23 de mayo 2013 - 00:00

La brecha de la que no hablan: salarios

La brecha de la que no hablan: salarios
La competitividad de un país depende de diversos factores, como la calidad de sus instituciones, la seguridad jurídica, la innovación en productos y procesos, la presión impositiva, el peso de otros costos de producción, entre otros. Uno de los factores a considerar es la relación existente entre los costos para producir en Argentina versus otros países competidores, lo cual depende tanto de la propia evolución nominal de dichos costos como de las tasas de cambio externo de cada país, y sus niveles de productividad. En particular, es importante seguir la evolución de la brecha entre los salarios industriales abonados a trabajadores del sector formal, medidos en dólares corrientes. Especialmente interesante resulta realizar tal comparación entre Argentina y Brasil.

A partir de 2002, y por varios años, los salarios en dólares en ambos países se movieron parejos hacia arriba, aunque por motivos diferentes: apreciación cambiaria en Brasil e inflación con tipo de cambio nominal cuasi fijo en Argentina. Con la crisis financiera internacional, en el tercer trimestre de 2008 se produjo una suba en el tipo de cambio brasileño que luego se revirtió paulatinamente (pasó de 1,58 reales por dólar en julio de 2008 a 2,3 reales por dólar en marzo de 2009), a la vez que la tasa de cambio local subió a un ritmo menor pero persistente en el tiempo (pasó de 3,0 pesos por dólar en julio de 2008 a 3,8 pesos por dólar en noviembre de 2009).

Desde mediados de 2011 Brasil incentivó una depreciación cambiaria, a la vez que en Argentina se usó el tipo de cambio como ancla para la inflación, lo que repercutió en una brecha salarial con tendencia nuevamente creciente, que alcanzó al 72% a diciembre de 2012. Esta diferencia resulta superior a la brecha salarial existente en los años 1997 y 1998, aunque todavía inferior a la observada en los trimestres previos a la crisis local de 2001. De todos modos, se trata de una brecha que difícilmente pueda ser compensada por diferenciales de productividad en los dos países, y que resulta un lastre de peso para la competitividad local. Suponiendo que no se produzcan mejoras significativas en el volumen físico de producción y se sostiene el actual nivel de empleo (que ha dejado de crecer en los últimos trimestres), el desafío de contener los costos laborales a futuro depende de las negociaciones salariales y la estrategia cambiaria que se adopte.

Habiéndose logrado una pauta promedio del 24% de incremento salarial en paritarias, si se quisiera contraer la brecha salarial entre ambos países al 20% (no se están considerando diferencias en la productividad), la economía local debería incurrir en una depreciación del peso del orden del 54%, lo cual llevaría el tipo de cambio actual a un valor de 8,02 pesos por dólar. Así las cosas, los problemas de competitividad se hacen sentir, y afectan especialmente a las empresas de menor tamaño. Desde 2010 se tiene un proceso de destrucción neta de micro, pequeñas y medianas empresas industriales, que en el primer semestre de 2012 (último dato disponible) dejó de lado a 2 mipymes industriales por semana.

Tales inconvenientes derivaron en que durante los últimos cinco años la economía muestre estancamiento en la inversión privada y en la generación de empleo no gubernamental. Sobre el primer aspecto, se destaca que desde 2003 la suba de la inversión pública (en términos del PBI) casi siempre resultó mayor al movimiento de la inversión privada, y que desde 2008 sólo en 2010 la inversión privada se incrementó por encima del PBI.

Igualmente el empleo privado se encuentra claramente estancado desde 2008, habiendo sido compensada esta menor capacidad de generación de puestos de trabajo privados por nuevos empleos en el ámbito público. Para el cuarto trimestre de 2012, el empleo privado prácticamente se encontraba al mismo nivel del cuarto trimestre de 2011, mientras que el empleo público subió a razón del 5,3% interanual.

Resumiendo, en los últimos cinco años la economía argentina ha estado perdiendo capacidad de generar inversiones masivas en el sector privado, y con ello proveer más ocupación en dichas actividades. Así, la vitalidad de la economía en el corto plazo ha pasado a depender en mayor medida de la política fiscal y monetaria, al costo de una presión tributaria récord y la generación de presiones inflacionarias, al monetizarse desde el BCRA el creciente déficit fiscal.

(*) IERAL de Fundación Mediterránea

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