1 de agosto 2011 - 00:00

La apuesta para el 14 es que votos de Macri vayan en serio para Cristina

Filmus reconoció, poco después de las 20, la victoria de Mauricio Macri. Saludó a la Presidente, a los militantes y a su compañero, Carlos Tomada.
Filmus reconoció, poco después de las 20, la victoria de Mauricio Macri. Saludó a la Presidente, a los militantes y a su compañero, Carlos Tomada.
Juan Cabandié explicó rápidamente cuál será la estrategia del Gobierno nacional hacia adelante, luego de la debacle de ayer en la Capital. Según el legislador electo, la explicación de lo ocurrido es que los porteños votan casi siempre oficialismos, y que muchos votantes de Mauricio Macri tienen simpatía por Cristina de Kirchner y apoyarán el 14 de agosto a la Presidente. Hacia adelante, los votantes del jefe de Gobierno porteño y de la jefa de Estado nacional son lo mismo, según el legislador.

No era la sensación que había en el búnker de Daniel Filmus. «Y qué querés, Filmus perdió». Un colaborador cercano de Víctor Santa María le explicaba a su jefe por qué había anoche tan poca presencia de funcionarios públicos en el búnker del senador, candidato a jefe de Gobierno porteño. El sindicalista prestó su sede del Instituto Octubre, del sindicato de encargados de edificios (SUTERH) en San Telmo, en el principal apoyo político y moral de Filmus.

Fue en el primer piso del centro Caras y Caretas, donde el gremialista tiene una oficina privada, donde el candidato y su compañero Carlos Tomada, más Alberto Quevedo y el propio Santa María, discutieron el mensaje para dar ante los medios.

El pecado original de Filmus de ayer parece haber sido no lograr el 40% de los votos que el lunes 11 de julio, en Olivos, mandó a obtener Cristina de Kirchner. Esa tarde, la Presidente ordenó al senador que se presente en el balotaje, con el objetivo de llevar a ese piso porcentual la presencia del Frente para la Victoria (FpV) en la Capital Federal. Ese número debía ser la base con que la jefa de Estado llegue al 14 de agosto para las primarias. Desde la semana pasada, cuando las especulaciones oficiales apuntaban a que difícilmente el porcentaje alcance el 37%, Filmus comenzó a sentir la soledad frente al Gobierno nacional.

Ya con la victoria oficializada, muchos colaboradores del exministro de Educación aventuraban sus próximos pasos. «A Filmus le quedan dos años más de senador. Será justicialista, pero independiente. No obedecerá más ordenes. Se sintió muy solo estos días».

En otro pequeño salón del primer piso, sólo circulaban algunos colaboradores y, entre los conocidos, el embajador en Chile, Ginés González García; el secretario de Transporte, Juan Pablo Schiavi; y el legislador porteño y hombre de la CTA oficialista, Francisco Tito Nenna. Como delegado del Gobierno nacional, presente en el edificio, circulaba el ministro del Interior, Florencio Randazzo, tratando de esquivar fotógrafos y declaraciones.

Cerca de las 19 algo ocurrió que tranquilizó a Filmus. Lo llamó Cristina de Kirchner a su celular personal y le agradeció haber sido el candidato del oficialismo. Lo invitó a participar de la campaña para el 14 de agosto (no aclaró en qué términos) y a reunirse cuanto antes. También hubo saludos personales para Tomada y referencias amistosas a su rol de ministro de Trabajo. El aval telefónico de la Presidente sirvió también para que otros funcionarios se animen a acercarse a la fórmula porteña. Llegaron así, entre otros, el ministro de Educación, Norberto Sileoni; y el secretario de Medios, Juan Manuel Abal Medina.

Prudentemente, la Presidente había sido apartada por los organizadores del encuentro de anoche de cualquier tipo de relación con la derrota de ayer. Ningún cartel o propaganda política relacionaba anoche a Filmus con la jefa de Estado, a diferencia de los múltiples que el 10 de julio acompañaban a la fórmula en el NH Tango, lugar elegido para aquel primer búnker. Prudentemente, por cuestiones de espacios a llenar (sobre todo con funcionarios, electores, ministros, legisladores y potenciales acompañantes de un eventual gabinete de Filmus), para ayer se eligió cambiar el búnker. El primer lugar elegido había sido el NH Reconquista, sitio que finalmente también se rechazó. Apareció finalmente el «amigo» Santa María para ofrecer el muy bien dispuesto espacio de San Telmo de su sindicato, para la presentación final de Filmus candidato. A la puerta del edificio llegó a las 18.30 La Cámpora, para ponerle color al resultado.

El voto de Filmus fue mucho más tranquilo que el de primera vuelta, donde tuvo que esperar custodiado por Gendarmería unos 20 minutos para poder votar. Ese día, una multitud quiso saludarlo, lo que provocó que colapsara el escueto pasillo donde debía esperar para votar. Ayer, en cambio, había muy poca gente en el colegio Marco Sastre, lo que permitió que el candidato pudiera sonreír abiertamente ante las cámaras al ingresar su voto. Luego hizo declaraciones de rigor, algunas hasta anticipatorias de lo que vendría. Filmus consideró esta mañana que con el sufragio «se decide qué modelo quieren los porteños», evaluó como un «éxito» su postulación ya que el FpV creció «mucho» con respecto a los comicios anteriores. Habló de los dos modelos en juego y evitó referirse a la situación protagonizada por Juan Cabandié, que el viernes a la noche violó la veda electoral al encabezar un acto proselitista en una Unidad Básica.

«Lo importante es que los ciudadanos puedan expresarse con su voto. Somos muy optimistas y estamos muy contentos, porque hicimos un trabajo enorme», dijo el exministro de Educación.

Minutos más tarde, hacia las 11.30, Tomada dijo después de votar que «siempre es posible un cambio». Para el ministro de Trabajo, «estar en un balotaje es una gran responsabilidad. Yo lo que les pido a los porteños es que vengan todos a votar. Es muy importante que todos concurran y que voten en positivo, para tratar de que Buenos Aires sea una mejor ciudad para todos».

A esa hora, lo importante para el FpV era especular con que cuanto más gente vaya a votar, más alto sería el porcentaje de la fórmula.

Hacia las 13.30, Filmus y Tomada volvieron a cumplir con un rito. El exministro de Educación invitó a su compañero y a su esposa a comer en su casa. A diferencia de la primera vuelta, donde hubo un guisado de menú, esta vez se optó por parrillada. A las 17.50, cuando todo parecía definido, en el búnker sonaba una música paradigmática. La elección eran Los Auténticos Decadentes y su hit «Ay, ay ay ay, a esta altura todo me da igual». En la calle, La Cámpora amenizaba con un «el que no salta es de Clarín».

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