6 de febrero 2014 - 00:00

Kraus: “Antes el actor respetaba más al autor”

Germán Kraus: “Hoy hay actores que adaptan el personaje a su propia idiosincrasia y a su forma de expresarse. Hacen pie en su propia personalidad. ¿Eso es actuar? No hay ninguna creatividad”.
Germán Kraus: “Hoy hay actores que adaptan el personaje a su propia idiosincrasia y a su forma de expresarse. Hacen pie en su propia personalidad. ¿Eso es actuar? No hay ninguna creatividad”.
Germán Kraus nunca pensó en ser galán, pero la oportunidad de acompañar a Marta González en la telenovela "Estrellita, una pobre campesina" (1968-69) lo instaló en el género romántico durante años. Finalmente pudo más su afición a la comedia teatral y televisiva- que sigue siendo "luego de cuarenta y pico años de carrera" su mejor canal de expresión.

Kraus cumplirá setenta años en marzo, pero su estampa y carisma le permiten dar vida a un distinguido arquitecto en la comedia de Jorge Medina "Negro y blanco y sangre" que se exhibe en el Teatro Premier con dirección de Carlos Evaristo. Integran el elenco Marta Bianchi, Miguel Habud, Paula Volpe, Sabrina Olmedo, Silvina Scheffler y Emiliano Rella. La trama es simple: una pareja de buena posición social descubre que su hija está embarazada en plena fiesta de casamiento. La noticia genera un escándalo familiar, ya que el futuro nieto podría resultar de raza negra debido al secreto desliz de una de las abuelas.

Periodista: ¿Es una comedia picaresca?

Germán Kraus:
Más que picaresca es una comedia negra que incluye un crimen. Básicamente es una mirada sobre una gran parte de la sociedad argentina que vive cuidando las apariencias y las convenciones sociales, mientras por debajo actúa en forma inescrupulosa. Es gente muy linda y muy paqueta a la que se le cae la careta cuando se revela el embarazo de la chica. Son seres inescrupulosos que están más allá del bien y el mal. Su conducta es terrible pero a ellos les resulta natural, lo que genera cierto humor.

P.: Practican la corrupción, la violencia de género y el racismo ¿Dónde aparece el humor?

G.K.:
Lo que resulta curioso y causa gracia es la manera en que ellos ven las cosas y su pretensión de vivir en la normalidad. Hay una mirada crítica sobre estos temas a través del humor. Algunos espectadores se sienten identificados con ciertos exabruptos porque también han dicho alguna vez "Yo no discrimino porque tengo un amigo judío". Se ha buscado una comedia diferente con todos los riesgos que esto presupone. No es la comedia del chiste fácil ni de la chica con poca ropa, va por otro lado. Sus personajes pueden resultar irritantes; pero son los que aparecen cada vez que uno prende la televisión. Pertenecen a nuestra realidad y son mucho más comunes de lo que uno piensa.

P.: ¿Algún ejemplo?

G.K.:
Esos chicos que dicen: "voy a trabajar", cuando salen a robar. Es un problema que va de generación en generación. Habrá que caminar mucho para darle fin a esta normalización del delito.

P.: ¿Cuántas comedias lleva realizadas?

G.K.:
Tal vez suene raro, pero yo hice mucho teatro en televisión, unas 210 comedias de autores como Alfonso Paso, Alejandro Casona, Miguel Mihura...

P.: Son autores de los años 40', 50' y 60' ¿No envejecieron sus obras?

G.K.:
Mientras haya dos chicos enamorados y alguien que se oponga, la historia de Romeo y Julieta siempre va a estar vigente. Las comedias que antes mencioné estaban muy bien construidas. Sólo actualizábamos el vocabulario y algunos contenidos.

El año pasado adapté, dirigí y actué "Usted puede ser el asesino" (Paso la estrenó en 1958) y pude verificar la gran vigencia de la obra. Fue un trabajo muy gratificante.

P.: Las actuales comedias televisivas pueden resultar pobres en comparación.

G.K.:
Coincido. Aunque el formato televisivo mejoró su lenguaje estético por influencia del cine, seguimos haciendo agua respecto a los contenidos. Damos vueltas sobre los mismos temas. No hay desarrollo ni creatividad en textos que se estiran innecesariamente. Y ahora hay una nueva modalidad en la que el actor interviene en los diálogos como si fuera el autor.

P.: Me recuerda a varios actores conocidos...

G.K.:
No voy a dar nombres; sólo quiero señalar que antes uno confiaba en el autor y respetaba sus libros. Se corregía antes de la grabación para ajustar alguna frase y darle más vitalidad a los diálogos; pero de ahí a que todos los textos se ajusten a lo que le viene más cómodo al actor... en fin. Algunos adaptan el personaje a su propia idiosincrasia y a su forma de expresarse. Hacen pie en su propia personalidad. ¿Eso es actuar? No hay ninguna creatividad.

P.: ¿Y usted, cómo encara su oficio?

G.K.:
Yo soy un agradecido a la profesión. Luego de más de cuatro décadas de trabajo todavía me divierto y la paso bien. Me gusta trabajar a fondo y entregarme al personaje sin importar resultado. Eso ya no pesa en mí, me lo saqué de encima. Actuar me hace libre y feliz, porque no tengo ningún compromiso con el éxito y la fama.

Entrevista de Patricia Espinosa

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