9 de noviembre 2012 - 00:00

Kiss 2012: los años no les pesan a los reyes satánicos

La banda Kiss tiene esa capacidad, que únicamente portan los privilegiados, de llegar al corazón de las multitudes.
La banda Kiss tiene esa capacidad, que únicamente portan los privilegiados, de llegar al corazón de las multitudes.
Entre el «Detroit Rock City» del comienzo y el popular «Rock and Roll All Nite» del final, pasaron alrededor de dos horas. Pero pasó además, una banda que ha logrado superar las críticas más virulentas, el grupo que Simmons y Stanley formaron en Nueva York hace casi 40 años, que hizo del pop/rock más fácilmente asimilable su marca registrada, sacó provecho de los más efectistas recursos de la tecnología, entendió rápidamente cómo funcionaba este negocio, y que gracias a eso ha podido sostenerse a lo largo de tanto tiempo.

Suponer que Kiss es sólo un producto bien elaborado de la industria sería limitar la explicación. Sin duda, tienen esa capacidad, que únicamente portan los privilegiados, de llegar al corazón de la multitud (una cifra oficial habló de 50.000 personas, aunque quizá hubiera algo menos; tres años después de su visita anterior). Sus temas son pegadizos. El fetiche de las caras pintadas le pone un toque gracioso al asunto. La alegría (precisamente, en un día muy complicado en Buenos Aires) es el eje sobre el que se construyen sus shows. Así, lo absurdo se transforma en fiesta, lo ridículo es «un gesto de culto», lo «grasa» se rebautiza «kitsch, y hombres del público quizá ya abuelos se atreven con rostros tan pintarrajeados como los de los artistas.

Lo formal: la presentación de un disco nuevo, «Monster», que está teniendo muy buenas ventas también aquí. De ahí, pasaron piezas como «Hell of Hallelujah» (la que se está escuchando como «corte de difusión»), «Wall of Sound», «All for the Love of Rock & Roll», «Long Way Down» y «Outta This World». Esa lista permitió, además de cumplir con los compromisos discográficos, los momentos de lucimiento personal de los «nuevos»: el baterista Eric Singer y el guitarrista Tommy Thayer (que hasta sopló velitas por su cumpleaños), reformulados por un rato en cantantes.

Pero queda bien claro que la gente había ido a ver y a escuchar otras cosas. Y por cierto les dieron el gusto. Porque para esos miles de fans, el más auténtico Kiss volvió a estar en la voz desgarrada del eterno Gene «El demonio» Simmons, en las explosiones, en los efectos especiales (la larguísima lengua, la sangre que brota), en las mascaritas que les son tan características, en las armaduras que superan cualquier especulación rockera convencional, en el chiste de Stanley de cantar fragmentos de canciones latinas en castellano y «a capella», en su «su viaje» al público para tocar desde el centro del campo. Y en algunos clásicos como «Black Diamond», «Lick It Up», «I Was Made for Lovin You» -que en una publicidad actual se escucha cantada por la Mona Jiménez-, «Shout It Out Loud», «God Of Thunder», «I Love It Loud», «Hotter Than Hell», «Calling Dr. Love», «Psycho Circus», «Love Gun» o la eterna «Rock and Roll All Nite». Y ni siquiera faltó una bandera de cierre (con el último festival de fuegos artificiales) en la que se leía «Argentine, We Love You». Kiss».

«Presentación de «Monster». Actuación de Kiss. Con Gene Simmons (voz, bajo), Paul Stanley (guitarra), Eric Singer (batería) y Tommy Thayer (guitarra) . Soportes: Rouge & Roll y Rata Blanca. (Estadio River, 7 de noviembre).

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