30 de diciembre 2010 - 00:00

La amígdala, enemiga de la revolución

Neuronas de todo el cerebro, uníos: las diferencias políticas, según un estudio de la Universidad de Londres, tendrían explicación anatómica.
Neuronas de todo el cerebro, uníos: las diferencias políticas, según un estudio de la Universidad de Londres, tendrían explicación anatómica.
¿Puede el cerebro de un niño, al nacer, estar más predispuesto a admirar al Che Guevara que a Ronald Reagan (o viceversa)? Al menos, así lo sostiene un estudio realizado por científicos de la University College de Londres, difundido ayer en el diario The Telegraph. El llamativo descubrimiento es de orden puramente neurológico, y no tiene en cuenta en absoluto variables como el medio social, la educación, o la ideología y cuenta bancaria de los padres.

Según este estudio, el cerebro de un conservador es diferente del de un progresista, temeraria afirmación que daría por tierra con la creencia de que aquellos hijos de familias adineradas que se vuelcan a la revolución lo hacen para romper con su pasado burgués. No: la razón es que tienen la circunvolución del cíngulo más desarrollada. Por el contrario, quienes poseen una amígdala cerebral más grande suelen votar a las fuerzas de derecha, y se oponen a todo movimiento que represente un cambio en la historia.

El estudio fue efectuado por Geraint Rees, director del Instituto de Neurociencia Cognitiva de la University College de Londres, en un campo de 90 estudiantes avanzados y dos parlamentarios ingleses. Al llegar a la conclusión, Rees se mostró muy sorprendido por la exactitud de los resultados.

La amígdala cerebral juega un papel importante en los sentimientos de miedo y otras emociones primitivas, por lo cual -sostuvo- el individuo que la tiene más desarrollada tenderá a ser más prudente y a rechazar cualquier peligro de cambio violento. La circunvolución del cíngulo, sede del optimismo, la aventura y el coraje, impulsa a la persona a probar situaciones diferentes y cambios radicales, aun cuando representen escenarios de peligro.

El estudio no pudo revelar nada, en cambio, sobre la conducta de aquellos que en su juventud abrazaron causas revolucionarias pero en su madurez se transformaron en sensatos ciudadanos de voto conservador. Quizá, la amígdala se desarrolle más rápidamente en esos casos.

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