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La caída del dólar es lo que marca el ritmo

Este proceso habría arrancado en junio de la mano de la liquidación de inventarios (lo vimos en los últimos balances) y se evidencia hoy especialmente en el sector de las manufacturas y la parte residencial del mercado inmobiliario. Días más, días menos, no hay dudas de que la economía está comenzando a crecer, pero lo que no está muy claro es a qué ritmo o qué grado de sustentabilidad tiene este crecimiento.
Con el sector del consumo personal y la parte comercial del inmobiliario sin evidenciar señales de recuperación (a pesar de los planes de recambio de catraminas heladeras, etc.), el temor a perder el trabajo (y la consiguiente propensión a ahorrar y no gastar) es más que lógico. Si hay algo que nadie discute es que pasaran años antes de que volvamos a ver una tasa de desempleo en torno al 5% (la mayor parte de los últimos despidos viene afectando más a los trabajadores permanentes que a los temporarios) o que las empresas seguirán priorizando el incremento de la productividad sobre la producción. Con este escenario, el 0,53% que ganó ayer el Dow al cerrar en 9.547,22 puntos, podría sorprender, sobre todo porque los papeles financieros fueron la estrella de la jornada (en algún momento, lo mejor pasaba por energía y materiales, pero éstos siguieron los vaivenes de los commodities), pero no si pensamos que nuevamente la devaluación del dólar fue lo que marcó el ritmo real de los mercados.


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