.

Es más: el Frente Grande y el PI, dos de los organizadores del show de anoche, integrarán el Frente Justicialista para la Victoria (FJpV) con que Kirchner se presentará a la elección. También el Polo Social, partido de Francisco «Barba» Gutiérrez, uno de los alcaldes del conurbano que se sumó al acto: los otros fueron Daniel Di Sabatino, de San Vicente, y Mario Secco, de Ensenada.

Lo demás fue el elenco -en buena medida, derivados del Frepaso- que escoltó a Kirchner a sus inicios. Nilda Garré, Eduardo Luis Duhalde, Diana Conti y Oscar Laborde, entre otros. Un estela de PJ aportó Florencio Randazzo, que llegó con Kirchner. Otra, quizá ilusionado con seguir los pasos de Nacha Guevara, la arrimó «Locomotora» Castro. En definitiva, era el Luna Park.

La «gauche K», feliz de una presencia que veían lejana el domingo a la noche, no le escapó al rito de respaldar la postulación de Kirchner como candidato en la provincia de Buenos Aires. «Es quien mejor representa el proyecto» dijeron, a coro, Sigal y Depetri.

La campaña comenzó. La parte áspera de la campaña comenzó. Como debut, el patagónico pateó la caja de los truenos pero, a diferencia del cabrío del poema musical de Solari, no sonrió. Hizo, eso sí, una mueca parecida.

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