La Argentina, entre el amor y el odio

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Era 1993; el periodista golpeó la puerta de una oficina en la esquina de Bolívar e Hipólito Yrigoyen; una secretaria le preguntó qué quería y él respondió: «Saber quiénes son los que compraron el edificio Chrysler». Horas antes se había subastado un bello predio sobre la avenida Figueroa Alcorta, que albergaba al RENAR (registro de armas) y que hoy se sigue conociendo como «Museo Renault», pese a que ese «restó» ya cerró.

La secretaria franqueó el paso; al rato llegaron dos jóvenes ejecutivos (uno rubio y delgado; el otro grueso y de barba incipiente). Se presentan; en medio de la charla, el periodista dice: «Discúlpenme, pero ustedes no tienen pinta de tener u$s 18 millones cash para pagar la operación. ¿De quién es la plata?» Se miraron, sonrieron y Marcelo Mindlin (el rubio) admitió: «George Soros...». El morocho de barba (Eduardo Elsztain) asintió.

Fue la primera noticia que hubo en la Argentina de que el magnate húngaro-estadounidense había comenzado a invertir en el país porque los activos financieros habían subido, pero no los inmobiliarios, y que entonces era una buena oportunidad para hacer diferencia en ese segmento del mercado. Lo habían convencido esos dos emprendedores, a quienes los unía el judaísmo y a quienes les contagiaría su amor por la filantropía.

La tarde que Soros los recibió en su oficina de Nueva York, y tras escuchar los argumentos, les hizo un cheque «por una suma simbólica, como para empezar». El monto les cortó la respiración a los argentinos: u$s 10 millones.

Donación

Este egresado de la London School of Echonomics, que estudió allí con el maestro Karl Popper tras sobrevivir al Holocausto y huir del comunismo que dominaba su Hungría natal, lleva donados -según estimaciones de la revista Forbes- cerca de u$s 8.000 millones a diversas obras filantrópicas.

Soros visitó la Argentina una sola vez, al menos públicamente. Fue en marzo de 1996, para conocer el país en el que ya era el mayor inversor en la mayor empresa agropecuaria (Cresud), en la dueña de los principales shopping centers (Alto Palermo SA), en el paquete de control del Banco Hipotecario y en la propietaria de varios edificios y hoteles (IRSA).

En esa oportunidad Soros se trasladó al barrio de Once y en compañía del entonces intendente Jorge Domínguez (el último designado por el Poder Ejecutivo Nacional) puso la piedra fundamental del que hoy es el Abasto ShopCenter, que abriría sus puertas dos años más tarde.

Después charló con unos pocos representantes de la prensa -entre los elegidos estuvo Ámbito Financiero- y a la noche ofreció una fiesta en el aristocrático hotel de Recoleta en el que se hospedó. Nunca más regresó, ni siquiera para la inauguración del mercado reciclado en shop

Sucedió que las relaciones con el grupo que lo había convencido de invertir en la Argentina se agriaron, sobre todo a partir de la administración del Hipotecario. El acto que selló el final y la salida de Soros de IRSA fue el «pase» de Gary Gladstein, su hombre de confianza en el banco, que siguió en la entidad financiera pero trabajando para IRSA.

Así fue que a mediados de mayo de 2000 -en lo que fue una primicia de este diario-, Soros vendió todas sus participaciones en empresas argentinas. Algunos afirman que se fue porque vio venir la crisis de 2001; ya antes había afirmado -cuando pocos se animaban a hacerlo en voz alta- que la convertibilidad no tenía demasiado futuro. La relación personal con sus exsocios locales nunca se recompuso.

Movida

Curiosamente, años después -hace poco menos de un lustro- el magnate volvió a invertir en la Argentina, convencido de que el «boom» de la soja había llegado para quedarse, y otra vez compró campos. Esta vez el vehículo para su inversión local fue -y sigue siendo- Adecoagro, que formó con un grupo de expertos locales.

Su movida más audaz de esta etapa se produjo hace dos años, cuando intentó comprar la cooperativa SanCor, que atravesaba durísimas dificultades financieras. La operación estaba casi cerrada, pero el Gobierno nacional se interpuso y consiguió que el régimen de Hugo Chávez cerrara un convenio de asistencia financiera a la láctea a cambio de garantizarse la provisión de leche en polvo. Así terminó la última incursión de George Soros en las «ligas mayores» de la Argentina.

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