La autora del libro, Eliana Bórmida, pone el acento en la identidad regional y los aportes al patrimonio de nuestro tiempo. De hecho, para incrementarlo, hay bodegas como Salentein con su museo propio colmado de obras de arte. Atamisque, por su parte, encuentra su estilo en la austeridad de la piedra que se confunde con el paisaje. La bodega Fournier en el Valle de Uco reúne atractivos visuales que alcanzaron su mejor momento con una muestra del pintor mendocino Eduardo Hoffmann. La imponente arquitectura de cuño mendocino invita a recordar el estilo brutalista que le dio fama a Clorindo Testa, autor del Banco de Londres y la Biblioteca Nacional. Sobre el hormigón al descubierto de la oscura y silenciosa cava de más de 3.000 metros cuadrados, donde duermen cientos de barriles de vino, irradiaban su esplendor las inmensas pinturas de Hoffmann. Cada vez más el arte tiende a convertirse en espectáculo para las masas y estas exhibiciones casi secretas y a contracorriente de la moda, regalan a los espectadores emociones estéticas particulares. Lejos del bullicio y de las multitudes, en medio de una naturaleza pródiga, las penumbras de los claustros de las distintas bodegas, más allá de la función que cumplen, deparan visiones que ofician de excitantes despertadores para los sentidos.
| A. M. Q. |


