23 de enero 2013 - 10:46

La Argentina duda con Siria mientras negocia con Irán

El conflicto en Siria se adentra en su vigésimo tercer mes de sangre y horror y, mientras tanto, la Argentina todavía no sale de su tímida posición frente a esa masacre que ya se cobró 63.000 vidas, dejó 630.000 refugiados, 140.000 encarcelados, 115.000 heridos y 60.000 desaparecidos. Curioso: a pesar de que en nuestro suelo viven más de 3,5 millones de descendientes de sirio-libaneses, esa posición de «ni-ni» frente al desmadre del régimen de Assad se repitió la semana pasada, cuando a la Argentina le tocó actuar por primera vez como miembro no permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas (CSNU). Fue el viernes 18, cuando en el seno de ese organismo se propuso llevar el caso de Siria y la violación a los derechos humanos ante la Corte Penal Internacional.

La propuesta de denuncia ante el tribunal de La Haya había sido promovida por Suiza días antes de esa reunión del CSNU. La carta inicialada por el estado helvético pedía al Consejo de Seguridad que denunciase la situación reinante en Siria desde marzo de 2011 ante la Corte Internacional «sin excepciones e independientemente de quienes fueran los perpetradores» de los crímenes que en otra sección del documento fueron calificados como de lesa humanidad. La carta fue firmada por 58 países-miembro de Naciones Unidas, entre los que se incluyeron Libia y Túnez (protagonistas de la Primavera Arabe), Costa del Marfil (en donde la Corte Internacional está llevando a cabo un proceso por crímenes de lesa humanidad) y, entre los latinoamericanos, Chile, Costa Rica, Panamá, Paraguay, Uruguay y Colombia.

¿Y la Argentina? Bien, gracias. Nuestro país no firmó esa carta fechada el día 14 ni tampoco votó a favor cuando la propuesta llegó el viernes 18 al seno del CSNU. Guatemala, el otro latinoamericano que integra el Consejo de Seguridad, siguió los pasos de la legación argentina liderada por Marita Perceval (como nosotros, no suscribió la carta «suiza» ni votó a favor en el Consejo). En cuanto al resto de las firmas, entre los 15 miembros (entre permanentes y rotativos) que integran el Consejo, la propuesta impulsada por Suiza días antes consiguió el «sí» de Francia, el Reino Unido, Corea del Sur, Australia y Luxemburgo.

Desde Nueva York, fuentes de Naciones Unidas consultadas por este diario apuntaron que la propuesta helvética logró «masa crítica» en las 58 firmas de la carta, destacando el voto de Costa de Marfil y de los magrebinos Túnez y Libia. En cuanto a la Argentina, esas mismas fuentes se apresuraron a aclarar que, antes de que finalizase el viernes 18, la legación encabezada por Perceval, a pesar de no haber votado a favor en la reunión del CSNU «no quiso manifestarse en contra de la propuesta».

Por eso, en una suerte de voto «no positivo» al más puro estilo Julio Cobos, la representación argentina difundió un comunicado de prensa en el que subrayó que «es nuestra convicción y es facultad de este Consejo, de conformidad con el Estatuto de Roma, remitir una determinada situación a la Corte Penal Internacional para casos en que la Justicia interna no tenga la voluntad o la capacidad de juzgar crímenes atroces», añadiendo que «por convicción ética y política y, además, atendiendo la recomendación de la Alta Comisionada en Derechos Humanos, Navi Pillay, Argentina quiere expresar que apoya que la situación en Siria sea remitida por este Consejo a la Corte Penal Internacional».

Según apuntaron fuentes diplomáticas a este diario, la «corrección» en la posición argentina (léase el parte de prensa a favor, después de no haber votado a favor en el CSNU ni haber suscripto la carta) se debió a intensas gestiones de tanto el vicecanciller Eduardo Zuain, como de la Nº 3 en la Cancillería, María del Carmen Squeff, subsecretaria de Política Exterior.

Ambos funcionarios descienden de sirio-libaneses y sufren la masacre siria en carne propia a través de lazos familiares. Ellos habrían «convencido» al remiso canciller Héctor Timerman (esperanzado estos días con el éxito que dice tiene su diálogo por el caso de la voladura de la AMIA de 1994 con Irán- el aliado más firme del régimen de Bashar al Assad). Zuain y Squeff habrían señalado la necesidad de ser consecuentes con lo formulado por el Ministerio de Relaciones Exteriores respecto de nuestro desempeño en el Consejo de Seguridad («participar activamente como miembro del Consejo de Derechos Humanos durante el período 2013-2015 acorde con la posición argentina de plena defensa de los derechos humanos»).

En cuanto a la moción de que el Consejo de Seguridad lleve a Siria ante la Corte Internacional de Justicia, ésta tiene sus fundamentos en que ese país no suscribió el Tratado de Roma, por el que se instaló ese tribunal internacional. Así, la Corte internacional sólo puede obtener jurisdicción sobre los crímenes en Siria si es que el Consejo de Seguridad le remite el caso. Hasta hoy, el Consejo de Seguridad remitió apenas dos casos: el de Darfur (Sudán) en 2005 y el de Libia en 2011. Siria podría ser el tercero y la Argentina un ingrediente fundamental en su concreción. Siempre y cuando dejase el «ni-ni» o esas curiosidades de votos «no positivos».

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