10 de junio 2009 - 00:00

“La Alicia de Lewis Carroll va mucho más allá de la locura”

Zanca: «Ví imágenes del próximo film de Tim Burton sobre Alicia, y no me agradó esa violencia».
Zanca: «Ví imágenes del próximo film de Tim Burton sobre Alicia, y no me agradó esa violencia».
«En el cuento de Lewis Carroll hay mucha locura, pero lo que a mí más me interesa son las preguntas de Alicia. Vi algunas imágenes de la última película de Tim Burton con la protagonista blandiendo un cuchillo que chorrea sangre», explica Alicia Zanca con gesto de desagrado, «y la verdad es que para mí no tiene sentido recargar la historia con esa clase de recursos».

La autora y directora creó una nueva versión de «Alicia en el país de las maravillas» con formato de musical que se propone entretener a grandes y a chicos con «una historia sólida y proyecciones de última tecnología, humor y magia circense». El espectáculo subirá a escena el sábado 12 de junio en el Teatro Astral y tiene por protagonistas a Soledad Fandiño (Alicia), Nicolás Pauls, como el Conejo, Georgina Barbarossa, como la temperamental Reina de Corazones, y Daniel Casablanca (integrante del grupo Los Macocos) como Sombrerero Loco. La musicalización es de Martín Bianchedi, la escenografía de Alberto Negrin y el diseño de vestuario de Sofía Di Nunzio.

En su célebre libro, el matemático, fotógrafo y escritor británico Charles Lutwidge Dodgson (verdadero nombre de Carroll) satirizó a sus amigos, criticó la educación victoriana y aludió a varias cuestiones políticas de la época. El encanto de la obra reside en la delirante travesía que emprende la protagonista rodeada de seres extravagantes y animalescos que la acosan con acertijos, juegos de lógica y amenazas de muerte.

Periodista: Según Tim Burton, los episodios de «Alicia...» parecen drogas para niños y a la vez resulta un gran desafío articularlos entre sí.

Alicia Zanca: En eso coincido con él. La novela tiene imágenes surrealistas, una estructura fragmentaria y trabaja con el sinsentido, pero a la vez tiene belleza. Conozco bien la obra de Carroll e incluí pasajes de su novela «Sylvia y Bruno», algún pasaje de «Alicia a través del espejo» y otros poemas que puse en boca del conejo. Para mí fue determinante que mi abuela me pusiera Alicia por lo mucho que le gustaba esta historia.

P.: ¿Cómo trabajó la lógica absurda del texto?

A.Z.: Traté de respetar todo lo posible sus juegos de palabras, y esa lógica del sinsentido que domina todas las situaciones. Ante todo, privilegié las preguntas de Alicia en relación a la vejez, a las transformaciones de los demás personajes, a los cambios que sufre en su cuerpo, a su propia identidad. Los chicos hacen preguntas importantes ligadas al misterio de la existencia y a veces uno no sabe como responderlas. Acá aparecen esas preguntas existenciales.

P.: Los cambios sufridos por Alicia sugieren un pasaje a la adolescencia.

A.Z.: Sí, y además yo empiezo la historia en una escuela muy rígida en donde Alicia empieza a cuestionar esa educación tan estructurada. Es algo muy parecido a lo que yo viví en el secundario. Cuando pregunté por qué a María la llamaban «Virgen» si lo había tenido a Jesús, me dijeron: «Usted es una comunista». No nos estaba permitido pensar, ni expresar nuestras dudas. Cuando Alicia cae dentro de la madriguera, empieza su sueño y ahí reaparecen sus compañeros de escuela en otros papeles. La caída de ella al mundo mágico le abre las puertas del conocimiento y es también su despertar al amor.

P.: Más allá de este enfoque romántico ¿no cree que la obra tiene algo de pesadilla alucinógena? Inclusive la versión de Disney (de 1951) impresiona por su violencia.

A.Z.: Ese clima alucinante está presente. Es imposible soslayar la locura de estos personajes, pero quiero destacar que la obra tiene textos bellísimos, es de una gran calidad póetica y tiene juegos de ingenio para todo público. Mis infantiles siempre están dirigidos a la familia y en este espectáculo en particular me preocupé mucho por el lenguaje. En realidad, todas las obras que dirigí últimamente tienen un lenguaje poético. Detesto las obras malhabladas. Con un grupo de alumnos estrené «El jardín de los cerezos» de Chejov y una pieza basada en un cuento de Roberto Arlt (ambas en El vitral) y en agosto estreno «La cocina» de Arnold Wesker en el Teatro Regio.

P.: ¿En su versión de «Alicia en el país...» buscó equilibrar texto e imágenes?

A.Z.: Exacto y por eso fue tan exitosa la versión de «Romeo y Julieta» que estrené en el Regio, que incluía acrobacia y esgrima. Le doy mucha importancia a la calidad del texto, pero esa poética tiene que estar respaldada por algo más, no creo en el teatro que aburre. El teatro tiene la obligación de entretener.

P.: ¿Por qué eligió a Fandiño y Pauls como figuras centrales?

A.Z.: A ella la probé para «Los tres mosqueteros», un espectáculo que al final no se hizo porque los productores se echaron atrás, y me sorprendió haciendo a una española muy graciosa. Después ella me confesó: «Qué lastima que en televisión me obligan a no actuar». A mí me pasaba lo mismo. Cada vez que tenía un protagónico en televisión, me pedían que fuera a menos. Y Nicolás Pauls es una persona con un alma poco común. Vive en el campo, no tiene celular... Es sano y da vida a un conejo que es como él: un ser iluminado. Además, es cantante y dice esos textos con hondura nada que ver con estos galanes vulgares que vemos por ahí.

Entrevista de Patricia Espinosa

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