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“La Alicia de Lewis Carroll va mucho más allá de la locura”
Zanca: «Ví imágenes del próximo film de Tim Burton sobre Alicia, y no me agradó esa violencia».
A.Z.: Traté de respetar todo lo posible sus juegos de palabras, y esa lógica del sinsentido que domina todas las situaciones. Ante todo, privilegié las preguntas de Alicia en relación a la vejez, a las transformaciones de los demás personajes, a los cambios que sufre en su cuerpo, a su propia identidad. Los chicos hacen preguntas importantes ligadas al misterio de la existencia y a veces uno no sabe como responderlas. Acá aparecen esas preguntas existenciales.
P.: Los cambios sufridos por Alicia sugieren un pasaje a la adolescencia.
A.Z.: Sí, y además yo empiezo la historia en una escuela muy rígida en donde Alicia empieza a cuestionar esa educación tan estructurada. Es algo muy parecido a lo que yo viví en el secundario. Cuando pregunté por qué a María la llamaban «Virgen» si lo había tenido a Jesús, me dijeron: «Usted es una comunista». No nos estaba permitido pensar, ni expresar nuestras dudas. Cuando Alicia cae dentro de la madriguera, empieza su sueño y ahí reaparecen sus compañeros de escuela en otros papeles. La caída de ella al mundo mágico le abre las puertas del conocimiento y es también su despertar al amor.
P.: Más allá de este enfoque romántico ¿no cree que la obra tiene algo de pesadilla alucinógena? Inclusive la versión de Disney (de 1951) impresiona por su violencia.
A.Z.: Ese clima alucinante está presente. Es imposible soslayar la locura de estos personajes, pero quiero destacar que la obra tiene textos bellísimos, es de una gran calidad póetica y tiene juegos de ingenio para todo público. Mis infantiles siempre están dirigidos a la familia y en este espectáculo en particular me preocupé mucho por el lenguaje. En realidad, todas las obras que dirigí últimamente tienen un lenguaje poético. Detesto las obras malhabladas. Con un grupo de alumnos estrené «El jardín de los cerezos» de Chejov y una pieza basada en un cuento de Roberto Arlt (ambas en El vitral) y en agosto estreno «La cocina» de Arnold Wesker en el Teatro Regio.
P.: ¿En su versión de «Alicia en el país...» buscó equilibrar texto e imágenes?
A.Z.: Exacto y por eso fue tan exitosa la versión de «Romeo y Julieta» que estrené en el Regio, que incluía acrobacia y esgrima. Le doy mucha importancia a la calidad del texto, pero esa poética tiene que estar respaldada por algo más, no creo en el teatro que aburre. El teatro tiene la obligación de entretener.
P.: ¿Por qué eligió a Fandiño y Pauls como figuras centrales?
A.Z.: A ella la probé para «Los tres mosqueteros», un espectáculo que al final no se hizo porque los productores se echaron atrás, y me sorprendió haciendo a una española muy graciosa. Después ella me confesó: «Qué lastima que en televisión me obligan a no actuar». A mí me pasaba lo mismo. Cada vez que tenía un protagónico en televisión, me pedían que fuera a menos. Y Nicolás Pauls es una persona con un alma poco común. Vive en el campo, no tiene celular... Es sano y da vida a un conejo que es como él: un ser iluminado. Además, es cantante y dice esos textos con hondura nada que ver con estos galanes vulgares que vemos por ahí.
Entrevista de Patricia Espinosa


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